jueves 30 de abril de 2009

Esto es para los que tenemos miedo.


En estos momentos, ¿Cómo no pensar en nuestra vulnerabilidad? ¿Cómo no estar cara a cara con nuestra debilidad y mortalidad? ¿Cómo no recapacitar sobre nuestra a veces olvidada humanidad?

En mi vida, en la única que tengo, estas últimas semanas, una serie de acontecimientos familiares y de personas muy queridas, me han sorprendido, descolocado y dejado hundido en el pavimento áspero e invisible del vacío y el desconcierto. Epidemias nos asolan y enfermedades se presentan difíciles de vencer. Familias y pueblos clamando sin respuestas. Angustias y toallas abandonadas en medio del cuadrilátero, de las calles, de los campos.

Un aire irreconocible y agresivo, proveniente de no sé qué polo me ha entrado por los poros y ha helado mi mirada. Mis ganas. Mi aliento. Casi ni sonrío por nada.

La Muerte y la desgracia me chocan. Por más que me empeñe en llamarla hermana Muerte, me asusta. Me paraliza y estropea su realismo y crudeza. Su nada. Ella, me deja sin ingeniosidades ni convicciones. Sin poder hallar palabras que consuelen o expliquen, que animen o fortalezcan.

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Claramente, tengo ganas de llorar. Y no lloro. Es una tristeza difícil de explicar. Dispénsenme. No soy el mismo por estos días. Ando a tientas desde las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche como un huidizo pajarillo ante el cielo que se ha oscurecido de improviso, como un niño indefenso que lo único que ha atinado a hacer es cobijarse bajo las ropas sedosas de quien me atiende en silencio. En Dios. Toda mi actividad diaria se ha reducido a un impenetrable pasar los minutos y sobrellevar mis ocupaciones con el corazón puesto y dirigido a Él.

Algo tengo que hacer, no sé aún qué. Sé que dejaré este refugio y estas dudas. Me tomará un tiempo.

Dios apiádate de todos nuestros miedos Sé que no nos abandonarás. Después de este vacío, de este desierto, engrosarán mis alas para continuar volando hacia el futuro.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y brame sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:
el Señor de los ejércitos está con nosotros...
Salmo 45

miércoles 29 de abril de 2009

Mostrar


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No entiendo bien, pero me gusta esta moda de mostrar y no mostrar a la vez. Las generaciones más jóvenes en el fondo quieren desnudarse. La ropa interior ya no es más interior. Creo que ante nuestros ojos, un fenómeno social se está gestando: la búsqueda de la desnudez.

¿No será que recónditamente se está queriendo correr la cortina de aquello que por siglos ha estado oculto? ¿Nuestro cuerpo? ¿Nuestro espíritu? ¿Nuestra más elemental humanidad?...¿Qué será?

martes 28 de abril de 2009

Nuevos muebles para mi nuevo departamento...

un nuevo estante para mis libros...

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una nueva mesita para el tv...

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y un nuevo juego de comedor

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lunes 27 de abril de 2009

¿Por qué en un baño de hombres?



En cualquier establecimiento público, ingresar al baño de hombres para orinar es todo un episodio que puede tener miles de informaciones. A pesar de que en la puerta se cuelgue el cartelito en que se lee “caballeros” o el de una figurita con unos pantalones puestos, ahí dentro, uno respira diversidad, novedad y complejidad masculina. Para mí, es una experiencia de poderíos ocultos, de perspicacias, vahos, ojeadas. No sólo es entrar a mear. Es casi como entrar a una sesión de auto análisis, a una competición sospechosa, a un santuario de introversión.

Están los que esperan los cubículos cerrados porque requieren privacidad absoluta aunque ya no aguanten más, los que se buscan el urinario más escondido y curvan sus cuerpos para no dejar ver nada de nada, pero también están los que se yerguen, abren las piernas y con desenfado y cierto aire de desafío sacan sin pudor alguno, su artefacto, como diciendo, yo no tengo nada qué ocultar, admiren lo que ustedes no tienen.


Unos miran el techo, otros se concentran en su chorro resbalando por el sanitario, otros cierran los ojos y también están, claro, los que miran de reojo a los otros surtidores no sé con qué fin. Los hombres en un baño, parece que de acuerdo al tamaño de sus órganos o de sus autoestimas o de su grado de desinhibición actúan de tal o cual manera.

A mi amigo Pulito difícilmente le sale la pichi si tiene a alguien cerca. La vejiga se le comprime y le toma varios minutos para evacuar. A mi amigo Jean le gusta apuntar lo más alto, tanto, que me cuenta que una vez llegó al techo y otra, se mojó la cara. Alguien me contó, no recuerdo quién, que se excitaba tanto por tener tantos hombres cerca con el miembro en la mano que le era imposible orinar estando erecto. Los hombres lo sabemos, estando en este estado de rigidez, es difícil. Hay que concentrarse, vaciar la imaginación para poder hacerlo.

Y están los que miran a los ojos pero a través de los espejos. Mientras se lavan las manos, echan un abierto vistazo a cada uno de los apremiados parroquianos para ver si se encuentra con otra mirada sugerente.
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Esto me pasó hace poco en Miami, en un concurrido baño de una tienda por departamentos. Mientras me acomodaba el pantalón frente al espejo, entró un atractivo muchacho con pinta de rockero. Se detuvo a mis espaldas de perfil. Pelos largos muy castaños que le llegaban al hombro. Pantalón oscuro pitillo. Casaca de cuero. Botas con ribetes de metal. En cada uno de los dedos, anillos rarísimos. Lo miré. Me miró. Ojos claros. Le sonreí. Me sonrió. Un gesto angelical…

Pero toda la magia desapareció. Todo el atractivo se desvaneció cuando se tiró un extendido y ronco pedo. Me dijo: -oops, sorry- y corrió hacia el cubículo que acababa de desocuparse.


sábado 25 de abril de 2009

Gracias predilecto lector, Toño

Hace un par de días, un tal Toño me dejó un mensaje al lado en "Déjame un comentario" en el que además de llamarme Satanás, me cuestionaba el que yo ponía música cristiana en mi “Soundtrack”.

