sábado 30 de mayo de 2009

Nacer como todos. Morir como yo.

Todos nacemos iguales. Esta es la gran enunciación a la que el hombre ilustrado llegó en un momento de su historia. Hemos forjado Declaraciones. Constituimos derechos universales. Defendemos esta condición de nuestra naturaleza humana. Resguardamos esta legitima igualdad civil inherente a nuestra raza.

Pero por otro lado, no todos morimos iguales. ¿Qué hicimos con nuestra vida? ¿En qué nos convertimos a lo largo de ella? ¿Qué logros nos llevamos a la tumba? ¿Qué lecciones? ¿Qué fortuna? ¿Qué cosecha inmaterial dejamos?

No sé si estaré a la mitad de mi existencia, o en sus dos terceras partes o quizás, me acerco a su final. Nadie lo sabe. Tampoco quiero saberlo. Pero sí quiero en este instante, estar consciente de a dónde estoy encauzando mis actos y mis talentos y mis particularidades. Necesito saber si estoy construyendo mi propia distinción, si estoy marcando mi diferencia, alcanzando mi propia peculiaridad para llegar a mi muerte de forma diferente a la de los demás.

Hoy creo saber cuál es mi termómetro para medirme y aplacar tales inquietudes. Es el Amor: ¿Cuánto amo? ¿Estaré amando bien? ¿Estaré mostrándolo en mis actos más rutinarios y concretos? ¿Estaré atestiguándolo ante los demás?

He decidido que esta sea mi diferencia. Quiero amar con todo lo que soy, con todo lo que tengo y no tengo. Esta última semana me he propuesto ir dándoselo a saber a cada uno de los que amo profunda y aguerridamente. Se los diré. Hablaré. Lo gritaré. Lo repetiré. Dejaré bien en claro cuánto amo a todos los que conforman mi vida.

Leí emocionadamente la reflexión de José Martín Descalzo sobre un caso que parece de novela romántica. Pero es un caso real de hace muchos años atrás. Sarina y Solano de Ros eran un par de novios que vivían felices su amorío. Sin embargo, luego de un altercado demoledor entre ambos, ella lo abandonó, se la tragó la tierra. Él, al poco tiempo, decidió empapelar la ciudad de Curitiba, Brasil donde residían con febriles carteles que gritaban desde todas las esquinas: “Sara, vuelve” “Me moriré si no vuelves”, “Sarina, mi amor, perdóname” …

A las semanas, ella volvió. Rehicieron su relación. Volvieron a ser felices.

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Quiero ser Solano de Res. Vivir como él y a su momento, morir como él. No temer al ridículo o a que me acusen de teatral, de excéntrico, de gallina cacareadora. Escribiré e-mails a familiares queridos y amigos y a Dios, enviaré rosas y frutas frescas, besaré por impulso, declararé afectos especialmente a quienes menos se les declara, escribiré poemas escondidos a extraños, mostraré extravíos: Amaré y amaré y luego de ello, seguiré amando.

Lo digo mondo y lirondo. Llanamente. Porque como lo escribió bien San Juan de la Cruz: … “Al atardecer de la vida, seremos examinados en el Amor”.

jueves 28 de mayo de 2009

El Sonreir y el Razonar de Raisa.

Aún extraño a mi Raisa, quien partió al paraíso de los perros hace muchos años atrás. A pesar de no ser un humano, ciertamente, ella sonreía. Era enternecedor y contagioso en pleno invierno verla dormir patas arriba sobre el suelo frío, mostrando su panza rosada y un mohín en su hocico peludo, sus dientes afilados y su par de colmillos sobresalidos. Para mí, era el retrato instantáneo de la felicidad simplísima e incuestionable. Raisa sabía reir sin saber que reía.

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Algunos escritores -teóricamente muy cuerdos ellos- aseveran que lo que nos diferencia de los animales es nuestra racionalidad. Otros dicen, que es nuestra capacidad de sonreír.

Creo que ni lo uno ni lo otro. Los animales no tienen que ser racionales ni están obligados a sentir algún tipo de alegría. A estos les basta estar donde están, ser lo que son y tener lo que tienen para seguir siendo animales. Pero nosotros, los hombres civilizados y evolucionados, más bien, cada día se nos hace más difícil exponer ambas capacidades: razonar y sonreir. Vamos perdiendo lo que supuestamente son nuestras esencias.

Me basta mirar algún programa juvenil en MTV, una lectura de las últimas noticias internacionales o escuchar algún político nacional y compruebo que se multiplica la estupidez. «Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio». Nos destruimos, nos atacamos, nos malgastamos. No nos asombra la estupidez.

Y sobre la sonrisa, nos pasa lo peor. Saltamos de la carcajada estrafalaria a la solemnidad y de ella, al hundimiento anímico. Y nos olvidamos de la sonrisa, que no es otra cosa que el reflejo natural de una fibra interior, de una convicción del alma y de una comunión con la vida.

Se puede sufrir y sonreír. Se puede ser débil y mostrar una sonrisa. Leí alguna vez que el débil de alma, disimula su miedo y debilidad bajo una capa de gravedad y circunspección, mientras que el fuerte los supera con el humor. He visto enfermos doloridos sonreír más que sus propios médicos y a excluidos sociales, mucho más que los que van en sus carros carísimos.

Dostoievsky escribe en los Hermanos Karamasov: Amigos míos, no pidais a Dios el dinero, el triunfo o el poder. Pedidle lo único importante: la alegría.

Es por eso que extraño a mi Raisa peluda, a mi mascota eterna, porque ella sabía estar alegre y me animaba a imitarla en su llaneza, en su instinto original de ser criatura de Dios, del mundo, de la vida. A mí, que me cuesta la alegría, que me empeño en sentirme vivo, que me es trabajoso gatear desniveles, me es sumamente necesario tener a una figura como ella.
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Sigue sonriéndome, Raisa.

miércoles 27 de mayo de 2009

Y seguiremos siendo ciudadanos de segunda...

