Estando soltero mi papá, asistió a un matrimonio, como a muchos de los eventos a los que seguramente asistía como buen soltero en edad casadera. En plena recepción, sus ojos chinitos se agrandaron cuando vio una espigada mujer de cabellos oscurísimos y de piel canela. Se aseguró que no era casada y que no tenía ningún pretendiente a la vista. La sacó a bailar. Se sonrieron muy cortésmente. Intercambiaron sus nombres.
- ¿Ha venido sola? - mi papá comenzó con su estratégico interrogatorio
- No, he venido acompañada con mi hermana
- ¿ Es usted familia de la novia o del novio?
- No, yo no. Roberto, el novio es primo hermano de mi novio, Renán, quien no ha podido venir...
Plancha quemada. Esta chuleta ya está separada, ya tiene su comenzal. Media vuelta. Qué piña. Con lo buena que estaba la señorita. Cuántas cosas habría pensado mi papá al escuchar tan mala noticia.
Pero como la historia no queda ahí, en ese preciso instante se acercó la mencionada hermana de la descartada señorita: una dama aún más alta y esbelta, de un cuello larguísimo como un cisne en medio del salón de baile, grácil y sonriente como una marioneta. Uy la hermana está mejor, está buenota, una mamacita, habría pensado en recompensa mi papá.
Le solicitó la siguiente pieza, que sería, seguramente algo de la Sonora Matancera. Bailaron, sintonizaron, cruzaron miradas, se rozaron, coincidieron en ritmos, sobre sus atuendos de fiesta sus transpiraciones se desprendieron, se unieron en una misma atmósfera y con ellas, sus feromonas empezaron a actuar.
Como todo un caballero, muy táctico él, mi papá las dejó en su casa en su impresionante Pontiac. A partir de entonces, el galanteo se inició con eficacia y recíproca voluntad. Se darían el primer beso, la presentación en familia, el noviazgo, la boda, llegarían los hijos. Llegué yo.
- ¿Ha venido sola? - mi papá comenzó con su estratégico interrogatorio
- No, he venido acompañada con mi hermana
- ¿ Es usted familia de la novia o del novio?
- No, yo no. Roberto, el novio es primo hermano de mi novio, Renán, quien no ha podido venir...
Plancha quemada. Esta chuleta ya está separada, ya tiene su comenzal. Media vuelta. Qué piña. Con lo buena que estaba la señorita. Cuántas cosas habría pensado mi papá al escuchar tan mala noticia.
Pero como la historia no queda ahí, en ese preciso instante se acercó la mencionada hermana de la descartada señorita: una dama aún más alta y esbelta, de un cuello larguísimo como un cisne en medio del salón de baile, grácil y sonriente como una marioneta. Uy la hermana está mejor, está buenota, una mamacita, habría pensado en recompensa mi papá.
Le solicitó la siguiente pieza, que sería, seguramente algo de la Sonora Matancera. Bailaron, sintonizaron, cruzaron miradas, se rozaron, coincidieron en ritmos, sobre sus atuendos de fiesta sus transpiraciones se desprendieron, se unieron en una misma atmósfera y con ellas, sus feromonas empezaron a actuar.
Como todo un caballero, muy táctico él, mi papá las dejó en su casa en su impresionante Pontiac. A partir de entonces, el galanteo se inició con eficacia y recíproca voluntad. Se darían el primer beso, la presentación en familia, el noviazgo, la boda, llegarían los hijos. Llegué yo.
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Nota de pie de página. Qué bueno que mi tía estaba de novia porque sino, nunca lo he sabido y siempre me lo he preguntado, yo, creo que no existiría. Además, me encanta que mi mamá haya sido la segunda alternativa, pero sin lugar a dudas, la mejor.
Nota de pie de página. Qué bueno que mi tía estaba de novia porque sino, nunca lo he sabido y siempre me lo he preguntado, yo, creo que no existiría. Además, me encanta que mi mamá haya sido la segunda alternativa, pero sin lugar a dudas, la mejor.
















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