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Debo apuntar que leerlo me produjo una mezcla de emociones. Por un lado, gratitud; por otro, una chispa de vanidad.

1. Gracias Toño, porque tú, a decir verdad eres el objetivo de mi blog. Eres el tipo de habitante de este planeta que me motiva a escribir más. Tu manera de reaccionar frente a lo diverso, frente a los contrastes humanos, me hace evidenciar que aún hay trabajo por hacer, que hay mucha desinformación en este mundo que pretende ser civilizado. No sé en qué tribu sahariana o comarca feudal resides donde todavía se cree que los demás tienen que andar homogeneizados en el pensar y actuar, donde los mortales viven aislados sin saber que una cosa es el cuerpo y otra cosa es el alma. Eres parte de la especie en extinción que debido a legañas o parches invisibles en los ojos no pueden ver fuera de un ángulo de 30 grados de realidad.

Mi modestísimo blog piensa en ti. Quiere aclararte la visión, ensancharte la perspectiva, para que sepas que hay otros mundos y especies del género humano que hemos sido afortunados con un avance en el proceso de evolución, que hemos podido conciliar nuestros matices demoníacos y nuestros vuelos celestiales, que hemos decidido ser y expresar honestamente nuestras anchuras de vida.

Por último, también estoy agradecido que a pesar de tu inhabilidad cerebral, hayas hecho una lectura aparentemente minuciosa y extendida por mis escritos; y seguidamente te hayas tomado la molestia de escuchar mi soundtrack. Sigue así, vas por buen camino. Pronto estarás en condiciones de emigrar fuera de tu primitiva circunscripción, ampliar tus horizontes y diferenciarte de tu rancia especie.

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2. Lo malo de este insignificante incidente es que me confirma lo vanidoso que soy. Que me llamen demonio no es precisamente un halago, lo sé. Pero proviniendo de una voz como la tuya, mi estimado lector, se convierte en un piropo. Si me llamaras santo, me preocuparía porque no has entendido nada de mi mensaje. Creo que estoy siendo claro : Soy un demonio rosado. Mis cachos están desintegrándose para convertirse en masa encefálica. Mi rabo tiene su atractivo para otros hombres. Y mi trinche sirve cada vez más para hincar almas atormentadas, acomplejadas, adormiladas y vetustas.

Toño, mantenme informado de tus avances. Es parte de la retroalimentación que depura mis cometidos en este espacio tan imperfecto como es Vichoescribe.

viernes 24 de abril de 2009

¿Por qué no unas reflexiones sobre mi funeral?



Yo nunca he confesado -lo voy a hacer aquí- a nadie que a menudo imagino mi funeral. Repaso uno a uno en mi mente, a los que vendrían incondicionalmente a darme la última despedida frente a mi ataúd cerrado. Pienso en mis amigos, en su llegada al velatorio con ojos marchitos, desarticulados y caminando con un cierto mareo desatado por la triste noticia. No faltará alguno por ahí que vaya por compromiso.

Con todo lo mórbido y fantasioso que podría ser considerado el pensar en los momentos siguientes a mi muerte, aún creo que es un estupendo ejercicio para familiarizarme con algo que de todas maneras me va a suceder. Es verla como un hecho real, como un ineludible acontecimiento al cual hay que apreciar desde ya, pero además, es un buen termómetro para medir cuánto Amor estoy sembrando en el presente. Quiénes y cuántos estén, serán algo así como mis consiguientes retoños que algún día sembré de mil maneras. Aquellos que tuvieron que ver cercanamente con mi vida, estarán igual, cercanamente con mi muerte.

A decir verdad, me imagino un funeral un tanto concurrido. Movido como siempre lo fui yo. Colorido. Por qué no una bandera de arco iris encima de mi ataúd para que la gente que no supo mucho de mí crea que fui un entusiasta del Tahuantinsuyo. Por qué no, un funeral útil. Con algunos amigos y familiares llorando discretamente de cuando en cuando en algún rincón, pero de ninguna manera dominados por la tristeza ni por el desconsuelo. Al contrario, quiero que hablen en voz alta, nada de murmuraciones.

Está claro que no dejaré viuda, ni hijos, ni fortuna. Así que las cosas se simplifican. Por tanto, sólo serán unas cuántas horas de ceremonial para respirar en el ambiente, el olor a flores frescas pero sobre todo, para respirar en común un aire de convencimiento de que el tal Vicho hizo lo mejor que pudo para ser Vicho. En el mejor de los casos, para que glosen a media voz que dejé una indiscutible muestra de que el Amor aún cuando es imperfecto, es Amor. Que con muchos o pocos a mi lado, nunca estuve solo. Que mi mejor legado fue no dejar ningún tipo de legado. Que lo único que hice bien fue ser humano.

Ojalá sea un día sábado. El 99% de los sábados de mi vida he sido feliz. No veo el motivo por qué mi funeral tenga que ser una excepción. Finalmente ella, la Muerte es una hermana para siempre.

jueves 23 de abril de 2009

¡ Abre las piernas !