La Corte Suprema de California ha optado por el camino rectilíneo y cómodo: ha decidido que las urnas tuvieron razón, que la Proposición 8 seguirá vigente y que la celebración de los matrimonios entre parejas del mismo sexo en California será ilegal porque así lo expresó una mayoría en las últimas elecciones.
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Para los que no saben, la Proposición 8 fue un
referéndum en las elecciones estatales de California que eliminó el derecho de las parejas del mismo sexo a contraer matrimonio. La aprobación de la proposición modificó la Constitución de California, eliminando "el derecho de las parejas del mismo sexo a contraer matrimonio." Adicionalmente, se añadió una sección en dicha constitución declarando que "sólo el matrimonio entre un hombre y una mujer es válido o reconocido en California”
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¿Es un argumento válido el esbozado por la Corte Suprema de California? Es decir, ¿Se debe respetar la soberanía popular? Pues sí. Indudablemente. Esa es la regla. Pero moralmente en este caso, no es compatible la soberanía popular y lo moral. Por la sencilla razón, que una mayoría de individuos no puede decidir qué es lo que está bien y qué está mal. Lo bueno es bueno por sí mismo. Si no fuera así, mañana más tarde también se podría votar para que sea ilegal el matrimonio de los obesos porque tienen altas probabilidades de concebir hijos proclives a la obesidad.
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“Mayorías” también han legitimado exterminios, tiranías y linchamientos. Las “Mayorías” no puede opinar ni votar sobre los derechos fundamentales de otros. Se puede votar entre dos opciones de igual cualidad o condición, entre dos colores, entre dos candidatos, entre dos modalidades, pero no entre privar o no privar de un derecho individual, en este caso, el de los homosexuales a conformar sus familias con los mismos derechos de los demás. Una mayoría no puede disponer sobre cuestiones que son absolutas en sí mismas. Es absoluto el derecho a originar civilmente -en este caso con el matrimonio- una familia con las características que yo crea conveniente.
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Esa mayoría electoral del Estado de California y ahora, esta confirmación por parte de la Corte Suprema, han rebajado a sus homosexuales a ciudadanos de segunda categoría. No me asombra, sí me subleva claro, porque es la situación de casi todos los homosexuales en este mundo regulado por supuestos heterosexuales, quienes deciden sobre nuestros derechos.
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Leo a Dan en Ambiente G: Somos ciudadanos de segunda en California. Somos un atractivo turístico más junto a Disneyland, las playas de avenidas coronadas con palmeras y el Golden Gate. Somos ciudadanos de opiniones prescindibles, perfectos para una rabieta o un festival cargado de plumas para llenar los bolsillos de las arcas municipales y del Estado. Somos rubios destetados en los locales más cool de West Hollywood, bolleras moteras marcando el territorio en las autopistas del Sur de California, maricas en camiseta tiñendo de colorido las cuatro colinas de la Calle Castro. Eso somos y desde luego así me siento en el día de hoy…Pertenecemos a una minoría encanallada que debe resistirse hasta el último suspiro a perder una guerra en la que jamás podremos darnos por vencidos hasta el mismo momento en que esta acabe, incluso si eso supone estar batallando hasta el final de nuestros días.

Qué lástima, California no es más un Estado de avanzada, de razones de fondo, de apertura, de la esperanza gay, de igualdades civiles, de conquista, de reinvindicación. Es un lugar donde la Mayoría es tiranía. Que se esconda el arco iris, hoy es de noche en California. Y en el mundo.

martes 26 de mayo de 2009

Vive la Ley del Columpio.



De niño siempre me fue difícil columpiarme. Eso de darse impulso uno mismo, de alcanzar altura por sí solo, simplemente me era imposible. No tuve ni la técnica para hacerlo ni el espíritu para aprender. Siempre necesité a alguien sobre mis espaldas que me diera el empuje inicial, que empleara la fuerza de sus brazos para que yo pudiera mecerme como lo hacían los demás chiquillos. Un columpio con motor incorporado me hubiera venido bien…

Hoy que soy adulto, me río y reflexiono…

La Vida es precisamente una tarde prolongada en el parque infantil, donde uno se mantiene columpiándose en cada vivencia, en cada reto y minuto, en cada necesidad.

Leo de uno de mis escritores preferidos, Carlos G. Vallés, la regla del columpio: Cuando estás arriba, mira hacia abajo; y cuando estás abajo, mira hacia arriba. Cuando estás adelante, sabes que pronto irás hacia atrás, y en cuanto llegas atrás comienzas a ir otra vez hacia delante.

Se trata de integrar los dos momentos. El péndulo de la vida. He de aprender, que para “jugar la vida” como en el columpio, debo hacerme uno con él. Ni ignorarlo, ni resistirlo, ni sentir mi propio peso. Más bien, disfrutarlo y saber que el arte del balanceo existencial precisamente está en moverse con él, en dejarse llevar.

Cuando paso un mal día, he de saber que mañana estaré arriba. Estoy conducido por una fuerza invisible, unos brazos amorosos que de la misma forma que me trajo furiosamente contra el piso, también me impulsará a las alturas. Mientras estoy abajo, pensar que pronto estaré arriba. Pero también, por otro lado, la ley del columpio propone recordarme y aceptar serenamente que cuando estoy arriba, irremediablemente volveré abajo. En aquellas circunstancias de dicha envolvente, en que parece que toco las nubes, en que mi diversión es excitante y el júbilo no cabe en mi cuerpo, debo acordarme que la gravedad tarde o temprano me conducirá a momentos de desdicha, de tribulación, de tierra firme. La Vida inevitablemente es estar arriba y abajo. Adelante y atrás. Descender y elevarse. Tiene extremos.

Pero así es el juego del columpio. Esa es la ley del parque de diversiones. Y mejor y más saludable y más realista y más sabio es reconocer de una vez por todas que nuestra permanencia en él, tendrá esas condiciones. Así es la Vida.




Vamos al parque que empieza la diversión…

lunes 25 de mayo de 2009

Vicho es libre

Sí, la Libertad que tanto busco no sólo está en la desnudez de mi cuerpo exigente y pesado. No está en su movimiento ni en el pensamiento que se dispara con rebeldía. La hallo día a día, en el aliento y en la contemplación. En las sombras desmanteladas y sencillas. Está en los tragaluces que dejan al alma conmigo mismo.





sábado 23 de mayo de 2009

Necesito sexo oral. Un smodnoc urgente para Vicho.

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La boca sirve para algo más que hablar, comer, besar y sonreir. O para llevarse de niño, el dedo. Sirve para dar placer a otro(s). Su similitud con los órganos genitales la convierten en un aparejo utilísimo en las artes amatorias.

Recuerdo la primera vez que la usé y que la usaron conmigo. Fue un descubrimiento de América sin necesidad de cruzar ningún océano. Qué digo, la llegada a la luna sin necesidad de cohetes a propulsión. Sólo con los labios, paladar y lengua. Una experiencia novedosa y fascinante. Jamás había sabido que yo pudiera tener el sentido del tacto dentro de ella, que no sólo era la receptora de los sabores, la depositaria de mis papilas gustativas, sino que podía palpar, tocar, acariciar, hurgar, cosquillear y cobijar con ella.

