sábado 31 de octubre de 2009

Solitario feliz, se los juro.


¿Qué sería de mí si fuera uno de esos que necesitara urgentemente de una pareja para sentirse y ser feliz? Sería yo un pobrecito desgraciado. Un despojo disecado en la ciudad y en mi colorida habitación. Una hoja seca acarreada por el viento a lo largo de todas las calles agitadas e indiferentes. Menos mal que hay otras resoluciones íntimas que me empujan, otros sueños que me circundan la mente y otros amores que me maravillan y oxigenan los poros.

Nadie me cree cuando confieso abiertamente que soy feliz aun estando solo. No porque sea un misántropo o un renegado de la actividad amatoria exclusiva. Todo lo contrario. Sigo siendo un romántico. Sueño. Imagino. Conjugo el verbo amar en modo condicional.

Pero quiero contarles que voy por las calles paseando con las manos dentro de los bolsillos, sintiéndome a mí mismo, secretamente acompañado por mis amores que duermen acurrucaditos en mi pecho acelerado. Miro rostros amando sus miradas, observo otras manos. Me disuelvo entre miles de transeúntes que imagino de nadie, como yo.

Estoy flanqueado por todos, por fantasmas y besos nunca dados, por alucinaciones e idilios rotos, por nubes que se amaron en el cielo y en la orilla del mar. ¿No son esas buenas compañías?

Estoy bien, créanme. No estoy para dar lástima. Acabo de tomarme el pulso, de sentir mis palpitaciones y aún tengo un corazón marchando bien.

viernes 30 de octubre de 2009

Empezó el futuro.

¿Alguien, treinta años atrás, se imaginaba la revolución del Internet en nuestras vidas diarias? ¿Qué nos esperará en el futuro? Nuestros nietos, -en mi caso es un decir, claro- vivirán en otro mundo, uno más fantástico aún. Si para algo me gustaría ser inmortal es para ver precisamente esos cambios que se suscitarán en el mundo. Descubrimientos científicos, adelantos, progresos y sobre todo, cambios de mentes y paradigmas sociales. Ojalá todos ellos, simplemente para que sea más factible y cómodo y pacífico y tolerante, vivir en sociedad.

El Amor como sentimiento, ese simple y humanísimo, no desaparecerá por los siglos de los siglos. Quedará intacto. Irán apareciendo más bien, nuevas formas de manifestarlo que hoy no tengo ni idea y saldrán a la luz otras, aquellas que también por siglos permanecieron en las catacumbas y en las mentes oscuras.

Gracias doy a Dios por verlas. Y como siempre digo, si usted aún no está acostumbrado, entrénese, acostúmbrese para ese futuro…

miércoles 28 de octubre de 2009

Tetona

Dios mío, en un momento pensé que este automovil tenía vidrios de aumento...


martes 27 de octubre de 2009

¿Y tú Vicho cuándo te casas?

En plena recepción, proveniente de un amigo de mis papás y rodeado de varios invitados, , me llegó el disparo en voz alta:
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-¿Y tú Vicho, cuándo te casas?.
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Además, aquel irritante preguntón, me había visto hacerle cariño como siempre se lo hago a mi sobrino y añadió:
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-He visto que te gustan las criaturas, ¿cuándo te animas a tener tus propios hijos?-
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Sonreí, porque me hizo recordar alguna época pasada en la que me llegué a acostumbrar a ese tipo de interrogatorios. Mi cerebro en cuestión de segundos, escaneó las respuestas cordiales, guardadas en su memoria y para salir del paso, le contesté:
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-¿Hijos? La verdad es que soy un mal padre, porque supongo que debo tener varios dispersos por ahí, sin reconocer. ¿Matrimonio? Cuando me case, no va a ser un suceso público sino ubo entre mi pareja y mío.
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Se logró notar mi fastidio y cierta acidez en mi respuesta.


Estos intrusos e intrusas se atreven a inquirirle a un hombre. Pero ya sería mucha desfachatez e insolencia el preguntárselo a una señorita. Es algo así como que el hombre tiene la facultad de decidir cuándo instaura una familia y de reproducirse, en cambio, una mujer soltera, no. A ellas no le preguntan nada de eso, porque no está en sus manos el poner fechas a su cambio de estado civil ni a su estreno en la maternidad. Ellas están sujetas a circunstancias del azar y a la buena voluntad de caballeros que la rodeen.