Hace unos días escuché con horror sobre el repetido maltrato moral proveniente de las enfermeras, que se ejerce especialmente en hospitales públicos sobre las mujeres, al momento de dar a luz . Mujeres humilladas por otras mujeres. Madres mayoritariamente solteras y abandonadas por los hombres que las embarazaron, denigradas por las de su mismo género. Increíble. Me cuenta un amigo que es enfermero, que sus colegas, al momento de dar instrucciones a las parturientas, momentos previos al alumbramiento, tienen imprecaciones como:

- Ahora sí gritas…¿Cómo no gritaste cuando te encamaste con tu marido?
- Abre…abre las piernas, así cómo se las abriste al hombre que te embarazó…
- No te quejes ah…que bien que te gustó cuando hiciste el hijo…


Al escuchar eso me quedé helado. ¿Quién mejor que otra mujer para entender a una mujer que está pariendo? ¿De dónde viene esa violencia desatada en un momento tan sublime y delicado como el momento de dar a luz? ¿Por qué una actitud así de inhumana y agresiva es tan extendida en esos hospitales?

Quisiera entender que se trata de un lamentable escenario de seres primitivos en extinción. Quisiera entender que esas enfermeras son casos aislados de profesionales ineficientes. Pero creo que hay detrás de esto algo más turbio e insidioso. Algo atávico. Es la condena a la sexualidad. Aún hoy, un sinnúmero de mujeres en el mundo cargan consigo culpas oscuras que como en estos casos, se exteriorizan desquitándose con las de su propio género.
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La mujer ha sido señalada por siglos. Fue la mala semilla de la sexualidad humana. La Eva que tentó al buen Adán. La que debió comportarse sumisamente para ser la reproductora de la especie y por tanto, siempre se le negó y condenó que sintiera placer en el acto más remoto del proceso de iniciar la vida.

De esto se trata cuando se habla de Violencia en contra de la Mujer. Aún hoy, especialmente en nuestros países latinoamericanos, quedan esas rémoras morales y antropológicas. Aún hoy quedan rezagos ancestrales que consideran al ejercicio de la sexualidad femenina como una infracción o una sombra de imperfección.

Y por ello, el parir es un castigo. El dolor es una punición a tremendo y condenable acto de liberalidad sexual cometido por las mujeres a la hora de copular. Las mencionadas enfermeras enuncian y revierten con su violencia, sus enraizadas, sombrías y escabrosas culpas ocultas.

Hay mucho por hacer en este nuestro mundo civilizado. Entre otras cosas, recobrarnos y realzarnos. En este caso concreto, enaltecer este excelso momento de dar vida. La mujer parturienta, necesita y merece todo lo contrario, nuestro soporte y ternura, nuestra majestad y protección.

Atención señores profesionales y autoridades de la salud pública.

martes 21 de abril de 2009

Segunda parada: Paris Discoteque

viene


Era un poco más de la una de la mañana. No queríamos irnos a dormir todavía. Queríamos rematar la noche con algún otro sitio nocturno, quizás comer algo o llegar a un bar tranquilo y seguro donde tomar una cerveza helada. Pero el problema era que estábamos en el centro de Lima. Ahí mismo, a la hora cuando las calles huelen extrañamente a restos urbanos de todo tipo, a frutas y frituras, a perfumes baratos y orines, a monóxido y vicio.

Fer nos animó a caminar un poquito más. A indagar un poco por calles desconocidas y un tanto oscuras. Saborear la aventura o protagonizar algún cuento de hadas, de ficción o de misterio. A pesar de mis comprensibles temores, entre ellos a que seamos asaltados y lo peor, violados ¡!, accedimos Chipy y yo.

Al voltear una esquina escuchamos a todo volumen a Paulina desgañitándose con “Ni una sola palabra…”. Era la mejor contraseña de que estábamos bien encaminados. Eran la migajitas de pan que nos condujeron por el camino correcto...

En la puerta de un local sin letrero, un hombre maltrecho nos informó: -Es la Paris Discoteque- Teníamos referencias de ella. Era un punto por cubrir en este tour nocturno.

Al ingresar, todo cambió imprevistamente. De ser los desorientados Hansel y Gretel, nos convertimos en impensados personajes de Perdidos en el Espacio. Eso que había dentro era un mundo inverosímil. Tenía el aspecto de un chifa con luces de navidad, de un restaurante de carretera, del escenario de un circo de provincia. Y los concurrentes, claro, muy normales, demasiado normales:

Todos podían ser preclaros exponentes de un sindicato de trabajadores portuarios, empleados del ministerio de salud celebrando el cumpleaños del jefe, los vecinos de una calle de Jesús María que decidieron ponerle fin de fiesta a su tarde de carnavales, los exalumnos de la Escuela militar de Chorrillos festejando algún aniversario de la promoción, pares de compadres barrigones contándose las penurias amorosas con sus esposas. Eso bien podía ser la sala concurrida y vaporosa de una sala de billar, una cantina sin mesas ni aserrín en el piso, una gran pollada bailable pro fondos para la compra de los uniformes de algún equipo de fulbito de barrio.

La gran diferencia residía en que todas esas escenas estaban bien aderezadas con bailes coquetos, risotadas, caricias, besuqueos con olor a chela y dedos meñiques revoltosos. Todos eran hombres pasados los treinta años confraternizando y meneándose al son de la banda sonora de Fiebre de Sábado por la noche, de los hermanos Yaipén o de la Carrá animando la Fiesta,
Que fantástica fantástica esta fiesta, Que fantástica fantástica esta fiesta, Esta fiesta con amigos y sin ti... !

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Paris Discoteque no tiene nada de París. Es peruanísima. Gayísima. Rarísima pero a la vez, normalísima e ilustrísima. Son bienvenidos todos aquellos que no tienen pose, ni brillos, ni plumas, ni attitude, ni politos apretados. Todos son hombrísimos que les apetece, aman, copulan, brindan, bailan y gozan con otros hombrísimos.