El sexo oral, aún tiene mala fama. No es de señoritas. No es “fino”. Se puede decir casi en voz alta durante una conversación que copulamos, que “hacemos el amor”. Pero muy pocos hablamos de nuestras delirantes mamadas, de nuestras felaciones, de nuestras sopladas, de nuestros wawis o como quieran llamarlo. O como cantaba nuestra peruanísima Susy Diaz, de nuestras "tocadas de trompetas". Pues yo sí, hablaré un poco de ellas, como hablo de todo lo que me provoca:

Por un lado debo decir que es una delicia estar tendido sobre la cama -o de pie o en la posición que otros escojan- sin mover un músculo del cuerpo y que sea la pareja quien haga todo el trabajo. Voy dando instrucciones a media voz: Regulo acentos. Dictamino velocidades y profundidades. Señalo el recorrido. Digo hasta cuándo. Pero por otro lado, también es sin duda, una delicia indescriptible ser uno quien actúa en favor de su pareja y hacer con todo lo suyo, una dulce golosina, un tibio osito de peluche, un rígido y divertido micrófono, un amigable joystick, una suculenta chuleta, un útil cepillo, el nabo de la ensalada. Amenidades y satisfacciones del bilateral sexo oral.

Pero lamentablemente uno no puede irse ofreciendo como Toblerone en cualquier esquina, ni puede uno irse a cualquier pachamanca a paladear cualquier tubérculo. Ahora se tienen que tomar precauciones. La más segura para mí, que soy sumamente escrupuloso en eso, es quedarme con las ganas de irme a eventuales degustaciones...

Aunque navegando por ahí, he encontrado un nuevo método bastante seguro para evitar tomar contacto con esas cosas horribles que pueden estar escondidas detrás de tanto placer: las transmisiones y contagios. Chequeen la revolución del sexo oral: el Smodnoc. Cada uno cuesta 3,99 dólares y se pueden comprar paquetes de 20 unidades por 40 dólares. Yo, ya ordené un paquete. Lo pruebo y se los cuento.


viernes 22 de mayo de 2009

Mi trabajo es un vacilón


Si hay algo por lo que agradezco a Dios, a la Vida y al Orden cósmico, es el poder trabajar en algo que a mí me gusta. Mi trabajo es una ocupación, pero además es la realización diaria de una vocación. Y casi una diversión. Un éxtasis personal y único. Esto hace que a veces me olvide -por poco tiempo, claro- que al fin de mes, recibiré un honorario por lo hecho.

Pero también recuerdo varios años siguientes al fin de mis estudios de abogacía, con empleos aburridos y poco inspiradores, con monotonías y papelerías, con dosis inmensas de frustración, con una sensación de inutilidad y por supuesto, de poco beneficio pecuniario. Fue mi época de noviciado, de necesario pulimento, de entrenamiento profesional.

Es cierto, el hombre tiene que ganarse el pan con el sudor de su frente. Nuestros ancestros, los cavernícolas sí que sudarían mucho para cazar un mamut y así poder llevar sobre sus hombros varios kilos de carne cruda de vuelta a sus cavernas. Pero caray, cuánto se divertirían. Corretearían, saltarían, treparían árboles, lucharían cuerpo a cuerpo hasta poder asestar mortalmente la punta de sus lanzas en el lomo del apetitoso animal.

Una cosa es sudar durante el trabajo sin el sentido intenso de realización y otra cosa es sudar haciendo lo que a uno le gusta. Trabajar y hallar placer parecen dos cosas que en este mundo moderno se han hecho incompatibles.
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Yo quiero contarles lo que siento cuando estoy frente a mis alumnos. Luego de tomarles asistencia, echo una mirada a sus gestos y posturas. Sin hablar, me dicen cómo están llegando ese día a la clase. Muchos vienen de trabajar. Unos tienen la espalda arqueada y otros, los ojos casi cerrados clamando que me apiade de ellos y los saque de su cansancio estudiantil y fastidio existencial. Y ahí viene mi desafío. Mi empeño. Mi pasión. Me dominan unas ganas extraordinarias por transmitirles algo que les sea útil e interesante. Sea el tema que corresponda, él, debe tener ese mensaje nítido y palpable de que al alumno, lo va a ser mejor persona. Tengo que idear maniobras, destacar palabras y experiencias, inspirarme en segundos e invocar al Espíritu Santo para que ponga mensajes adecuados en mi boca.

Y los ojos empiezan a avivarse, los cuerpos a erguirse y las mentes a funcionar. La vida toda, la historia de la sabiduría humana, las investigaciones previas, las teorías y las experiencias de otros, se convierten en atmósfera fructífera dentro del aula.

Explico. Propongo. La comunicación fluye a borbotones. Comentan en voz baja a su compañero del costado. Las manos se levantan para preguntar. Piensan. Examinan. Entienden. No entienden. Se cuestionan. Deducen…

Y yo, feliz. Desaparezco porque soy sólo una herramienta del proceso de aprendizaje. Un facilitador de turno. Sólo una fuerza que echa a andar el engranaje de tantos cerebros juntos. Y el tiempo pasa sin sentir. Termina la sesión. La semana. Y llega el fin de mes y una suma nada imponente pero suficiente, se registra en mi cuenta de banco. Lo que otros llaman fríamente, sueldo, para mí, es además, un premio al premio que diariamente abrazo en lo más íntimo de mi corazón.

Bendito seas, trabajo mío.

jueves 21 de mayo de 2009

Y comenzó...a sacar los abrigos escondidos

Comenzó el invierno aquí en mi Miraflores de siempre. En Lima. En el hemisferio y en mí. Las nubes gordas y opacas se han apoderado del cielo y por consiguiente, del ánimo de aquellos que como yo, pertenecemos originariamente al sol y al cielo despejado. El planeta se traslada y en mi circulación, el universo cambia.

No me molesta el frío ni el témpano invisible, me fastidia la oscuridad de los malecones al mediodía. Su envoltura pierde la tonalidad y su luz. Lo mismo que me pasa a mí, a mi piel y a mis ojos.

Aún me niego a sacar la ropa de invierno. Todas esas prendas tendrán que pasar por un buen lavado y secado para quitarle ese olor a guardado y ese olor a pasado. Y aún me niego a guardar la ropa de verano, esta llena de color y liviana, esa casi incorpórea.