Esos mismos entrometidos son los que preguntan a un par de novios, cuándo se piensan casar, o preguntan a un par de esposos cuándo piensan tener hijos. El mundo está poblado por impertinentes. Hasta ahora algunos señores y señoras no se han enterado que esos asuntos corresponden a la esfera privada. Aún no saben que ha sucedido un divorcio entre lo que espera “la sociedad” de cada individuo y lo que cada individuo hace con sus huesos, pellejos y cartílagos.

Sociológicamente, el mundo prospera a perder interés en esos aspectos íntimos de los semejantes. Poco me interesa qué comió fulanito el viernes pasado, de igual forma, poco me interesa si piensa tener hijos, si piensa casarse o simplemente fornicar con el portero de su edificio o con su secretaria. Son temas intrascendentales y desacertados para ser contenido de una conversación.

La próxima vez que me pregunten algo así, me abriré la bragueta y le pediré a mi interlocutor que dialogue con mi vecino de abajo. Este decidirá si le cuenta o no, sobre su vida y milagros, sobre su trayectoria y planes a futuro.

lunes 26 de octubre de 2009

Este próximo Halloween, calato.


Este año he decidido no celebrar Halloween de forma tradicional. No quiero disfrazarme de nada. Ya bastantes años lo he hecho y basta.

El año pasado, a tanta insistencia de unas amigas asistí a una de las fiestas organizadas más concurrida y famosa de la ciudad. Me habían contratado un disfraz que desde que me dijeron cuál era, yo tuve mis serias dudas. Terminé disfrazado Pedro Picapiedra.

Me moría de frío con la especie de vestido sin mangas. Los pies se me congelaron porque no me imagino a Pedro Picapiedra en zapatillas ni con medias de deporte, por lo que estuve toda la noche con unas sandalias lo más cercanas a un estilo cavernícola. Y lo que es peor, mis brazos flacuchos sencillamente daban risa. La gente me miraba y murmuraba. Lo noté. No faltó aquel atrevido que con una sonrisita cuidadosa pero sin faltarle el tonito burlón, me dijo que yo era un Pedro después de una dieta, con bastantes kilos de menos.

Durante toda la noche me sentí ridículo. Apenas bailé algunas piezas por vergüenza a exponerme en medio de los cientos de alegres y entusiasmados hombres y mujeres ataviados de mil cosas y oficios. Había monstruos sofisticados, odaliscas, enfermeros, pastores y ovejitas de cuento, ratoncitas y diablitas muy sexys, motociclistas y ochenteros. Y yo, en mi mesa, en un rincón, tiritando de frió y sintiéndome el cavernícola más risible y penoso de toda la historia de los dibujos animados.
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Yo, de Pedro Picapiedra no tengo nada. En ocasiones podrá ser divertido, pero en general, me parece un personaje atorrante y despreciable. Machista, caprichoso, inseguro, insensible, rústico, torpe y ramplón. Pues ahí estaba yo aquella noche de brujas. Doblemente disfrazado. Alterado y con ganas de meterme debajo del mantel.

No tengo ningún problema de convertirme en el hazmerreír, que me tilden de lo que quieran o de que se burlen de mí. Siempre y cuando sea por algo que soy en realidad. Al contrario, eso refuerza mi disposición a mostrar lo que otros no aprecian y reprochan.

Disfrazarse es tomar un personaje con quien te sientas cómodo, que refleje tus propias caricaturas íntimas, tus propias parodias de ánimo; hacer de tu vida una historieta voluntaria y consecuente. Protagonizar tus quimeras y fantasías, ser atrevidamente lo que inconscientemente quieres ser.

Sí, éste 31 de Octubre saldré desnudo a una fiesta que me estoy animando a asistir. Me congelaré aún más, pero con gusto. Calato como vine al mundo y como ahora, me expongo en este mundo. A ver si se ríen de mí...

sábado 24 de octubre de 2009

Crecer, soñar, pensar, amar y morir en silencio


Hace poco leí sobre los tuaregs, ese pueblo bereber o amazic que vive en el desierto del Sáhara, y que se desplazan según las necesidades de sus animales y las suyas propias. Y me apresó el leer sobre la relación que ellos tienen con el silencio que aporta el desierto.



