domingo, 16 de junio de 2013

No te quiero perfecto, Enriqueto

Mientras escribo, tú ya estás durmiendo como un bebé. Esta noche no ha sido como todas las noches de la semana, en que te quedas dormido mientras yo recostado a tu lado veo algún programa de medianoche por la televisión. He llegado y ya estabas completamente dormido. Será oportunidad precisa para decírtelo al oído...

Sí pues, te has convertido en mi hijo. ¿Quién lo iba a decir? Tú que nunca renegaste conmigo, hoy me haces renegar. Aquellas que siempre han sido tus virtudes, me revelan cuánto me falta para asemejarme un poquito a ti. Hoy me pides permiso para salir, me preguntas qué debes y no debes comer, cómo vestirte, qué decir, cuándo callar, cómo gastar…  

Mientras muchos se jactan de tener padres perfectos, yo, con naturalidad y orgullo, me basta confirmar que tengo un papá de quien iré aprendiendo con su rastro, a ser modestamente humano. Nada más importa y ha de importar. Y ahí reside la fuente de mi amor hacia ti, en eso: en lo inconmensurable y concreto, en el sólido y vulnerable estilo con que amas todo y  a  todos, en tu concisa y bondadosa contraseña para amar y vivir.



Por eso, te besaré por la mañana. Porque lo mejor que he aprendido de ti es a ser hombre y nada más que hombre, cada noche al irnos a dormir y cada mañana al despertar.  


Yentl by Klezmer on Grooveshark

viernes, 14 de junio de 2013

Julián ama


Todos estos candados son dejados por parejas con sus nombres grabados y luego, ellas avientan la llave al Río Sena como símbolo de su amor eterno. Desafortunadamente para ellos, cada tres meses viene alguien con grandes tijeras cortametales...


Julián ama. Eso es, al menos lo que repite por todo lado. Se pasa la tarde suspirando apenas el cielo empieza con su festival de colores. Un nuevo sabor le recorre el paladar cada día, se disuelve al tragar con esfuerzo un sorbo de su propia saliva, hasta que vuelve a pensar en Joseph y la boca se le vuelve a poner dulce y ácida y amarga. Por las noches llora con pequeñas gotas de rocío de sólo recordarlo, como cuando roncaba a su lado y él, fastidiado y soñoliento, se tenía que ir a la otra habitación a seguir durmiendo. Transpira y empapa su almohada. En plena oscuridad de su habitación, ahora se siente como transitando el planeta a solas. La vida ya no es la misma, ahora todo el presente se ha convertido en pasado.
                                  
A pesar de que no sabe ni el día en que vive, Julián no duda que ama. Tiene la angustia y premura de demostrar minuto a minuto que su amor es imbatible, inmarcesible, infinito y fértil como aquel día en que lo reconoció una mañana en que Joseph ya se había marchado para siempre, después de una larguísima noche ciega de sexo y pasión.

Y seguirá amando sin siquiera saber ni importarle que Joseph haya cruzado el océano y el firmamento entero buscando algo más que amor. No le afecta los rumbos tan opuestos ni las condiciones.

Julián ama. Y no imagina otra cosa que seguirlo amando.



martes, 11 de junio de 2013

¿Cómo vivir sin el tiempo a cuestas ?

¿Cómo es mi vida hoy por hoy? ¿Estoy contento con mis circunstancias? ¿Me quejo más de lo que agradezco? ¿Habrá algo que estoy dejando de hacer? ¿Habrá algo que tengo frente a mis narices y no veo?

Vaya con las preguntitas. Yo mismo, al tipearlas me sorprendía del gran efecto que iban teniendo en mí al formulármelas en silencio.

Contesto algo de ellas: Las personas más cercanas, mis confidentes amigos o amigos confidentes, los vigilantes de mi alma, saben bien que no estoy precisamente pasando buenos momentos. Dicen algunos que se me nota de sólo hacerme un seguimiento a los temas que escribo. Soy, dicen, bastante transparente para decir mucho sin decir mucho.