Pero tendré que hacer los cambios. Es inevitable. Nadie puede impedirlo, porque el planeta es libre y se renueva y no podemos huir de él. Y la vida también. Se muda, pero sigue siendo vida. Los árboles y las playas. Las calles y los amores. Los deportistas y los escritores…

Tendré que impostar la sonrisa, escondida debajo de una bufanda. Dejarme acariciar por la lana. Prender otras luces. Buscar cuerpos tibios, esos que viven en un verano eterno. Amar la playa despoblada y triste. Graduar la temperatura del alma.

Habrá que decirle, a pesar de todo, bienvenido Invierno.



miércoles 20 de mayo de 2009

Los hombres no se miran entre sí


"Los hombres no se miran a los ojos cuando conversan entre ellos" . Me quedé lelo cuando se lo escuché afirmar categóricamente a un psicólogo en su programa radial. Rápidamente me remonté a mil conversaciones de niñez en el patio y aulas del colegio, a diálogos de todo tipo con mis compañeros en la universidad, a mis entrevistas laborales, a mis pláticas familiares en los miles de cumpleaños que he asistido, a chácharas chistosas e íntimas con mis amigos varones de toda la vida y a mis conferencias y clases en mi trabajo de profesor. Me vi desde fuera, forcé mi memoria y comprobé indudablemente que siempre he mirado a los ojos. En todas esas ocasiones en mi vida, escruto mensajes ocultos, asomos, sutilezas, brillos y sombras que se manifiestan en las miradas de mis interlocutores hombres. Por tanto, evidencié una vez más, de acuerdo a la premisa de aquel psicólogo, que no soy hombre o no lo soy tanto.

Yo no miro al entrecejo, ni a las cejas, ni a la nada. Miro directamente a los ojos sin temor ni reservas. No me importa que les parezca sospechosa mi mirada o mi masculinidad. No me afecta ser visto como una rara avis, un interlocutor peligroso o que ponga en jaque a quien tenga en frente de mí.

Por más que una mirada sea limpia en su origen puede cuestionar y escudriñar. Conecta y afianza. Apuntala y acerca. Centra la atención. Acaricia y obsequia confianza. No entiendo por qué los hombres tienen que perderse todo este caudal minucioso y cálido en la comunicación, ni por qué comprimirse en sus sentimientos con gestos imprecisos y lejanos.

La instrucción y advertencia dadas a los niños varones, provenientes de sus mismos familiares, pares y de la sociedad entera, parece haber sido específicamente: no llores nunca, no mires a los ojos, no te dejes dislocar jamás, sé hombre bien hombre, no sientas ni hagas sentir.
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Lo que le faltó decir al señor psicólogo -y yo lo digo sin serlo- es que ahí está posiblemente la causa de tanta desolación hombruna, de tanta incomunicación masculina, encierro emocional, intransigencia y desconexión en sus vidas.

Sin lenguaje. Sin palabras ni miradas eficaces entre ellos, los hombres morirán sin ser verdaderamente hombres.

martes 19 de mayo de 2009

Ustedes cuando aman - Gracias Benedetti

Ustedes y nosotros
de Mario Benedetti
( 1920 -2009)
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Ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial,
nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual.
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Ustedes cuando aman
calculan interés
y cuando se desaman
calculan otra vez,
nosotros cuando amamos
es como renacer
y si nos desamamos
no la pasamos bien.
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Ustedes cuando aman
son de otra magnitud
hay fotos chismes prensa
y el amor es un boom,
nosotros cuando amamos
es un amor común
tan simple y tan sabroso
como tener salud.
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Ustedes cuando aman
consultan el reloj
porque el tiempo que pierden
vale medio millón,
nosotros cuando amamos
sin prisa y con fervor
gozamos y nos sale
barata la función.
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Ustedes cuando aman
al analista van
él es quien dictamina
si lo hacen bien o mal,
nosotros cuando amamos
sin tanta cortedad
el subconsciente piola
se pone a disfrutar.
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Ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial,
nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual.

lunes 18 de mayo de 2009

Mi vieja y nueva Rosa.


Por la tarde del sábado, Rosa me llamó por teléfono invitándome a una pequeña reunión por su cumpleaños. Ella vive en un bello penthouse que ella misma, por ser arquitecta, diseñó ladrillo a ladrillo. Apenas llegué aquella noche, ella me abrazó y me dijo -bienvenido-

Rosa es una antigua compañera de colegio. Estuvimos muchos años sin vernos, sin saber el uno del otro. Mejor dicho, sin nadie saber de nadie. Todos los de mi clase hemos sido muy ingratos. Cada uno por su lado. Y fue gracias al Facebook que he empezado a recuperar contacto con algunos. En dos oportunidades hemos salido a cenar un pequeño grupito, muy cerrado, muy “argolleros”, muy amigos. En plena plática llena de recuerdos, chistes, chismes y actualizaciones de sus vidas personales, Rosa, en un momento a solas y en tono muy bajito, me comentó: -yo vivo con mi pareja, no sé si me entiendes- , -claro que te entiendo Rosa- le contesté acariciándole suavemente el hombro y haciéndole una especie de guiño muy cómplice, muy maricón.

A pesar de que hubo varios invitados muy juguetones, todos del mismo gremio, todos hombres y emparejados, todos tomados de la manito; en un momento, muy ceremonial y afectuosamente me presentó oficialmente ante todos, como su entrañable compañero de colegio. Pero muy especialmente, ante su pareja Mary con quien convive hace 8 años. Una mujer de nuestra misma edad, también profesional, de gesto circunspecto pero afable, muy segura en cada una de sus pocas intervenciones. Pero también, busqué la oportunidad de conversar a solas con Rosa sobre nuestros asuntos más íntimos, más puntiagudos y que nunca habíamos hablado. Se alegró de que mis papás supieran de mi orientación, me comentó que prefiere mil veces reunirse con hombres gays porque ni ella ni su pareja se sienten cómodas con otras mujeres lesbianas. Y se enfureció que yo tuviera rondándome sólo candidatos insulsos e inconstantes, inmaduros y corrientes.


Rosa es extremadamente atenta y detallista mientras departe. Mira fijamente a los ojos. En eso no ha cambiado desde niña. La recuerdo ligeramente huidiza pero risueña y muy comprometida con sus amigos más cercanos. Ella me prestaba su pluma de punta finísima para hacer mis comprimidos para el curso de Física cuyas fórmulas nunca pude memorizar. Siempre fue serena pero algo en ella se iba abriendo: un carácter resuelto y perturbador, un afán de ir contracorriente y una búsqueda por hacerse de un lugar gris en este mundo de blancos y negros.