Y claro, es exclusiva. Se reserva el derecho de admisión...

lunes 20 de abril de 2009

¿Necesitas un cura?



Manos para bendecir y consagrar,
almas para otras almas,
hombres de Dios para un pueblo de Dios,
curas que curan, amar y amar a tiempo completo...

Casi desde que tengo uso de razón he escuchado en la Iglesia Católica el tema de “la disminución de vocaciones religiosas”. Hay voces de diagnóstico, de advertencia, de crítica, de oración, de preocupación y de indiferencia. Unos culpan a la falta de compromiso juvenil, al laicismo, al desprestigio eclesial, al consumismo, al facilismo y hasta a la televisión.

Yo quiero decir algo. Yo no responsabilizo a nadie. Pero sí pretendo entender a cada uno de los directamente implicados en esta situación.
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1. Los jóvenes. Siguen siendo tan generosos, serviciales y comprometidos como siempre. Los veo a menudo, entregados a trabajos difíciles de ayuda en países lejanos, con señales de solidaridad personal y social, en manifestaciones enardecidas contra injusticias sociales, en sus pocos descubiertos caudales espirituales.
2. La Iglesia, particularmente en la forma de la vida religiosa. Para hablar en términos económicos, mantiene su oferta sin mayores cambios. El producto es en esencia el mismo, con su misma llamada, pero el inconveniente es que ya no es comprado como antes. Se queja de la falta de demanda. ¿No será un tema de publicidad? ¿No habrá que cambiar de estrategia para que otros conozcan las bondades y atractivos, bendiciones y seguridades que ofrece la vida religiosa? No basta saber que Dios invita hablando al oído, hay que hacerle propaganda efectiva mostrando a todos aquellos hombres y mujeres que son completamente felices dentro y que además, procuran tanta felicidad a los demás.
3. Las familias. Antes los padres influían infaliblemente sobre sus hijos en la decisión de sus vocaciones, sea cual fuese. Hace mucho que ya no es así. Y si hoy influyeran, sería para desanimarlos sobre cualquier asomo de vocación religiosa. No es raro encontrar padres egoístas y utilitarios que más que pensar en la felicidad y realización de sus hijos, piensan en sus propias seguridades, gustos y criterios.
4. Dios. Posiblemente está calladito, sonriendo viendo cómo nos preocupamos innecesariamente de lo que él conoce por dentro. Me trae a la memoria el pasaje que en plena tormenta del Mar de Galilea, Jesús dormía.

“La miez es mucha y los trabajadores son pocos”

sábado 18 de abril de 2009

Uno no puede vivir ajustando. Todo termina por soltarse...


Anoche, Javi volvió a la carga contra mí. Primero, me timbró tres veces seguidas mientras estaba dictando clases. Pude ver raudamente su nombre apareciendo en la pantallita del aparato que vibraba encima de mi escritorio. Me desconcentró un poquito pero no le hice caso, como ha venido sucediendo en estas dos últimas semanas.

De regreso a casa, mientras escuchaba en mi Ipod el último álbum de mi Gorda Meche y veía cómo la ciudad se preparaba para inflamarse con el inicio del fin de semana, su nombre volvió a aparecer iluminado en la tan temida pantallita. Tampoco le hice caso.

Al llegar, luego de darme una ducha tibia y de cepillarme los dientes, sonó el teléfono de mi casa. Mi mamá me comunicó y con un desconcierto comprensible, contesté:

- ¿Aló?
- ¡Aló…!
- ¿Quién habla?
- ¿Por qué no me contestas el celular?


Me fui alejando con el inalámbrico en la mano con dirección a la cocina. Ahí, con más libertad, pude elevar el volumen de mi voz:
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- ¿Javier? ¿Cómo has conseguido el número de mi casa?
- Respóndeme…¿Por qué no me contestas el celular?
- Contéstame tú, ¿Cómo has conseguido este número?


Acepté salir a tomar un café con él. A cambio, le pedí, le exigí que nunca más me llamara a casa. Tuve que ceder ante ese chantaje.

Frente a frente, fui sometido a un interminable interrogatorio. Me pidió explicaciones. Reclamó atención. Se hizo la víctima. Moduló su voz con una mezcla inaudita de insolencia y súplica. Sus ojos brillaban. Su ceño estaba plisado. Sus dedos temblaban. Además, olía riquísimo. Y yo…

Yo, empecé a excitarme. Soy un animal. Es inevitable. Y fatal. Este hombre, me hable lo que me hable, termina siempre prendiéndome como un bosque en temporada de sequía. Acabo siendo el vulnerable de siempre.

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En estas dos últimas semanas, cada vez que me venía a la memoria, recibía una señal de su pertinaz presencia o me recorría alguna sensación con su nombre y apellido, he estado ajustando todos los centímetros de mis bajas concavidades y aunque suene dramatizado, perdónenme, contrayendo también ambos ventrículos del corazón. He estado aguantando y aguantando heroicamente. He sido un abnegado hidalgo de la virtuosa moderación. Un casto y ejemplar representante de la épica gay.

Pero finally, cedí. Hoy he amanecido derrotado, pero complacido. Me he trasladado de una mazmorra a otra, quizás, pero estoy satisfecho. Mi cuerpo, distendido y relajado, me lo agradece.

¿Qué me dirá mi vago corazón en el transcurso del día ?

viernes 17 de abril de 2009

Marlon Teixeira... ah...ah...ah...

Marlon Teixeira es el modelo brasileño que en la actualidad está mejor ranqueado dentro del Models.com Top 50.

A continuación, sus últimas tomas que comparto con ustedes. Prometo hacerle un seguimiento más acucioso a este, no se cómo llamarlo, ¿delicatessen?, ¿lomo fino? ¿golosina? ¿jarabe para abrir el apetito?...