A más años que acumulo, más aprecio el silencio. Dicen por ahí que es un síntoma de la adultez. No sé a qué se deberá. Pero poniendo mi mirada en las cosas más sustanciales de nuestra vida, me doy cuenta que éstas ocurren en silencio. Se crece en silencio, se sueña en silencio, se ama en silencio, se piensa en silencio, se vive en silencio, hasta la misma muerte se acerca a los hombres “con pies de terciopelo” como la describe mi querido escritor Martín Descalzo.


¡Cuánto silencio hay en mi vida! Gracias a él he escrito tanto en este blog. Gracias a él he podido cincelar mis ideas y darles forma. Sólo se puede uno comunicar si a esto, le antecede un buen silencio.

También mucho ruido me ha acompañado. Me he bañado horas de horas con música estridente que me hizo bailar y saltar, elevar la voz para ser escuchado, he encendido la televisión para no sentir el sonido de la nada, he disfrutado mucho con la bulla de aglomeraciones arrebatadas y emocionadas con lo mismo. Entonces, lo ensordecedor cumplía efectivamente su propia misión de superponer y disimular mis propios bullicios íntimos. Es fácil no escucharse, es taparse los oídos con los bullicios de los demás.

Pero hoy no. Evado a los que hablan mucho. A los machacones y tronadores. Sospecho de los que transitan por la vida como si necesitaran una banda de músicos y un grupo de porristas detrás, porque ellos, al quedarse solos, al llegar la noche, que es silencio, pierden todo su equilibrio y aparente entusiasmo. Yo, resguardo y valoro mi silencio. No en el afán de incomunicarme ni aislarme de las voces y palabras y alborozos de los demás, sino en el empeño de escucharme entrañable y cariñosamente y luego, recién, lograr comunicarme con ellos.


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Dios tiene mucho que ver en esto. No lo imagino ni siento parlanchín y ruidoso, lenguaraz o desbocado. Más bien, experimento un Dios aceptándome y amándome sin palabras, hablándome con su mirada misericordiosa y tierna, alentándome sigilosamente.

Y me encanta imaginar que hay muchos por ahí, que de igual manera, silenciosamente me aman.

viernes 23 de octubre de 2009

La moneda de Nobunaga


El general japonés se enfrentaba, en la pasada guerra, con un ejército muy superior al suyo. Ni él ni sus soldados confiaban en la victoria. Sus tropas, compuestas de gentes del pueblo japonés, fuertemente supersticiosas y fatalistas, estaban seguras de que serían aplastadas materialmente. Nobunaga, antes de entrar en combate, se dirigió a un santuario sintoista y allí dijo a sus soldados:

“Ahora rezaremos a nuestros dioses y después lanzaremos una moneda al aire para que ella nos diga si venceremos o saldremos derrotados. Si sale cara, la victoria será nuestra. Si sale cruz, retrocederemos. El destino nos revelará así su rostro”.

Lanzó la moneda al aire y salió cara. Y los soldados se llenaron de tan ansia de luchar que, aun siendo inferiores en número, consiguieron una espectacular victoria. A la mañana siguiente, uno de los ayudantes dijo a Nobunaga: “Es cierto, nadie puede cambiar el rostro del destino” “Así es” , respondió el general, mientras mostraba a su ayudante una moneda falsa que tenía cara por ambos lados”



Quiero esa moneda. Tirarla al aire y así, a pesar de mis inferioridades, de ser parte de una minoríaa veces arrinconada, de tener muchas circunstancias refractarias en mi contra, de mis desventajas y limitaciones personales, salir a hacer la lucha en la vida. ¿Cuál lucha? Por lo menos la de ser lo que soy. De imponerme, ante la diversidad y la uniformidad. De envalentarme con atrevimientos propios. De no temer por temer. De extender mis puños a enemigos visibles e invisibles.


miércoles 21 de octubre de 2009

Cuando se tiene un amigo

Un poema y una Cala recibidos de mi querida Toñi. Gracias Amiga.