Insiste que a partir de ahora, formaré parte de su círculo de amigos, que me invitará a sus reuniones y dice que falta ponernos al día en mil asuntos pendientes. Particularmente me hizo cerrar un pacto. Un intercambio: yo le asistiré moralmente en lo que se le viene: conversarlo de una vez por todas con su madre que es viuda y adolece de una hipertensión arterial emotiva. Y ella, me presentará a quien dice será, sin dudar, mi compañero de toda la vida, un hombre de verdad, no un pelele como los que abundan.

Su inminencia y determinación, suena divertida. Estaré a la espera, querida Rosa.

sábado 16 de mayo de 2009

¿Un Alfa gay?

Les presento a los Alfa. Son los A-gays. Con dinero, exitosos, educados y cómodos consigo mismos, se están convirtiendo en el nuevo arquetipo de la masculinidad cosmopolita. Son los urbanos hombres de los hombres. No llevan consigo ruidosos perritos miniatura ni habitan hoteluchos en Fort Lauderdale; más bien, tienen perros labradores y son dueños de residencias con cuatro dormitorios en Sag Harbor. En vez de parar de “cruising” por bares gays, viajan a menudo a estaciones suizas de invierno como Gstaad o a TED conferences, es decir, aquellas con contenidos de tecnología, entretenimiento y diseño. Asisten a festivales de cine con Zooey Deschanel.

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No desean ser parte de ningún tipo de grupos de closet o pandillas envueltas en terciopelo y brillos. Sus trajes Savile Row son impecables. Jamás compran ropa colgada en perchas de grandes almacenes y amueblan sus casas con bellísimas piezas de colección como las de Claude Lalanne.
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Ellos conducen sus Lexus híbridos cuando se dirigen a sus clases de autodefensa Krav Maga. Leen cuatro diarios por día, incluyendo el Wall Street Journal, simplemente porque son envidiables emprendedores y son sus propios jefes; no son empleados de nadie. A menudo son atléticos, nunca, reinas de los esteroides. Y pueden rodearse de “acompañantes” mucho más jóvenes que ellos, sin parecer viejos espantosos. Los artistas y fotógrafos se les acercan con sus últimas obras. Los comités de todo tipo de caridades les ruegan para que sean sus patrocinadores y pertenezcan a sus consejos de administración. Suelen tener sus propios portafolios de presentación con sus intereses que no son solamente gays o relacionados al tradicional tema SIDA. Algunos, como una pareja en New York, en la que uno es abogado y el otro es chef, no son simples ni eventuales espectadores de la ópera, son más bien sus benefactores. Otros, sólo se rodean de círculos Wasp, que son las iniciales de “blancos, anglo-sajones y protestantes”.
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Aún, aquellos A-gays con niños adoptados, son capaces de encontrar tiempo para perfeccionarse y transformarse constantemente en los más saludables, estilizados y mejores versiones de sí mismos. Las barreras culturales que en alguna época los vedaban, han sido derribadas; pero en vez de enarbolar banderas de arco iris, ellos mantienen una sutil privacidad en torno a su sexualidad. Viven “afuera”, pero sin gritarlo a voz en cuello. Son orgullosos pero discretos, han trascendido su “gayicidad” en la misma forma en que Obama ha trascendido su propia raza.

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Y de seguro, empezará la discriminación entre los mismos gays. Hoy no basta ser un gay cualquiera, hay que diferenciarse del resto. Se ha consolidado una nueva aspiración: ser un Alfa gay. Un nuevo closet social; más exquisito, claro. Una nueva legión de hombres. Una nueva forma to be oneself. Nada de low-price gays. Nada de montones igualados.
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¿Qué dices? ¿Wanna be one of them?

viernes 15 de mayo de 2009

Una razón brillante para casarme



Estoy muy contento de ser varón. Nunca he deseado ser mujer, ya lo saben bien. Pero también es cierto que hay algunas razones por las que sí quisiera serlo. Aquí va una:

Hace un par de días acompañé a mi amigo Marquito a comprar el anillo de compromiso para su futura esposa. Llegamos, previa cita, hasta una oficina a puerta cerrada donde un señor, nos atendió muy amablemente.

- ¿En qué puedo servirlos?
- Ambos respondimos entusiasmados y a coro: Venimos a comprar un anillo de compromiso.

Definitivamente lo que sucede es que mis amigos me quieren mucho y me necesitan cerca, especialmente durante sus grandes acontecimientos personales. Ese era uno de ellos. Además, ellos confían mucho en lo que califican como mi buen gusto. He acompañado a amigas y amigos a comprar bikinis, pintura para su dormitorio, zapatos, corbatas, ramos de flores. Les he asistido en sus nuevos cortes de pelo y hasta en sus sesiones de tatuajes ocultos.

Pero no puedo negar que ésta era una situación un poco insólita. Dos hombres comprando una joya. Hablando afanosamente sobre engastes y modelos, de kilates, de oro amarillo, rojo y blanco; de platino y cintillos. Era primera vez que lo hacíamos. En el momento en que el joyero exhibió el brillante sobre un tapete de terciopelo rojo, simplemente me quedé embelesado. Un silencio en toda la habitación duró casi un minuto. Su brillo casi me deja ciego. Una esotérica corriente me atravesó el cuerpo y una dicha irreconocible se apoderó de mí.

Era precioso. Parecía un minúsculo sol en medio de una galaxia oscura y fantástica. Me lo imaginé en mi dedo anular desguarnecido donde según la leyenda existe una vena que va directamente al corazón. Comprendí a las mujeres; y la verdad, es que en ese instante quise ser una. Lo reconozco. Me trasladé inquietamente al momento de la entrega, de la llamada "pedida". Y es que debe ser sublime y emocionante que quien te ame, tome tus manos tiernamente y mirándote a los ojos ponga un símbolo tan hermoso. Un pedacito de la Belleza y Eternidad de la Naturaleza en tu dedo como contraseña de la belleza y eternidad del Amor que te tiene. Sellar un compromiso de por vida con un diamante es sellar luminosamente la sustancia de dos personas que se aman.

Quisiera casarme sólo para recibir un diamante. Quiero una roca en mi dedo. ¿Alguien por ahí se anima? Puede ir averiguando y comprarlo
aquí

miércoles 13 de mayo de 2009

Vivo en una vidriera de Castro St.

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Llegar hasta Castro Street fue inesperadamente para mí una experiencia única. Diría yo: una especie de extraño rito personal, de escrutinio elemental de esa parte de mi vida que no siempre puedo explicar bien. ¿O fue un sacramento de Confirmación?

