Enciendo una vela.
Y hoy, como una débil llama en medio de un vendaval, comienzo el Adviento.
Teniendo en cuenta todas mis debilidades y resbalones, mis agotamientos, naufragios y mis tristezas incrustadas en los rincones del alma, quiero empezar un nuevo camino.
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Es el camino a la Esperanza que terminará en un pesebre insignificante.
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Como el gatear inseguro de un pequeño niño que se suelta de las manos de su padre o el caminar pausado de un anciano, espero llegar a la Navidad.
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Dios bendiga nuestros esfuerzos -a veces infructuosos- por llegar hasta Él.

















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