Ya sé. La Felicidad no es ni puede ser completa. Varias cosas me preocupan de mi futuro próximo. Tengo nostalgias que no me sueltan. Me siento inseguro hasta para cruzar las pistas. Me baño a diario y a pesar de ello, ciertas mugres no dejan mi piel. A mediodía ya quiero que llegue la noche que trae silencio y aislamiento. El invierno me hace más vulnerable como las crisálidas. Me temo a mí mismo. Transpiro sin haberme movido ni un milímetro...

Pero de pronto, como si encendiera la vela blanca que está al lado de mi monitor, una idea me alcanza, me cambia el gesto y me hace sentir parte del universo que momentos antes no existía.

Viene a mi auxilio el significado de una palabra griega que me gusta tanto: Kairós. Una parte inentendible de mí me hace sospechar que el tiempo que vivo es un lapso que no tiene dimensión y que sólo debo reconocerlo como un momento adecuado que precede a algo bueno. Aquello que he descrito más arriba no es sino un enigma insondable de que algo importante va a suceder.

Kairós no es otra cosa que el tiempo de Dios, a diferencia del Cronos, que es el tiempo del hombre. Abrazar el Kairós es como atravesar una puerta invisible que me hace ser parte de una dimensión que mi mente estrecha, mi lógica impaciente y mi miopía espiritual no se atreven a traspasar.


Todo esto que vivo es por algo. Tengo que pisar fuerte mi camino personal.  No puedo estropear lo que Dios quiere para mí, lo que me tiene reservado, lo que desde la eternidad ha diseñado para mí. Todo lo que hoy llamo sucesos temporales o circunstancias, terminarán tomando su forma más perfecta.

Y encontraré lo nunca hallado. Y descubriré lo que en un momento fue incierto. La Revelación será sólo para mí. La obra se completará sin que yo haya puesto ni un miserable ladrillo. Y será el momento en que el propósito será sólo de Dios. El día en que Él habrá obrado. Bendito sea su tiempo que no es mi tiempo.

En sus manos están mis tiempos
Salmo 31, 15


lunes, 10 de junio de 2013

Un hombre bello

Estuve conversando con mi Musito sobre la belleza masculina. A pesar de ser un exacerbado adicto, consumidor, hincha y comentarista de todo ejemplar que ven mis ojos en la vida real y por las redes, tengo alguna reflexión más por hacer:

En varias oportunidades, después de contemplar a alguien que considero bello, he tenido que terminar con la frase concluyente “tiene un no sé qué”.  

En verdad, creo estar ahora en condiciones de decir qué es ese “no sé qué”. Ibsen decía que la Belleza es el acuerdo entre el contenido y la forma. A ver, me explicaré:

Desde mi experiencia, los mejores perfumes que he tenido y que han marcado mi gusto personal en ellos, curiosamente han venido en una presentación muy básica. Sus frascos han sido llanos y sin tanta aspiración a parecerse en una obra de arte y diseño. Algo similar me ha sucedido con los hombres.

Todo comenzó por verlos en algún escaparate. Llamaron mi atención. Me fijé en algún detalle externo que los hacía sugerentes. Mis sentidos se ponían alertas.

Unos ojos almendrados que iluminaban mis noches apagadas. Unas pestañas rizadas o tupidas que hacían sombra en el desierto personal. Una nariz recta como centro de atención. Unos labios mordibles. Un cabello que fuera distinto al mío. Una barba acariciable. Unos hombros de los cuales colgarme cuando me faltara el equilibrio. Una estatura que me hiciera voltear la mirada hacia arriba, siempre arriba. Unas carnes bien repartidas pero nunca almacenadas en el vientre.
                                                                           
Mis sensaciones primarias y mi sentido de proporción se aliaban para dar un expeditivo veredicto sobre el hombre que se me ponía al frente. Instantáneamente capturaba su aspecto material. Se trataba de un escaneo natural sobre su fachada. Intervenían mis cánones, mis propias mediciones. En mi cerebro evaluador se producía un proceso apremiante que detectaba y convertía todas las energías que ingresaban por mis ojos, oídos, tacto, olfato y gusto.

Pero hasta ese punto no podía llegar a la conclusión de que se trataba de un hombre bello. Tenía que pasar otras tasaciones más...