Para remate, eran los días previos a la entrega del Oscar donde “Milk”, era una de las favoritas, por lo que un aire fenomenalmente de orgullo, nostalgia y curiosidad se respiraba en todo Eureka Valley. Además de su ondulación física, señal de nuestros típicos serpenteos gays; además de sus banderas del arco iris asomándose por todo lado que simbolizan nuestra diversidad y colorido, me sentí especialmente atraído por sus vidrieras. Las tiendas alrededor del cruce de Castro con las 18 parecían hechas por mí y para mí.

Recorrí en silencio pero acaloradamente uno a uno los escaparates. Los miré y percibí. Sentí fluir mi sangre. Había en aquellos locales un evidente soplo de dramatismo y enajenamiento, un áurea de disipación y sensualidad. Son despercudidos y dulcificados a la vez, artísticos e idealistas. Me transportaron directamente al éxtasis y a la contemplación.
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Es que es esa precisamente la motivación latente que tengo al escribir: el expresar, ventilar y a la vez, vender u ofrecer una forma de vida que es la única que conozco. Es ubicarse territorialmente en la inmensidad de la sociedad y en el tiempo. Es decir imperiosamente, eso es lo que somos, lo que consumimos y lo que puede inquietar a los que pasan por aquí, pero no me importa. Tómalo o déjalo.

martes 12 de mayo de 2009

Recordarme de estar alegre

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En muchas ocasiones he afirmado que soy un hombre substancialmente triste: a pesar de que los que me conocen, siempre me identifican como alguien de sonrisa en los labios, de carcajada fácil, de ánimo dispuesto y chistes ocurrentes. No vivo amargamente, es cierto, pero sí, estoy consciente que llevo en el alma una sombra eterna que oscurece muchas de las cosas que hago. Es una cuestión de personalidad, de temperatura, de genes, de talantes penosos, de mi desactualizado software personal.

Es por tal motivo que ruego reiteradamente el auxilio y mediación de Dios en mi vida. Recurro a Él para que me dé alegría de vivir. Que me mantenga sencillamente alegre. Él lo puede hacer. Claro que lo puede. Aunque atraviese por días deslucidos e insoportables, aunque haya nudos profundos que me corten la respiración, aunque tenga en mi vida razones evidentes para echarme a llorar; pido que en lo posible, convierta mi agua en vino.

El mandato de San Pablo es claro y tenaz: estén siempre alegres en el Señor; se los repito, estén alegres. Según el texto de Sofonías, Israel lanza gritos de gozo, se alegra y exulta de todo corazón porque Dios está en medio de el y ya no teme. E Isaías, en el Salmo, nos invita a dar gritos de gozo y de júbilo. Entonces, ¿Cómo incorporar esta alegría en la Vida?

Que me dispensen los teólogos si me equivoco: un Dios que no es alegre, no es un Dios.

Un padre hace hasta lo imposible por ver reír y conservar animoso a su hijo pequeño amado. Le comprará juguetes, le llevará al parque del barrio o al mejor parque del mundo Disney; y si fuera posible lo llevaría a dar la vuelta al mundo en 80 días y seguidamente lo convierte en astronauta para que visite el universo entero. Si eso hace un padre aquí en la Tierra, ¿Qué no hará el Padre del Cielo?

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Dios nos quiere alegres. Alegres de verdad. No hablo de buscar la sonrisa fácil ni tonta. Ni de la diversión comprada y efímera. Mucho menos de la embustera evasión o la negación del sufrimiento. Me refiero al fruto de la convicción que Dios está con nosotros, que no somos unos huérfanos ni expatriados, unos abandonados a la suerte ni unos pobres mártires soltados al centro del ruedo para que se nos coman los leones.

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Llámenla Alegría cristiana. Titúlenla sobrenatural. Denomínenla Milagro. Adjetívenla locura. No importa. Es para mí, la única forma de salir al encuentro, de continuar, de vivir.

lunes 11 de mayo de 2009

Mi Viernes egoísta.



El viernes último por la noche yo había planeado quedarme en casa. Ando enviciado con las temporadas de Friends que me las veo una tras otra golosamente aunque me ría de los mismos chistes y diálogos, pero por teléfono el “susodicho” me puso una vocecita de niño engreído y cautivador con la que poquito a poquito fui cediendo. Insistió en salir a bailar, en hacer algo movido ya que había tenido una semana muy estresante en el trabajo por lo que necesitaba parrandearse un rato. Sus músculos se lo pedían. Su ánimo también. Además, quería hacerlo conmigo. Me llegó a convencer. Me aliste en 10 minutos.


Lo que me gusta de Javi es que es puntual. Con exactitud sorprendente estuvo a la hora indicada, alertándome al nextel para que bajara.

Al entrar al carro, antes de mirarlo siquiera, me llegó a la nariz con la velocidad de una radiación, su perfume. Es simplemente delicioso. No me quiere decir el nombre porque dice sonriendo que es uno hecho exclusivamente para él. Es mentira obviamente, lo que sucede es que no quiere que yo salga corriendo a comprarlo o encargarlo al extranjero y me copie su aroma, que es sencillamente arrollador. De verdad lo es.

Paseamos un rato por la costa verde, subió por el puente de Chorrillos y regresó a Miraflores. Fueron unos cuarenta minutos en que yo, apenas hablaba. Sólo le escuchaba. Él mientras tanto soltaba carcajadas, me contaba de sus acostumbradas anécdotas en el trabajo, me palmeaba la pierna izquierda para pedirme que yo decidiera dónde quería ir.

-Cualquier cosa, menos bailar- sentencié

Bueno.Terminamos en un localcito situado apenas a tres cuadras de mi casa donde uno va a tomar únicamente vino. El clima del lugar es inspirador. Es uno de esos bares en que uno se abstrae de todo y todos y se puede concentrar fácilmente en quien uno tiene delante. No hay música ni desplazamientos, ni luces ni gentíos que aturdan las sintonías y ritmos propios de cada mesa.

En la nuestra, a partir de una afirmación mía, el aire empezó a enrarecerse. Sé bien que a Javi le debe haber hincado con un alfiler en el cuello. Lo hice a propósito.

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- No sé si te habrás dado cuenta, pero no tengo muchas ganas de hablar- le asesté.

No quería hablar de una relación, ni del tipo de amor que tenemos, ni de sentimientos que tenemos los gays de ahora, ni de parejas, ni proyectos, ni nada. En estos momentos ando aleatorio, confuso, tornadizo, inseguro, escurridizo y por encima de todo, ocioso.