Cuando se tiene un amigo
se tiene entre las manos
un pedazo de cielo,
un espacio infinito,
un refugio, un espejo.
.
Cuando se tiene un amigo
se tiene un hermano,
ese que uno elige
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Cuando va creciendo,
ese ser que nos trasmite
la confianza y el respeto.
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Ese ser que nos muestra
los equívocos siempre a tiempo.
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Cuando se tiene un amigo
se tienen alas
extendidas al viento,
y se puede desnudar el alma
sin correr riesgos.


martes 20 de octubre de 2009

¿Eres gay? Mírate el remolino de tu cabello

Según un estudio sobre la homosexualidad hecho por el Dr. Amar J. S. Klar (leer), es posible saber la orientación sexual de una persona dependiendo de la dirección a la que vaya el remolino de la cabeza. El estudio fue publicado por el diario 'The Guardian'.
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¿Qué opinas tú? Me voy al espejo a verme...
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lunes 19 de octubre de 2009

Recordemos esto: Ite Misse est


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Evocando a la letra del vals criollo, “cada domingo a las doce después de la misa”, no puedo evitar, salir de ella con una mezcla de emociones. La más importante, es una suerte de euforia por sentirme parte de algo incomprensible para muchos, sin valor para otros, pero no sólo inmenso y ventajoso para mí, sino también, vital; el ser parte de la Eucaristía, que no es otra cosa que el mismo Cristo hecho merienda amorosa para iniciar la semana.

Me alegra comulgar. Me hace bien. Elevo mi espíritu achatado y lánguido. Pero al salir, se produce una extraña sensación que se apodera raramente de mí, como si yo verificara que soy parte de un grupete de sobrevivientes en esta nave olvidada y desconocida llamada Iglesia de Cristo. La gran mayoría de los que asisten a esta ceremonia dominical en mi parroquia son señoras y señores que transmiten una apariencia de capitulación, de estar en sus últimos años de vida, que sólo les queda arrepentimientos y miedos; y es por eso que acuden a Dios para que los consuele en eso que sospechan que son, sus últimos días. Las bancas se atestan de ancianos con rostros tristes y vencidos.

Y está bien. La Eucaristía es alimento para todos nosotros los débiles, para los que estamos cansados y tristes. Pero algo falla cuando se queda sólo en eso, en una especie de analgésico geriátrico y se olvida que es también, o sobre todo, un lanzamiento para la vida.
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"Ite Missa Est", significa es la despedida, (literalmente Id en misión evangelizadora), que es la fórmula final con la que se despedía a la asamblea después del culto de la misa católica en latín. Pues esas eran las últimas palabras que hoy se han cambiado -desatinadamente desde mi punto de vista- por un “Podeis ir en Paz”.

No. La Misa no es esencialmente para que nos vayamos en paz. Permítanme la comparación, yo diría que es para que nos vayamos a la guerra del día a día. Sí, a batallar contra el mundo que nos toca vivir y que se empecina en poner precio a todo, que nos exige ser productivos y competitivos, que sólo nos habla de utilidad y se olvida de nuestra humanidad. La misa nos envía como misioneros en ese mundo. A sonreír entre los malhumorados. A arrullar con nuestras palabras a los irritados. A alimentar a los anémicos de amor. A avivar fuegos que se están apagando. A revalorar a los marginados. A motivar a los escépticos. A promover la esperanza. A señalar nuevas rutas de salida. A encender luces que no sean intermitentes. A admirar la belleza. A gozar sin estropear. A escuchar lamentos. A vivir.

¿No es entonces la Misa un lúcido acontecimiento también para los jóvenes que tanto necesitan poderíos para sus propias guerras? Le mandaré este post como email a mi párroco, a ver si lo recordaba.

sábado 17 de octubre de 2009

Que sigas siendo machona, Susana

Hoy me he preguntado, ¿Qué será de Susana? Ella no llegó a ser mi amiga, pero sí, era la inseparable compinche de un amigo cercano durante mis épocas universitarias. Su porte recio, corpulenta, con sus jeans levis a la cintura, su cabello siempre recogido por la nuca y unos ojos turquesas sin una pizca de maquillaje, podían impresionar a cualquiera, pero también hacían surgir inquietas preguntas sobre su orientación sexual.