Lentamente, con otros caracteres que iban emergiendo, menos tangibles, pertenecientes a espacios más escondidos; con fragmentos impalpables, con mensajes interiores, con rayos invisibles, con exhalaciones y armonías sutiles que pacificaban mi cosmos siempre en guerra, llegaba pues a la conclusión de que sí se trataba de un hombre bello.    


Al destapar el frasco, al girar un par de veces la válvula, dejaba escapar su mejor esencia natural. Si eso que quedaba al descubierto, era congruente con todo lo que mis cinco sentidos ya habían inspeccionado previamente, entonces se originaba el espectacular big bang que daba vida a mi vida. Era entonces que le imponía el título, el cetro y su ubicación preferencia en mi podium personal correspondiente.

La Belleza de un hombre -y claro, también de una mujer- es así pues, un toque divino donde se ensambla lo que vemos y no vemos. Lo que no existe y termina existiendo para uno. Es la unión perfecta entre lo que la Vida nos regala y lo que en la vida pedimos. Es la alianza de la Creación con nosotros, sus criaturas.

Sí, eres bello.



viernes, 7 de junio de 2013

Carlos Zambrano.

Carlos Augusto Zambrano (Callao, 10 de julio de 1989) es un futbolista peruano. Juega de defensa y su actual equipo es el Eintracht Frankfurt de la Bundesliga de Alemania. También forma parte de la selección de fútbol del Perú.

No será un churro ni un arquetipo de belleza, pero tiene ese sello de hombre peruano. Me gusta. Su porte muy latino y gesto serio, fuerte, firme. Como siempre digo yo, cuando un espécimen tiene algo, pues, lo tiene. 

Yum...
















jueves, 6 de junio de 2013

Hay golpes en la vida que yo no sé

Pocas veces me han pegado. Ahora que hago memoria, el puñetazo que más me dolió fue el de un tal Hernando, al terminar un partido de basquet. Fue directamente al estómago y a mi inexperiencia de adolescente. Su puño cerrado se estrelló con furia, y por breves segundos, me quitó la respiración. La vista se me nubló. Un par de compañeros fueron testigos de aquel suceso y reaccionaron inmediatamente separando al agresor. Un profesor que vigilaba la hora del recreo se acercó y tajantemente le dijo: -sígueme, a la Dirección-

Un guantazo como ése se queda reverberando para toda la vida. Los músculos, en mi caso, los del abdomen, se recompusieron a los minutos, pero una especie de magulladura se quedó cristalizada en la mente y en mi visión del mundo.


Había que aprender a defenderse. Había que saber que yo,  sería para siempre, el blanco de mil y un violencias de todo tipo. Había que conocer la crueldad. Y lo que es peor, había que ser, entre los demás, algo que yo no era: un peleador.

Tengo que confesarlo, me aterra cualquier clase de violencia física. Desde aquella vez en mi colegio del apacible distrito de San Isidro, con mil recursos, he tratado de no usar la fuerza. Sin embargo, hay veces que una corriente inflamada me visita el cuerpo debilucho que tengo, la mente aguda y el corazón blando cuando temo que alguien quiere convertirme en el destinatario de su violencia o de su perversidad contenida. Seguidamente, la mano me punza, se forma un nudo con mis dedos, prenso sus huesos y me provoca sin pensar, asestar un golpe mortal y desahogarme.  

Respiro hondo. Aquella corriente se convierte en un frío interno, en un temblor imperceptible y en un llanto silencioso. Así, pasan los minutos, las horas, los días y la vida entera. Todas esas díscolas emociones se almacenan como el polvo entre los libros, como la grasa animal en las arterias, como el oscuro sedimento de los ríos más pobres.  Los recuerdos de vivencias injustas, irascibles y desalmadas no son sólo recuerdos, son cicatrices que gotean un extraño veneno en el alma. Un golpe recibido o contenido queda doliendo para siempre.  

No guardo rencores felizmente, no conozco lo que es el odio; pero sí me doy cuenta, que enfundo agujetas y desconfianzas de tiempos lejanos. Hernando debe vivir por ahí, qué sé yo. No sólo habrá envejecido y no tendrá más la agilidad en el basquet, habrá aprendido a perder; también habrá agravado sus tendencias agresivas. Me pregunto cómo ha de tener las manos y lo que es peor, cómo el corazón. 
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