Una noche ideal con Javi hubiera sido quedarme en su depa, desnudos en un sillón de terciopelo que tiene en su sala, sin hablar de nada, ni moverme mucho, oliéndole el cuerpo embalsamado con ese perfume sin nombre que usa y al final, eyacular en silencio. Finalizada la función y extinguida la sensación, darme un duchazo de agua caliente y meterme a la cama para terminar de ver la sexta temporada de Friends.

Anodino, ¿no?
Egoísta, ¿no?
Utilitarista, ¿no?
Superficial, ¿no?


sábado 9 de mayo de 2009

Te amo distinto, Mamá

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Te veo más vieja, Mamá. Y claro que me inquieta. Tu vejez es también un poco mía. Ahí estoy yo. Tu trajinar cuidadoso al subir las escaleras, tus arrugas antes de maquillarte, la piel de tus manos más suave que nunca; son las muestras certeras de que hemos vivido juntos. Y mucho. En cada uno de esos testimonios están impresos también mis años.

Te comprendo menos. Una nube peregrina me desvía insondablemente de ti. No usamos las mismas palabras, tus pensamientos están en otros mundos que a veces no entiendo. Reímos poco de lo mismo. Escucho tus preocupaciones y no me abruman tanto como a ti.

Pero debo escribirte que ciertamente, te amo más. Pero además, te amo distinto. Con códigos silenciosos que sólo tú y yo ahora podemos leer. En tardes de quietud y en mimos recién inventados, tu presencia es suficiente. Tus abrazos son más delicados y más poderosos, con un inconfundible sabor a bienvenida y de reservada despedida.

Cada día te amo más porque cada día amanecemos diferentes. Vamos cambiando, mamá. Nadie lo nota, sólo tú y yo. Pero con el atributo de que no nos marchitaremos jamás. Para ti, siempre seré tu indefenso bebé. Para mí, tú siempre serás mi tibio regazo. Tú y yo, seguiremos siendo cómplices amorosos y torpes constructores de nuevos puentes, de inagotables y empinados caminos por recorrer.

Te amo Mamá, en estos nuestros días singulares y te amaré en lo que llaman eternidad.







viernes 8 de mayo de 2009

Aún rezo el Rosario. No me importa que no me entiendan.

Estamos en el mes de María. No puedo evitar que me vengan a la memoria mis años juveniles, en los que cada sábado del mes de Mayo, a las 6 de la mañana, salíamos a recorrer las calles aledañas a la parroquia cantando, guitarra en mano, el Rosario, llamado de la aurora. Era un amanecer diferente, especialmente para alguien tan perezoso como yo: con los ojos un poco cerrados aún, con el rocío de la mañana en los árboles y en las mejillas, con la medialuz en el cielo y con el brillo en el alma, pero especialmente con la Virgen María en el corazón.

Rezar el Rosario, sigue siendo para mí, un acto difícil de explicar. Especialmente ahora, que muy pocos lo entienden y lo quieren entender. ¿Qué es eso de repetir y repetir una misma oración? Para ser breve, es un acto de amor. Y los actos de amor muchas veces no se pueden explicar. Yo, lo hago porque sé que le gusta a Ella. Porque prefiero regalar muchas rosas en lugar de una sola. Porque me siento incorporado docilmente en una tradición milenaria. Porque me siento en comunión y acompañado con los millones de seres incomprendidos que aún tenemos un rosario cerca. Porque en vez de pensar en tonterías, prefiero pensar en María.
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Contigo María.
Y con todos los que te amamos...
Contigo, a cualquier hora del día.
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jueves 7 de mayo de 2009

Si no te gusta, no aceptes.


Hace unos años atrás, nos ofrecieron en venta una bonita casa dentro de un balneario al sur de Lima, en la ya tan reconocida y ansiada, Asia. O debo pronunciar, Eissia.
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Luego del entusiasmo, del cotejo pertinente y poco antes de iniciar la negociación, pude tener acceso al reglamento del balneario, que es rigurosamente exigente para cualquiera que quiera incorporarse. Funciona como todos los de la zona, con normas a manera de Club Privado.
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Y me di con la sorpresa que en entre sus decenas de reglas de la asociación, había una en particular que iba en contra de mi “estructural” forma de ser, vivir y disfrutar. Ni en la fachada del inmueble ni en ninguna de las áreas externas podía usarse otro color que no fuera el color blanco. Tampoco podía usarse otros materiales de construcción que no estuvieran contemplados por dicho reglamento.
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¿What? ¿Era un atentado contra mi libertad de matizar los colorinches que a mi me gustan tanto? ¿Qué era esto? ¿Una imposición arbitraria? ¿Una tiranía? ¿Un recorte a mi derecho de propiedad?
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No. No way. El vendedor, con absoluta honestidad y escrupulosidad me contestó algo que tiene mucho de verdad. Si deseas una casa en ese balneario, esas son las reglas. Si no te gusta, pues te buscamos otro donde se permita pintar tu casa con los colores que te dé la gana. Pero no en éste.Lo siento.
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Así son las agrupaciones humanas. Así es la vida. Hay Libertad para aceptar o no. Pero no para imponer a los otros mis propios gustos, estilos y condiciones.
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Claro está, finalmente no consumamos ninguna compra.
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miércoles 6 de mayo de 2009

Querido Padre Alberto Cutié


Tengo la necesidad de comentar algunas cosas con respecto a la crónica que ha dado la vuelta a América latina: “Sorprenden al Padre Alberto Cutié con amante en playas de Florida” quien por cierto conocí personalmente en uno de mis pasos por Miami.

1. Por si acaso, no voy a condenar al Padre Alberto. En primer lugar, porque no ha cometido ningún delito. Enamorarse no es, ni será jamás un delito ni una inmoralidad, ni tampoco lo es, el expresar el amor, el echar a andar nuestro bendito cuerpo para exteriorizar una bendita pasión. Todo lo contrario, son para mí la esencia más bella del ser humano y los sacerdotes católicos son, a pesar de que algunos lo olviden, seres humanos.

2. No es ningún escándalo. A mí no me espeluzna ni atropella mi tan enraizada Fe. Ésta no depende del comportamiento de los demás para hacerse única y real. Mi Fe está enganchada de otras experiencias personales con Dios mismo, de otras revelaciones inequívocas en mi vida.