Como decía mi abuela: “.me lo como!!”

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jueves 16 de abril de 2009

Paul Potts y Susan Boyle, el poder de los humildes


Creo fanáticamente en el poderío de los humildes y sencillos. Del de aquellos que no tienen por qué aparentar o alardear nada pues todo lo tienen y ellos lo saben. Sólo basta un minuto fortuito para hacer brotar su caudal y grandeza para enriquecer a los demás…

Eso que mis ojos a veces creen ver, en verdad no lo es: Hay hombres de cuerpos frágiles que son más fuertes y bravos que los mismos tigres. Por las calles caminan mujeres que ningún hombre voltea a mirarlas pero que bien podrían ellas iluminar la noche de mil galaxias con su belleza escondida. En mi ciudad hay casas vetustas, deslucidas e indigentes que guardan dentro los tesoros más inimaginables. En nuestra tan avanzada y organizada sociedad hay trabajadores que nadie aprecia ni considera pero que son los que permiten nuestra subsistencia y confort. Una faena sudorosa y desaseada de un campesino remoto se convierte en pan caliente en nuestra mesa…

Y en este caso, la figura regordeta, estrambótica, vieja, antiestética y chusca de una mujer de pueblo puede inicialmente provocarnos burla y luego, a los pocos segundos, puede hacernos vibrar con su voz y con su canto, transmitirnos lo sublime de sus emociones. Es la lección de la Humildad. De la verdadera Humanidad. Es el caso de Susan Boyle. Y en el año 2007, en el mismo concurso televisivo, Britain's Got Talent fue el caso de
Paul Pott. Soy un fanático de ambos.





miércoles 15 de abril de 2009

Vive tu adolescencia gay, José


Conozco a José desde que él era un adolescente. Mientras los del grupo eran todos entusiastas y ruidosos jóvenes líderes parroquiales, él en cambio, consistía en una suerte de presencia neutral, sonriente en todas las actividades pero sin llamar nunca la atención.

Lo que sí asombraba y era motivo de bromas, era su voz aflautada. Sea dicho, su voz de pito. No hablaba, era un silbido agudísimo. José no se escapaba a sospechas de ese tipo, acerca de si se le chorreaba o no el helado…

Pasaron muchos años. Se acabaron mis compromisos parroquiales y un día sábado, aunque debería decir domingo porque se trataba alrededor de las 3 am, en el preciso instante en que yo con mis compañeros de juerga de entonces ingresaba a una discoteca limeña, me encontré con el susodicho. José, ligeramente mareado salía. Rápidamente me saludó nerviosamente. Soltó unos cuantos chillidos en medio de la bulla y se despidió.

Cosas del destino, ahora es amigo cercano de un amigo mío. He vuelto a verlo con relativa frecuencia. Pero Josecito ya es otro. La voz se le ha engrosado un poco y luego de un par de tragos, empieza a soltarse de toda trabazón y se comporta desinhibido, cuenta de su pareja sentimental sin reparos, de su agitada vida sexual, de su repugnancia hacia el sexo con mujeres y se proclama orgullosamente gay.

El otro día fuimos juntos a un cumpleaños. Después de sazonarse bien con varios vasos de ron con coca cola bromeó con extraños, le hizo el habla arrojadamente a un muchachito sentado en una esquina y en un momento de arranque, me sacó a bailar. Comenzó a aproximárseme físicamente, se colgaba de mis hombros, rozaba su lengua sobre mi cuello, abría su desparpajo y ostentaba de sus procedimientos seductores. Quiso besarme. Según él, se trataba de una diversión, de una forma de ser libre. De sentir.

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Y no pude seguirle la corriente. Ya no encajo en esos juegos. No le dije nada. A la salida de la fiesta, José insistía en que comentara su cambio, su intrepidez, su liberación. Sólo le contesté que él seguramente sabía lo que hacía o lo llegaría a saber pronto, que los resultados tarde o temprano llegan a nuestras vidas.

Nosotros los gays tenemos que vivir una segunda adolescencia. Es una etapa ineludible. Es parte del proceso. Sentirnos que tenemos las riendas de una vida nueva con aire fresco, con una pizca de rebeldía, libres de reglas absurdas, emperadores de nuestros cuerpos y sensaciones. Entre muchas cosas, tenemos que sentirnos que el pene nos sirve y nos gobierna. Vivir la locura de ser unas pingas locas.

Pero como bien se lo dije a José: Tarde o temprano, el vino toma cuerpo y obtiene su propio aroma. Se completa el proceso de fermentación. Baja la efervescencia. Obtenemos el producto final y verificamos que no sólo queremos quedarnos convertidos en gays desatados, si no, en personas únicas y colocadas; halladas y felices, que es lo único que al final importa a todos.

Sigue viviendo Josecito. Pero que llegue lo que los enólogos llaman, la flor de tu vino. Ok?

martes 14 de abril de 2009

Cien millones de dólares

El corazón del tío Tomás era muy débil y el médico le había aconsejado que tuviera mucho cuidado. De modo que cuando sus familiares se enteraron de que el tío había heredado cien millones de dólares de un pariente difunto, tuvieron miedo de comunicarle la noticia, no fuera a ser que le ocasionara un ataque al corazón.
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Así pues, pidieron ayuda al párroco, el cual les aseguró que él encontraría el modo de decírselo.

- "Dígame Tomás" - le dijo el Padre Murphy al anciano cardiópata. - "Si Dios, en su misericordia le enviara cien millones de dólares ¿qué haría usted con ellos? -.

