jueves 26 de enero de 2012

La Culpa es mía


A través del transcurrir del tiempo, a medida que pasamos de una época a otra en nombre de la modernidad, la señora llamada ancestralmente como Culpa, ha empezado a desaparecer. Es toda una especie en extinción.

Como los polos van fundiéndose, los osos polares han comenzado a desplazarse o a desaparecer. Cada vez tienen menos territorios helados donde sobrevivir. Algo similar ha empezado a ocurrir con la Culpa, ahora busca otras tierras donde anidar.

Siempre definida como un sentimiento, ella es mal vista, se le ha responsabilizado de las peores consecuencias en el alma y de las inestabilidades psicológicas de todos nosotros, los seres humanos. Es conocida como un sentimiento destructivo que perturba y amedrenta, que esclaviza y trae sufrimiento.


Yo mismo he sido, soy y seguiré siendo su detractor. Soy un subversivo en contra de los males que me propinó y suele asestar. Dos décadas viví sintiéndome culpable de mi homosexualidad, casi un convicto de mis propios razonamientos. Hasta que una brisa de bendición me hizo reaccionar y concluir que no tenía por qué sentirme una criatura maligna por algo que yo no decidí ser o hacer.

Pero no todo es tan blanco y tan negro. También he revalorizado los grises. La Culpa bien colocada, bien orientada puede ser un utensilio a nuestro favor. No me imagino viviendo sin ese hondo sentimiento que muerde y seguidamente promueve la reflexión.

Ella trabaja en el terreno de nuestras emociones para alertarnos de cuál es la manera correcta de hacer las cosas. Es la astilla incrustada que advierte con su dolorcillo ligero o recóndito que una apabullante propagación infecciosa puede extenderse por todo el cuerpo. Es la señal aguda de que una tarea inaplazable está pendiente, la de evitar una gravísima contaminación de la razón.

Sin ella perdería el conocimiento de lo real. Se relativizaría mi conciencia convirtiéndose todo proceder en dable, bueno o hasta valioso.
                                                                                     
La Culpa brinca del recinto emocional al plano racional. Y ahí puedo emitir juicios brillantes y liberadores. Si mi razón me termina diciendo que yo no he querido, que una fuerza indefinida o una imperiosa necesidad me dominó al actuar, entonces, no hay por qué vivir con un sentimiento corrosivo. Abrazaré la amigable Responsabilidad y soltaré la Culpa.

De pronto, los caminos se abren ante mí. Pierdo miedo a mis propias decisiones e impulsos. Ando ligero. Gozo con cada cosa que haga. Viene la liberación, el crecimiento y la vida plena.

la Culpa es ave de paso,
paloma portadora 
de una rama seca de olivo,
mensajera de que el diluvio puede terminar.
y una nueva alianza está por comenzar
                                   

miércoles 25 de enero de 2012

Este Jean me hace bien



Lo bueno de tener un Jean a mi lado es que así yo gozo con un hombre que no desea complicarme la vida, por la sencillísima razón que él no tiene complicada la suya. No es como yo, que ando bautizando con nombres y denominaciones ancestrales todas las emociones que siento por las personas.

Él es simple. Se alegra de que lo llame por las noches y lo dice y lo profesa y le creo sin más ni más. Por las mañanitas, a pesar de que yo pueda estar durmiendo, me llama y no le afecta que me sienta asediado tan temprano, él simplemente sabe que el hecho de hablarnos es toda una felicidad certera y que ambos nos merecemos a cualquier hora del día.



Es un hombre seguro. O por lo menos considerablemente más seguro que yo. Su cerebro no tiene esas sinuosidades que tiene el mío. No busca razones, sólo las va encontrando mientras camina. Ayer por ejemplo, ante mi sorpresa y pudor, delante de señores huraños y masculinísimos, no dudó en pedir  una copa de helados con cereza incluida para compartir los dos como si estuviéramos a solas. A pesar de tener una formación profesional matemática y a pesar de tener un vocabulario digámoslo así, más localizado, no teme en descubrir sus emociones repentinas. Si está alegre, no va explicando por qué. Sus estados emocionales no dependen del clima, del tráfico, de las responsabilidades pendientes, de sus necesidades urgentes. Muestra una sonrisa hasta a los camareros y sus movimientos son todos un alborozo delicioso.  



Durante nuestras sesiones de sexo, en mi cabeza no deja de rondarme el recuerdo de su bisexualidad consabida. A veces pienso, mientras me toma en sus brazos y nos revolcamos frenéticamente en la cama, que hasta está imaginándose al lado de su antigua novia. Pero he aprendido a callarme. Eso no importa. Estamos juntos y nada más.



¿Será Jean la clave que yo necesitaba para simplificar mi vida? ¿Será un prototipo de felicidad condensada que la Vida me ha presentado para que la viva mejor?

¿Debería alegrarme por este hallazgo?

