A través del transcurrir del tiempo, a
medida que pasamos de una época a otra en nombre de la modernidad, la señora
llamada ancestralmente como Culpa, ha empezado a desaparecer. Es toda una
especie en extinción.
Como los polos van fundiéndose, los osos polares han comenzado
a desplazarse o a desaparecer. Cada vez tienen menos territorios helados donde
sobrevivir. Algo similar ha empezado a ocurrir con la Culpa, ahora busca otras tierras donde anidar.
Siempre definida como un sentimiento, ella es mal vista, se
le ha responsabilizado de las peores consecuencias en el alma y de las inestabilidades
psicológicas de todos nosotros, los seres humanos. Es conocida como un sentimiento
destructivo que perturba y amedrenta, que esclaviza y trae sufrimiento.
Yo mismo he sido, soy y seguiré siendo su detractor. Soy un subversivo
en contra de los males que me propinó y suele asestar. Dos décadas viví sintiéndome
culpable de mi homosexualidad, casi un convicto de mis propios razonamientos. Hasta
que una brisa de bendición me hizo reaccionar y concluir que no tenía por qué
sentirme una criatura maligna por algo que yo no decidí ser o hacer.
Pero no todo es tan blanco y tan negro. También he
revalorizado los grises. La Culpa bien colocada, bien orientada puede ser un utensilio
a nuestro favor. No me imagino viviendo sin ese hondo sentimiento que muerde y seguidamente
promueve la reflexión.
Ella trabaja en el terreno de nuestras emociones para
alertarnos de cuál es la manera correcta de hacer las cosas. Es la astilla incrustada
que advierte con su dolorcillo ligero o recóndito que una apabullante propagación infecciosa puede extenderse por todo el cuerpo. Es la señal aguda de que una tarea inaplazable
está pendiente, la de evitar una gravísima contaminación de la razón.
Sin ella perdería el conocimiento de lo real. Se relativizaría
mi conciencia convirtiéndose todo proceder en dable, bueno o hasta valioso.
La Culpa brinca del recinto emocional al plano racional. Y
ahí puedo emitir juicios brillantes y liberadores. Si mi razón me termina
diciendo que yo no he querido, que una fuerza indefinida o una imperiosa
necesidad me dominó al actuar, entonces, no hay por qué vivir con un sentimiento
corrosivo. Abrazaré la amigable Responsabilidad y soltaré la Culpa.
De pronto, los caminos se abren ante mí. Pierdo miedo a mis
propias decisiones e impulsos. Ando ligero. Gozo con cada cosa que haga. Viene
la liberación, el crecimiento y la vida plena.
la Culpa es ave de paso,
paloma portadora
de una rama seca de olivo,
mensajera de que el diluvio puede terminar.
y una nueva alianza está por comenzar
