Tom pensó unos intantes y dijo sin el menor asomo de duda: - "Le daría a usted la mitad para su Parroquia, Padre" -

Al oírlo, el Padre Murphy sufrió un repentino ataque al corazón.

lunes 13 de abril de 2009

¿Aló? ¿Hugo?


-¿Aló Profesor Vicho?
-Sí, él habla…
-Le habla Hugo L. Mi hermano es su alumno. Disculpe que lo llame para un asunto extra académico. No sé si podría entrevistarme personalmente con usted para hacerle unas consultas…


Lo cité para un sábado por la mañana. Llevaba puesta una bermuda de dril que le llegaba hasta las rodillas dejando expuestas parte de las piernas, cubiertas por un vello castaño y fino, de esos que provoca acariciar por las noches para arrullarse. Sus zapatillas eran de color marrón y las medias de deporte, blancas muy cortas que sólo le llegaban hasta los tobillos. Todo bien en su sitio.

Desde un principio me gustó su aspecto deportivo pero a la vez, tenía una actitud correcta, hasta solemne.

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Con el usual respeto con que me tratan mis alumnos empezó a relatarme su vida. Sus afectos. Su hábitat familiar. Su situación laboral. Y finalmente, entró al detalle. Su problema era el frecuentísimo caso de haber embarazado a una chica de la que supuestamente estaba enamoradísimo y “enchuchadísimo” pero ahora que ya era padre, ahora que las exigencias eran otras, que la relación se había complicado, no sabía cómo deshacerse legal y moralmente de ella. Quería rehacer su vida y no sabía cómo.

Su consulta abarcaba muchos aspectos. Intervine tratando de organizarle las rutas de solución. Comencé con absolverle la parte legal pero seguidamente, no tuve reparos de evidenciar sus culpas. Mientras tanto, su mirada era expectante y aparecían unas lagrimitas fugitivas contrastadas con una sonrisa natural. Hugo, se trata de un muchacho que parece recién salido de la adolescencia, pero que tiene que aprender la lección de su vida: que todos nuestros actos tienen consecuencias que tenemos que aceptar a como dé lugar: con poquitos de firmeza, de bravura y por qué no, de alegría.

Al despedirnos, me agradeció la enorme ayuda y bla bla bla. Luego de cerrar la puerta me quedé con varias conclusiones personales a la vez: que no le hubiera cobrado honorarios, pero era mi deber profesional; que todos los problemas se pueden sublimar es decir, que podemos darles la vuelta y convertirlos en adiestramiento y provecho, no importa la edad que tengamos; que soy abogado, pero sobre todo soy testarudamente empático con las cosas que solemos hacer todo el tiempo los humanos: equivocarnos.

Hugo, me ha vuelto a llamar. Esta vez le he dicho que iremos a tomar un cafecito o a almorzar juntos. Me provoca ser su amigo.

viernes 10 de abril de 2009

Hoy te miro y te admiro, María Madre sufriente.

En este Viernes de Cruz, ¿Cómo no querer acompañar a María en su dolor?

¿Cómo no apreciar su Amor? ¿ Cómo no querer imitar su silencio ?

¿Cómo no tenerla desde aquel día como mi propia Madre?




¿María sabías tú
que tu recién nacido bebé algún día caminaría sobre las aguas?
¿María sabías tú

que tu niño salvaría a los hijos de nuestros hijos?
¿Sabías que tu bebé venía a renovarnos?
¡Que este niño que dabas a luz, pronto te daría a ti, la luz!

¿ María sabías tú

que tu recién nacido bebé daría la visión a los ciegos?
¿ María sabías tú

que tu recién nacido bebé calmaría la tormenta con sólo levantar su mano?
¿Sabías

que tu bebé caminaría por donde los ángeles pisan?
¿Que cuando besabas al pequeño bebé estabas besando el rostro de Dios?

María sí lo sabías...

Los ciegos verán.
Los sordos oirán.
Los muertos volverán a la vida
Los inválidos brincarán
Los mudos cantarán alabanzas al cordero.

¿María sabías tú
que tu recién nacido bebé es el Señor de toda la Creación?
¿María sabías tú
que tu recién nacido bebé reinaría sobre todos los reinos?
¿Sabías
que tu bebé es el Cordero perfecto del Cielo?
¡Que el bebé que duerme en tus brazos, es el Todopoderoso y Soy, Yo!

jueves 9 de abril de 2009

Un Jueves para toda la vida. Para mi vida.



Jueves Santo: Podría recordar una lejana cena a media luz con pan y vino al centro de la mesa, a Jesucristo al lado de sus más queridos amigos, dedicándoles un gesto inusual: lavarles humildemente los pies. Sí, me podría quedar en eso, en una evocación, en un gesto lejano, en un relato enternecedor.

Pero algo ha sucedido en mí para que no me limite sólo a eso. Es mucho más. Es inimaginablemente mucho más.

Hoy se institucionaliza la Eucaristía, que es simplemente el acto más incomprensible y esplendoroso que podemos experimentar aquellos que hemos sido beneficiados con el don de la Fe. En ella no sólo representamos una escena. No es mero teatro. Es un acto presente y actual, efectivo y real. Es la entrega en la mesa de la vida de Jesús. Es la crucifixión misma sobre mantel blanco convertida en alimento para quienes nos cuesta vivir. Es la ofrenda de su Carne y de su Sangre, de su martirio y primordialmente la muestra de su Amor.

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Dar la vida voluntariamente no es cualquier cosa. No se puede entender con un cerebro pagano e insensible. Es la demostración más grande de lo que un hombre puede hacer. Cuánto quisiera yo ofrendar mi vida por aquellos que amo. Cuánto quisiera tener la oportunidad y la generosidad de imitar a Jesús. Tener esa dimensión de Amor en mi vida diaria.