¿Ven? Sigo con lo de siempre, preguntas y más preguntas. Persisto con mi filosofía cambalachera e inútil, esa que es enmarañada, generadora de inseguridad e inservible. Mejor lo llamo y fijo una salida con mi brandy pants para esta tarde. 

lunes 23 de enero de 2012

Te aconsejo que mires


No sé qué pasa. Por donde miro hay gente que amo con heridas abiertas. Y los que la están "pasando" bien, esos que en sus muros de facebook publican mensajes motivadores, que se exponen en fotos sonrientes y con copas en la mano, difícilmente me engañan, tienen bien tapadas sus lesiones, debajo de muchas vendas, como para que nadie se dé cuenta.  
                                                                       
Mi amiga “Peahm” me cuenta que ha sido calificada como una chica hipersensible. No llego a tanto como ella. Yo más bien creo que tengo los ojos más abiertos de lo normal, a pesar de mis ojos chinitos, percibo detalles pequeñísimos de todo el paisaje y capturo todos los rebordes camuflados del bosque que hacen trabajoso a las personas seguir caminando y viviendo bien.


Escaneo involuntariamente sus emociones. Advierto sus movimientos aún los invisibles. Escucho más allá de sus palabras. Me sacuden sus ritmos.

¿Qué debo hacer ante esta vorágine de rayos tornasolados y pesadumbres de todo calibre? ¿Cómo ayudarles a cargar sus cruces? ¿Qué acción tomar?

No sé bien. Lo único que he resuelto hacer es ejercitarlos a mirar. Algo de eso intento con mis escritos, con mis posts, con mis monólogos. Quiero que cuando no se vea nada más que oscuridad se espere pacientemente. No queda otra alternativa que detenerse con la certeza que pronto se hará la luz, voltear la mirada a aquellas franjas de la vida que han estado disfrazadas o desfiguradas. Tomar consciencia que hay espejismos y que lo que el cerebro registra como cierto, no lo es o no lo es tanto.

Y con una nueva perspectiva, con una distinta visión, vienen también nuevas emociones. Nuestra mirada es el obturador incorporado que llevamos. Como lo habrán aprendido los fotógrafos profesionales: habrá que afinar el lente, encuadrar la vivencia que está delante, llegar al enfoque deseado y obtener el resultado más óptimo.


Quizás sea por eso que prefiero la fotografía a las tomas en movimiento. Simplemente porque admiten la mirada penetrante, obsequian detenidamente la agudeza y nitidez de la realidad.



Mientras se pueda mirar, siempre habrá algo nuevo qué mirar.     


                                            

sábado 21 de enero de 2012

¿Esperar o no esperar de los demás?


Es una pregunta que me gustaría poder contestar esta mañana. He escuchado a muchos, contestarla con un “no” rotundo. A otros, decir que a pesar de las decepciones que han sufrido en el pasado, a pesar de las ilusiones que se les derritieron en sus manos, quieren seguir esperando y confiando en los demás. Y yo, ¿qué decir?

Pues, sucede que es inevitable esperar algo de los demás. No soy un islote en medio del vasto océano. Soy más bien arena menuda y delicada que quiere ser parte de playas blancas. Necesito a los demás, sus manos y sus corazones, para construir parajes de vida y abundancia. Soy ave que siempre buscará regresar al nido desde el que un día aprendí valientemente a volar y me lancé al cielo abierto.  

Al morir mi mamá he buscado a tientas -y muy asolapadamente- brazos que me cobijen. Como con una varita mágica he querido convertir afectos simples en amores intensos y protectores.

A algunas de las mamás de mis amigos les dije en son de broma, con risita incluida, que ahora ando entrevistando madres para ocupar el lugar de una madre postiza. He rosado las manos suaves de señoras ancianas que viven en mi edificio al saludarlas en la recepción. Me he detenido por las calles con ganas de ser consolado por peatones de mirada tierna. Esperaba en todos ellos, un afecto material, una necesidad urgente, cubrir un espacio con la nada.

Y lo más duro y decepcionante, he aguardado y aguardado, si no es la visita inesperada y benévola, al menos, la llamada telefónica de una tía que nunca llegó. La he necesitado desgarradoramente y me queda la duda si es indiferente, insensible, si no me quiere como yo pensé o si ella pasa por peores momentos que los míos.

Esperé y creo que sigo esperando. A pesar de tener muchos amores concretos que sí están donde espero que estén, a pesar de conservar el corazón y las manos siempre dispuestas a seguir amando sencilla y gozosamente a quienes me rodean, reconozco que sigo esperando más y más.



Hay aberturas y grietas que sólo algunos pueden llenar. Pero no podemos hacer nada más que aceptarnos así, limitados, desprovistos, pobres, pertinaces buscones de cariño. Así nos hicieron. Tenemos el sello de Dios infinito y eterno. Así fuimos creados, incansables y hambrientos de amor.


«Id, pues, bienes del mundo;
id dichas vanas;
aunque todo lo pierda,
sólo Dios basta»
Santa Teresa de Ávila


«Bienaventurados los que tenéis hambre ahora,
porque seréis saciados»
Lucas 6 
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