miércoles 30 de diciembre de 2009

No tengo planes ¿y qué mierda pasa?


Ayer me preguntaron si era feliz en estos momentos. Contesté que pasaba por una etapa del síndrome de adhedonia, es decir por una incapacidad de sentir placer. Claro, lo dije en sentido exagerado. Pero algo hay de eso en mí durante estos días en que termina el año.

Todos tienen planes donde ir a "reventar" el año que acaba y comenzar como es debido el que viene: con alegría, festejo, bulla, gente, alcohol, movimiento, comida, carcajadas, jolgorio. Y el que no lo tiene, se siente preocupado, hasta desesperado y cuestiona su situación económica, su insolvencia de tener amigos divertidos, su vida social, su suerte.

Mientras tanto yo, ando exhausto. O no sé qué. La Navidad me deja en el limbo. Inmaterializado. Sin posibilidades reales de disfrutar con mi cuerpo. Me convierto en estos días en una marea mareada. Subo y bajo en emociones. Los placeres cobran otros roles. Por ejemplo, un helado recobra otra utilidad. Una canción de salsa me hace pensar. Por ratos tengo ganas de llorar. Por ratos me dan ganas de contonearme con la canción de Tito el Bambino que me encanta. Todos, hasta mis papás que ya tienen su plan fiestero, me inquieren, me reclaman y animan para que salga; y a mi me da exactamente igual, salir o no esta nochevieja.

Sí, seguramente me estará usted tildándome de paciente psiquiátrico. Que estoy deprimido. Que me falta litio en el cerebro. Que soy un maniaco.

No importa el diagnóstico. Estoy como estoy. No estoy como para definirme si soy o estoy feliz. Son esos días en los que únicamente quiero activar mis neuronas y mi capacidad creativa, para buscar nuevas formas de solazarme. A mi manera. Soy un heterodoxo por naturaleza. Mientras la mayoría celebrará el año nuevo, yo celebraré mi forma de ser. Mientras todos se mueven al son de la canción del año, yo preferiré hallar mi propio ritmo. Mientras los demás estallan en abrazos y derroches, yo quiero aclamarme a mí mismo. Quizás en silencio. No lo sé. Seré parte del momento. Me envolveré del viento que me sople.

Estaré bien. No se me preocupen. No estoy como para dar pena, aún. Mientras tanto, les deseo un año 2010 como ustedes lo sueñan. Un año tal como ustedes se lo imaginan en lo más profundo de sus mentes. Un abrazo enorme y apapachante de mi parte. Ya les escribiré mañana mi recuento de fin de año.

1 comentarios.:

matias dijo...

Hará razón de un año vi un duende que me compró mi familia en pascuas, colgando de una pequeña cuerda artesanal se leía una leyenda que profesaba los talentos positivos de mi pequeño amigo de arcilla...

Abajo de esa nota había otra, manuscrita, en la que se podía leer:
-"Recibí una Duende en vez de chocolate; este año la muerte de Jesús fué en vano..."

Así que supongo que las fiestas tienen un horizonte diferente para cada uno.

_ _ _ _ Año Nuevo.

Llenalo coo más te guste.

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