Ya que no puedo, me queda al menos el sentido de ésta, la Eucaristía. A pesar de mis limitaciones para amar y perdonar, de lo raquítico de mi corazón, tengo el regalo de participar cada domingo -o los días que quiera- en esta ofrenda que es fiesta y unión, que es
regocijo y gracia. Comunión y alimento.

El Amor se tiene que celebrar. Puede convertirse en pan humilde que calma hambres y soledades. La Eucaristía está para esto. Para que yo sea testigo y me quede alguito de su inmensidad: que el mismísimo Dios se haga hogaza tibia y nutritiva para atravezar desiertos y caminos sin luz.


Gracias Señor, por ser Pan del Cielo traído a éste mi mundo.




miércoles 8 de abril de 2009

Tocarte el cuerpo Antonio



Me gusta Antonio. Tiene el cabello desordenado. Ondulado, y es de color castaño cenizo. Lo que más llama la atención en su rostro son sus cejas. Son preciosas. Parecen dibujadas. Alguna vez le he preguntado burlonamente si se las depila a escondidas o si se hace algún tratamiento capilar…

- ¿Qué me crees, cabro como tú?-

Su cuerpo si es un ligero desastre. Nunca he podido determinar si es gordo o flaco. Si es musculoso o esponjoso. Si es alto o achatado. Es como si dependiendo del día, él usara una nueva forma, como si llevara puesto un traje diferente. Pero no es su cuerpo el que cambia. Quizás sean mis ojos.

Antonio es un buen amigo, no lo dudo. Para desdicha mía, le encantan las mujeres. No los hombres. Menos los gays. Pero conmigo, estoy seguro, lleva una relación que ni él mismo sabe cómo definir. Nunca le ha gustado tocar el tema de mi orientación. Para él es como si yo siguiera siendo un amigo heterosexual con quien comentar de vez en cuando acerca de la beldad o asimetría de alguna amiga que tengamos en común, o sobre la política internacional o en el mejor de los casos, de moda masculina.

Le he acompañado algunas veces a que se compre camisas de vestir y corbatas. Según él, confía en mi sentido del color y la forma.

Pero lo que no sabe Antonio -o ahora que lo cavilo, sí lo sabe- es que también confía en mí para otras cosas más contiguas, más “corporales”. Me deja arreglarle por detrás la solapa del traje, colgarme de su cuello cuando soltamos alguna carcajada juntos, explorarle las uñas y las líneas de la mano, simular unas pequeñas cachetadas en señal de que ha hecho o dicho algo impertinente. No tengo reparo en tocarlo. Y siempre ha sonreído misteriosamente. Y es que él sabe que soy su amigo y punto. Uno neutro. Uno inofensivo. En su estructura mental no quepo con facilidad y aún así hace cosas conmigo que no hace con sus amigas, mucho menos con amigos.

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Ya he contado muchas veces que soy un privilegiado porque ninguno de las decenas de amigos varones que tengo me ha discriminado o hecho algún tipo de desplante. Todos se sienten cómodos conmigo y han llegado a desarrollar una amistad sui generis conmigo. Cada uno de ellos se articula con alguna parte de mí.

Antonio ha enganchado a través del cuerpo. Mis manos actúan tanto como las palabras. Creo que se siente querido con mis manos. Sin embargo, temo que un día de estos, mis hasta ahora roces inocuos, se conviertan en un sismo irreparable, que un día de estos nuestras pieles tiemblen y terminemos agarrándonos más allá de lo que hemos estipulado implícitamente.

Menos mal que él no me lee. Acaso un día de estos termine acomodándole el pellejito que le cuelga abajo y que sospecho que es de una portentosa dimensión. Total, para él soy un amigo que sabe de colores y formas…

martes 7 de abril de 2009

Oración en Martes Santo.

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Señor, dame hambre de tu pan y la voz de un niño para reclamarlo,
las manos de un mendigo al retenerlo y un abismo de ternura al recibirlo.
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Señor, dame hambre de tu pan, dame hambre de Tí, de tu Palabra, de tu Amor...
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Señor, dame sed de tu mirar y la voz de un niño al pedir agua, la vasija de un mendigo al retenerla y un pozo en el desierto de mi alma.
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Señor, dame la sed de tu mirar: no la que enciende tierras y gargantas, sino ansia de tu Nombre, de buscar en tu Palabra, de saber que Tú me amaste primero.

lunes 6 de abril de 2009

El dolor y el placer

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Si hay algo que me gusta de la Semana Santa es su sentido de humanidad. Cada uno de sus ritos, lecturas, escenas, recordatorios y cultos me hacen tomar consciencia de mi naturaleza humana.

Y una de las grandes características de ésta nuestra naturaleza es la tarea de transigir con el dolor y el placer. Debo turnar ambas realidades. Una mañana soleada y risueña puede estar seguida intempestivamente de una tarde lluviosa y llorosa. Incluso, debo saber que las dos pueden convivir en un mismo momento.

Hay quienes dicen filosóficamente que la felicidad no puede ser completa, que es relativa. Yo prefiero pensar que la vida tiene ese misterio y esa belleza escondida que el mismísimo Dios humanizado muestra durante la Semana Santa. Se traslada justamente entre el dolor y el placer voluntariamente para acompañarnos en lo que a todos los hombres nos pasa.

Hace unas semanas, falleció un familiar muy cercano. Fue sorpresiva su muerte. Nos dejó tambaleando a todos. Nos alteró el ánimo y la mirada. Y a los pocos días, a pesar de que un cierto ahogo me embargaba por dentro, acepté salir a bailar con unos amigos. Mientras bailoteaba y brincaba, mientras soltaba carcajadas y mis músculos se distendían, mi espíritu me recordaba insistentemente que cargaba aquel dolor.

