Una cosa es la Duda, otra la Opinión y otra la Certeza. Y tenemos que saber convivir y aprovechar las tres.
1. Por ratos en mi vida me embarga la duda pues no siempre camino por días soleados donde todo el camino por recorrer se distingue con nitidez. A cada rato tengo alternativas, propuestas e invitaciones en los que no sé qué hacer. Me mezo en una sensación de fluctuación. En estos casos no sé a qué recurrir: si a mi estricta razón, a mis sentimientos inmediatos, a mi instinto, a mis percepciones, a mis deberes, al simple transcurrir del tiempo, al consejo de otro o al tin marín de don pingüe. Ahora mismo, a puertas de un viaje de vacaciones, se me abrieron un abanico de disyuntivas y me comenzó el dolor de cabeza. Sabía qué quería conseguir en estos días ¿pero dónde? Y tuve que recurrir a casi todos los anteriores recursos y llegar a la decisión final.
1. Por ratos en mi vida me embarga la duda pues no siempre camino por días soleados donde todo el camino por recorrer se distingue con nitidez. A cada rato tengo alternativas, propuestas e invitaciones en los que no sé qué hacer. Me mezo en una sensación de fluctuación. En estos casos no sé a qué recurrir: si a mi estricta razón, a mis sentimientos inmediatos, a mi instinto, a mis percepciones, a mis deberes, al simple transcurrir del tiempo, al consejo de otro o al tin marín de don pingüe. Ahora mismo, a puertas de un viaje de vacaciones, se me abrieron un abanico de disyuntivas y me comenzó el dolor de cabeza. Sabía qué quería conseguir en estos días ¿pero dónde? Y tuve que recurrir a casi todos los anteriores recursos y llegar a la decisión final.
Además, la duda interviene cuando no creo todo lo que me anuncian, todo lo que me dicen, todo lo que me ofrecen. No sé si afirmar o negar.
2. ¿Qué haría en mi vida sin una opinión? Pues en primer lugar no podría estar escribiendo en este blog. En algún momento de mi vida, -lo digo humildemente- pude notar que tenía muchas opiniones que no exteriorizaba sobre materias que me atañían directamente a mí. Y la necesidad crecía a diario. Respiré hondo y me atreví a decir todo lo que por dentro había procesado. Afirmo, opino, asevero, lanzo enunciados pero sin excluir que puedo estar equivocado. No es la Verdad. Es lo que es en mí, una proposición originada desde dentro. Ahora opino sin miedo, sin vergüenza, sin inhibición.
3. Pero ¿Cómo con la Verdad? ¿Cuáles son mis certezas? Aquí hay que manejarse con cuidado. Sólo pisamos este terreno cuando nos fundamentamos en evidencias. De ahí que mis relatos y afirmaciones son verdaderos porque se basan en experiencias inmediatas, mías. Para mí, no hay duda.
Pero cuando somos lectores, sólo nos queda confiar. Ya que cuando no podemos estar frente a una experiencia contigua por no haberla vivido o sentido, tenemos que recurrir a los testigos. Yo. a ellos les doy credibilidad. Creo en lo que me dicen. Y me siento feliz de creer. En otro momento me dedicaré a escribir sobre ellos: sobre las personas que gracias a su testificación, puedo ahora tener más certezas que sólo las mías. No sólo lo que yo he visto y vivido, sino lo que ellos también.
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1 comentarios.:
bienvenido, se te echaba de menos
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