viernes 27 de noviembre de 2009

Solidaridad con los dolores de espalda


He amanecido con la espalda hecha leña. Ayer me agaché, hice más sentadillas que dos horas seguidas en un entrenamiento de fútbol, más abdominales y estiramientos que una rutina para bajar un sobrepeso que nunca he tenido. Todo porque dediqué todo el día a bajar cajas con los ornamentos navideños, a colocar más de 1000 luces en el árbol, bolas, guirnaldas, embalar adornos de todo el año y reemplazarlos por los tradicionales de la época. Bueno, nunca mejor viene el refrán, sarna con gusto no pica. Lo hago porque lo disfruto al máximo.
-
Tarea semi cumplida. Aun hay que limpiar. Falta sacar brillos.

Mientras hacía todas las tareas. No pude evitar pensar qué haré cuando el cuerpo no me responda. Cuando no pueda hacer esas mil maniobras porque la columna vertebral, las fuerzas, los años o el ánimo no me alcancen.
.
¿Qué haré? ¿Se quedará mi casa como el resto del año, sin colores ni lazos ni muñecos ni luces?

Pues se me ocurre que haré lo que vi ayer en la sala de profesores, mientras yo me dedicaba a ingresar las notas de los alumnos en los registros en línea. Un profesor que linda con la vejez y que no sabe ni pío de esas cosas modernas, entró acompañado de uno de sus prestos y confiables alumnos, jaló una silla y se sentó a su lado a mirar cómo el muchachito servicial, diestro en cuestiones modernas como el manejo del software pertinente, le hacía lo que su profesor, desactualizado el pobre, no sabía ni podía hacer.

Es así pues. Siempre hay alguien que por auxiliar, por recibir una gratificación , por una recompensa, por pura generosidad o por lo que sea, está dispuesto a echarnos una mano en la vida. Viene bien eso de que no es bueno que el hombre esté solo. Se trata de vivir con las manos abiertas para recibir la asistencia y el respaldo humildemente.

Quien no sabe recibir ayuda de otros, es muy probable que no sepa darla tampoco. La soberbia nos deja sin nada. Nos aisla. Nos perjudica. En cambio, pedir ayuda y mostrar a los otros nuestras limitaciones es adiestrar a esos otros en el arte de dar. Es activar la solidaridad, que es un amor desinteresado y pensado.

Tengo una tía bastante mayor y muy delicada de salud que la mantiene débil y muy desalentada en estas épocas navideñas. Cada año que ve cómo decoro mi casa, me dice: ¿Puedes ir a mi casa a arreglarla? Siempre lo he hecho con gusto y aunque regreso con doble dolor de espalda, me queda igualmente, una doble sensación de ser parte de un todo, que no estoy ni estamos solos. Es el hoy por ti, mañana por mí.

En muchas ocasiones nuestra felicidad tiene que ser solicitada a otros. Buena época ésta para, a partir de nuestras carencias, salir en busca del otro. Gran regalo que damos. Gran oportunidad para mejorar el a menudo olvidado ejercicio humano del dar y recibir tiempo, fuerzas, amor, trozos de vida.


Este fin de semana voy tía.

0 comentarios.:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
VICHOESCRIBE ENTRE LOS MEJORES 20 BLOGS PERUANOS
Cerrar