Para muchos, mi diversión podría ser una incongruencia, una condenable frialdad, una falta de respeto. Para mí, fue un transitar de la vida a la muerte y viceversa. Fue agrupar y conciliar mis dos sensaciones. Fue aceptar mi humanidad.

Jesucristo, Dios y Hombre, salvador de los hombres, justamente en sus últimos días muestra esa destreza para andar con la cruz sobre los hombros pero con el corazón rebosante de Amor. O al revés, muestra su capacidad para estar en medio de los hombres con el corazón en el Cielo. Su mensaje es claro e irrebatible: cuando se ama, se acepta el placer y el dolor. Cuando se ama, se vive con ambos.

sábado 4 de abril de 2009

¿Te atreves a vivir la Semana Santa toda la vida?


Con el Domingo de Ramos, iniciamos la Semana Santa. Entró Jesús triunfantemente a la ciudad de Jerusalén a cumplir su misión. La gente lo vitoreaba: "Bendito el que viene como Rey en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto". Había llegado el Salvador del pueblo esclavizado. Palmas y aclamaciones.
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Cada año, repaso esta escena con una mezcla de sentimientos personales. Con recuerdos de mi vida. Mis inicios. Mis arribos:

He llegado un sinnúmero de veces a momentos de mi vida en que aparentemente, para los demás, era un ganador, un valiente. Pero dentro de mi corazón, sabía que se acercaba una oblación, un camino difícil cuesta arriba, un dolor, una muerte temporal. Y he sobrevivido. Aquí estoy...

Sólo un ejemplo de hace varios años atrás. Sucedió en una temporada de otoño. Por entonces mis amigos cercanos ya sabían que me había auto-reconocido como homosexual. Ellos eran testigos de mi liberación y mi deslumbramiento con esta nueva vida. Me veían jubiloso. Pero faltaba sorber el trago amarguísimo de enfrentarme a mis padres, de decirles la verdad sobre mí. Se trataba de mi ingreso a Jerusalén para cumplir mi humilde misión. En muchas noches siguientes, medité y rogué a Dios que apartara de mí ese cáliz. No deseaba afrontar el sentido central de mi vida, mi propia vocación y mi naturaleza. Pero tuve que hacerlo. Cerré los ojos y murmuré: Que se cumpla tu voluntad, Señor. Llévame hasta dónde tú decidas.

Jesucristo llevó hasta los extremos el propósito de su vida. Aceptó los designios de Dios. A pesar de sus miedos humanos, se mantuvo firme. Y así anhelo hacerlo yo. Mantenerme hasta el final. Mi corazón inseguro conoce los encargos y propósitos que he de cumplir aunque ellos duelan.

Vivir es toda una Semana Santa. Es atravesar día a día los retos: entradas triunfales, ajusticiamientos arbitrarios, vías crucis públicas y privadas, crucifixiones de mil maneras, muertes. Es pasar a menudo del éxtasis al dolor, de la soledad a la muchedumbre, de la ciudad al calvario, de los amigos a los que discrepan con nosostros. De las palmas y la alegría a la desgracia. Nosotros conocemos la traición, la crueldad, la incomprensión, el abandono, la necesidad.

Pero afortunadamente también conozco a Dios y sé que al final me espera la Resurrección, que no es otra cosa que la victoria del Amor verdadero. Éste me salva, me reincorpora, me permite seguir viviendo. Me da Esperanza para avanzar minuto a minuto hasta la próxima semana santa.

viernes 3 de abril de 2009

Javi, te advierto que soy mariposa...


Comparto un email que envié a mi más reciente "amiguito" Javier. Han pasado dos días y no me arrepiento de habérselo hecho llegar, ni tampoco me está entristeciendo que no me haya dado más señales de vida, o sea, su aparente desaparición definitiva. Un hombre menos en mi vida, qué le voy a hacer...
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Javi:

He empezado a preocuparme. Antes, tus llamadas telefónicas intempestivas me revolvían el hígado, ahora, el pecho y hasta el estómago. Antes yo mismo notaba mi voz lineal, casi tosca, sin inflexiones; ahora hasta me he dado cuenta de que te suelto sonrisitas en voz alta. Mi lenguaje contigo ha empezado a desarrollar nuevos códigos, distintas conexiones, enigmáticos misterios y onduladas modulaciones. Ji ji ji. Ja ja ja. Jo jo jo. Je je je. Risitas que van y vienen. Ay qué gracioso por aquí… Ay qué sensible por allá…

Estos ruiditos y sensaciones me suenan conocidos. He pasado por esto mil veces y reconozco que también sé cómo, poco a poco, inconsciente pero muy eficazmente, me deshago “en one” de quien viene a levantarme los pelos del cerquillo y a producirme sudoraciones en el corazón y en la entrepierna.

No te vayas a asustar. Please. De un día para otro, puedo cambiar en sentido inverso, de ser una mariposa entretenida y multicolor a una larva gris, áspera y antisocial. No estoy loco, o mejor dicho, no lo estoy tanto.
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Lo que sucede es que mis altavoces y alarmas silenciosas que me alertan de los adyacentes y comprometidos amores, me retumban en el oído hasta el punto de hacerme correr lejos, muy lejos, hasta donde nadie me conozca. Y no parar hasta después de varios viajes en círculos y así retornar a mi capullo en donde pueda volver a convertirme en otra mariposa.

Por tanto, delicioso Javi, cabe la altísima probabilidad de que a partir de mañana no te conteste más el teléfono, pases a la lista de no admitidos y te conviertas en un nombrecito más refundido en mi durmiente memoria. Si eso ocurre, tú también corre. Apártate. Búscate otro insecto que te haga feliz.

A volar, a volar...

Vicho a volar...
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