Susana era definitivamente una chica masculina. Entraba a la cafetería con sus cuadernos apretados bajo la axila y sin ningún tipo de retraimiento, cantaba a voz en cuello una estrofa de un típico vals criollo, soltaba un tremendo alarido y una carcajada que a todos hacía voltear la mirada y murmurar en voz baja. Ella sabía bien que era tildada de loca, de excéntrica, de machona y a pesar de eso, se divertía.

Hablaba en voz alta con un registro gravísimo como si estuviera ofreciendo en venta algún producto por la calle, ponía apodos graciosos a todos los que se le cruzaban, se reía provocadoramente de los demás, retaba los buenos modales e imponía su presencia descentrada a los circunspectitos estudiantes de derecho que éramos el resto. Sin embargo, con todo lo curiosos que éramos el resto, nunca supimos de alguna otra chica con que se le relacionara afectivamente.





¿Qué será de ella? Me vuelvo a preguntar. Hoy, muchos años después, cuando las orientaciones sexuales diversas y los roles femeninos inversos ya no sorprenden a nadie, ¿seguirá siendo la misma?

La vida, que se encarga de conducirnos por carreteras inusitadas, que se encarga de que caigamos por nuestro propio peso, ojalá la hayan llevado a rumbos felices, aún más auténticos. Sería una pena para mí que la vida la hubiera oscurecido y reprimido y transformado en una abogadita formal y delicada con faldita a la moda y voz modulada. Ella, aún con su brusquedad y mordacidad mostraba ser una criatura rebelde y franca. Para mí, fue una maestra que paradójicamente, con delicadeza y en voz baja, me enseñó que habemos personas diferentes y que debemos seguirlo siendo en este mundo que se empeña en hacernos a todos en serie.

Saludos, donde estés, Susana.

viernes 16 de octubre de 2009

Más del 30% de jóvenes no tiene sexo seguro.

Uno de cada tres jóvenes del mundo tiene relaciones sexuales sin protección, según una encuesta internacional, lo que puede devenir en embarazos no planificados o enfermedades de transmisión sexual. (leer)

Apenas escuché esta noticia, simplemente me aterroricé. Si consideramos las veces que esos jóvenes tienen relaciones sexuales -hablamos de coito- entonces los peligros se reproducen geométricamente y me atrevería a decir que se extienden, a la totalidad de los jóvenes.

Y debo contarles que me consta esa peligrosa propensión. En varios lances me he topado con muchachos que luego de tener la seguridad que tendríamos algo más que caricias y al preguntarles si tenían preservativo, me contestaban que no. Y lo que es peor, que no les importaba no tener uno a la mano. Y lo que era aún más terrorífico es que querían que prosigamos con la segunda parte del encuentro. La desprotección no era una luz roja para ellos.

Pero gracias a muchas cosas: a la información que desde el inicio de mi vida sexual he tenido, al desarrollo de una consciencia más o menos nítida y de un sentido de responsabilidad, al amor a mi vida y a mi salud; para mí, era el fin de la posible consumación. Yo, sin un condón no funciono. Se me baja todo. Me paralizo y me enfrío. Me interrumpo como con un baldazo de agua helada. Me acomodo la ropa y me despido con un “paso, chau”.

¿Qué es lo que tiene que haber y no hay? ¿Qué está pasando a esta inmensa mayoría de jóvenes que tienen sexo sin protección?

Hay que recordar que esta vulnerabilidad y tentación y riesgos no son exclusividades de nosotros los homosexuales. Esto es una cuestión de hombres y mujeres, gays, bis y demás faunas humanas. Lo que está detrás es la capacidad de decir No, es la comprensión del sentido del No.

Lo que yo siempre proclamo: la Juventud es una buena época de entrenamiento para apuntalar nuestra beneficiosa voluntad. Ésta es una herramienta fundamental de autocontrol, de imponerme sobre fuerzas externas e internas que parecen indomables, de regular instintos y pasiones.

Unos me dirán que eso es muy difícil. Que es imposible. En el caso del uso del preservativo, de los métodos anticonceptivos o de la abstinencia, según sea el caso, yo reafirmo que es absolutamente practicable y posible. Además de ser una cuestión de vida o muerte, de integridad, de realización personal, de absoluta conveniencia.