3. A pesar de los muchos casos semejantes que sabemos bien que hay por todo lado, debo decir que un incidente como éste no pone en tela de juicio como algunos dicen, el Celibato sacerdotal de la Iglesia Católica. No es el todo. No podemos a partir de este caso, generalizar. Hay muchísimos sacerdotes felizmente célibes. No por ser el Padre Alberto una figura pública y reconocida y estimada, tiene el poder de alterar las normas que él mismo aceptó voluntariamente.

4. Yo no soy nadie para tildar, cuestionar, debatir o desvalorar una elección personal como es el Celibato. Por una sola razón: porque yo no soy sacerdote. Jamás lo hubiera podido ser, porque yo de célibe, tengo poquísimo o nada, o es lo más alejado de lo que sé que soy. Un disoluto.

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5. Pero lo que sí tengo es una especie de tristeza. Porque sé que a partir de este bullicio mediático, este sacerdote y otros miles de ellos en el mundo, deben estar sufriendo mucho: Sufren los que se ven confrontados con una regla obligatoria que es trabajosa de cumplir cuando constatamos que no hay nada obligatorio para nuestros corazones, pero sobre todo, sufren los que sí cumplen fiel y verdaderamente esta pauta del Celibato, porque creen en él como la posibilidad concreta y como un don de su sacerdocio para permanecer con un corazón indiviso en Cristo.

6. Una vez más lo digo, aunque me tachen de inflexible. Busco la simpleza de nuestros designios personales: Yo no puedo hacer lo que me da la gana cuando previamente he aceptado voluntaria y libremente una regla que me impide hacer lo que me da la gana. Si lo hago, atropello los derechos de los demás y los míos propios, afecto mi coherencia. Hago daño. Me hago daño. Hoy, el Padre Alberto ha tenido que pedir
perdón por sus actos. Lo cual lo enaltece una vez más como hombre.

7. Un chisme sin confirmar: No es improbable que el Padre Alberto haya estado pensando o intentando tramitar su dispensa de la obligación del celibato pero que se la hubiera estado negando su propia Diócesis. No lo sé. No se sabrá. Es una posibilidad, de lo contrario, no entiendo cómo él haya resuelto exponer su relación amorosa con tanto desparpajo en lugares públicos de la ciudad de Miami donde él era párroco.

Querido Padre Alberto Cutié:


Te aliento en estos momentos difíciles. Que de todo esto, nos quede la lección de amarnos por encima de nuestras incoherencias, de nuestras faltas, de nuestros errores y torpezas, de nuestros desperfectos, de nuestras mil andanadas, de nuestras azarosas humanidades, tal como nos ama nuestro Padre Dios. Ahí está el mensaje evangélico que tú muy bien te encargabas de divulgar.


Un abrazo muy fraternal,
Vicho

lunes 4 de mayo de 2009

A volar, cuervo



Una vez volaba un cuervo por el cielo llevando en su pico un trozo de carne. Otros veinte cuervos se pusieron a perseguirle y le atacaron sin piedad.
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El cuervo tuvo que acabar por soltar su presa. Entonces, los que le perseguían le dejaron en paz y corrieron, graznando, en pos del trozo de carne.
Y se dijo el cuervo: “Qué tranquilidad….! Ahora todo el cielo me pertenece”
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Habrá que ir pensando qué trozos de carne debo soltar para apoderarme del cielo entero. Aunque me haya costado mucho trabajo obtener aquella ración de felicidad y crea que me corresponde, habrá que desprenderse de ella. Todo sea en pos de mi celeste tranquilidad.

sábado 2 de mayo de 2009

Hago lo que puedo. ¿Ok?


Hace ya bastante tiempo me he impuesto la máxima de no contestar ligeramente "haré lo posible". Este tipo de argumento con un tufo a subterfugio y disculpa es poco más o menos, decir un "No haré nada". La frase dicha, que podría tener el encanto de ser una promesa y un compromiso firme, ha perdido todo su valor entre todos. El indicar a alguien o a nosotros mismos: "haré todo lo que puedo" está totalmente desprestigiado.

Ahora me interesa que eso esté implícito en cada uno de mis ofrecimientos y votos, en todas mis palabras. Todo lo que puedo hacer, lo haré. Lo que esté en mis manos, lo haré.

Esta convicción personal, tácita, me da muchísima tranquilidad y equilibrio. Hace ya varios años que me sirve de guía y de estilo de subsistencia. Mi consciencia diligente es la primera en informarme cuando estoy frente a algo que no puede resolverse, que no está bajo mi control y que de verdad, no podré hacer:

Estudio todo lo que puedo, aunque los resultados finalmente no sean los esperados. Ahorro todo lo que puedo, aunque siempre me falte dinero. Me muerdo la lengua todo lo que puedo, aunque siempre termine diciendo pachoteadas. Me cuido todo lo que puedo, aunque al final siempre verifique que incurrí en excesos. En conclusión, me amo todo lo que puedo. Más, no puedo hacer.
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Detesto utilizar aquellos descargos como no pude, no tenía escapatoria, era lo único que quedaba por hacer, mis circunstancias me excedieron, nadie sabe lo de nadie, el problema era más grande que yo…No. No quiero justificarme ante nadie.

Eso lo sé yo, no tengo que decírselo a nadie. Eso lo conoce Dios. Eso basta.

viernes 1 de mayo de 2009

Lee esto Javi y hoy no llames por favor



Lo siento Javi...



El celu está desconectado. El msn cerradísimo. No estoy para nadie. Apenas estoy para mí. Y con eso es suficiente.

Hoy, quiero dormir sin límites hasta que me queden las marcas de los dobleces de mi almohada en la cara, hasta que me llamen apuradamente desde la cocina para almorzar. Pero seguidamente se enterarán que no abandonaré el boxer ni la camiseta ni la habitación casi totalmente oscura que tengo gracias a mis persianas tan efectivas.

No habrá media mañana ni mediodía. La tarde será un solo bloque abrazado a la noche que aguarda. Mi reloj de pulsera se ha caído por detrás de la mesita de noche y no lo he recogido, se quedará ahí hasta el día sábado. El reloj despertador está desenchufado, exactamente como me mantendré todo el día de hoy.

Es 1ero de Mayo, el Día del trabajador ¿No?
¿Habrá alguna mejor forma de celebrar este día que destinando el mínimo de energía para la nada?

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A ser mitad marmota caligata, mitad oso de anteojos. Mitad medusa de tierra, mitad escultura de arena. Mitad momia mitad fósil.

Ah y por si acaso, soy muy feliz así. No lo dudes.

Si deseas, llámame el sábado por la tarde a ver qué hacemos. Besitos, bye.
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