Si no tienes un condón a la mano, sólo te queda usar la mano. Así de simple. Y si quieres vivir lo suficiente para encontrar al amor de tu vida, protégete.



jueves 15 de octubre de 2009

Qué es el Éxito

- ...no sé quién mierda inventó la palabra éxito...Uy... disculpe la grosería profesor...

No pude hacer otra cosa que reírme. Él estaba en plena exposición, cuando el alumno muy espontáneamente soltó dicho enunciado. Luego de su disculpa, continuó desarrollando el caso sobre una de las teorías de liderazgo que le había sido asignado.

Por dentro, lo comprendí y hasta le di la razón. Es más, en varias oportunidades, disimuladamente he lanzado a mis alumnos similar aseveración, criticando el concepto de éxito como tal, a fin de que ellos lo cuestionen, examinen o descifren según sus propios valores.

Personalmente, lo que más repulsión me da, de la connotación popularizada con la palabra éxito, es esa corriente por uniformizar el concepto. Quiero decir, la objetivización del mismo, el ponerlo casi como norma general aplicable a todo individuo. Y no es así. El éxito es único y particular para cada persona, porque no se puede comparar. En la jungla, cada animal tiene sus propias maneras de sobrevivir. Con mayor razón pues, debería ser nuestro caso, el de los seres supuestamente pensantes.
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Aborrezco los estándares -que gracias a Dios están percibiéndose como pasados de moda- que apretaban del cogote a todo profesional y demás sujetos a emprender “carreras de éxito”. Se le ofrecía hasta “llaves” para acceder convenientemente a él. Estrategias paso a paso. Manuales.

1. Muchos lo definieron como: "El éxito se basa en el conocimiento, las personas que son exitosas lo son porque saben y conocen cosas que las personas que no lo son, no saben ni conocen".

Oigan, qué sandez. Conozco a muchos individuos -y seguramente ustedes también- que están atestados de diplomas o que tienen la biblioteca más extensa y aprovechada, que conocen mil técnicas y know hows pero a la vez, no se aguantan a sí mismos y todos los que los rodean, padecen con sus presencias.

2. Otros, los identifican con el poseer riqueza. (Ja ja ja ja) En una ocasión, la Madre Teresa de Calcuta se encontraba en una fiesta con personalidades de todo el mundo. Todos habían llegado en sus mejores autos, con sus mejores trajes y joyas, luciendo sus condecoraciones y haciendo gala de lo que les acreditaba para estar entre los invitados. La Madre Teresa había llegado como de costumbre, con su tradicional traje y sus sencillas sandalias. Uno de los invitados se le acercó y le dijo:


- “Madre Teresa, ¿ No se siente descorazonada por el poco éxito alcanzado por su ministerio ?”.


Imagino que ella hizo una pausa antes de responder, y luego dijo:

-“No… es que Dios no me llamó a un ministerio de éxito, me llamó a un ministerio de misericordia.”
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Si tener dinero fuera sinónimo de éxito, para mí sería algo intolerante. Cuando acostumbro a comprarme un pantalón que me gusta, inmediatamente me arrollan las ganas de comprar una nueva camisa para que acompañe a ese pantalón. Luego de animarme por la camisa, termino comprándome los zapatos para que todo sea nuevo y del mismo estilo...y sigo y sigo... Por Dios, ¿Cuándo me detendré y podré decir, “es suficiente no quiero nada más” ?

3. Tampoco es un sentimiento especial, porque sino, sería una cuestión muy fugaz. Significaría que estaríamos librados a nuestros estados de ánimo, al cómo nos traten los demás, a como nos aprecien. No es un sentimiento de poder, por la sencilla razón que siempre hay cosas que no podemos conquistar, que están fuera de nuestro control, que nos son negadas.
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4. ¿Logro ? Recuerdo cómo, yo en la semana de exámenes en la universidad, ansiaba la llegada de las vacaciones. Pero una vez alcanzada la meta de salir airosamente, terminaba sintiéndome vacío.

No es por simplón, pero al final yo me quedo con la palabra
f-e-l-i-c-i-d-a-d. Es un concepto más cabal y mucho más fácil de desentrañar y digerir. Me es más fácil identificar el momento cuándo soy feliz, porque asoma como una consecuencia de mi estilo de vida, de una serie de elecciones que yo –y sólo yo, he optado- . Aflora como una idea fija que se convierte en motor, en una visión que me apasiona, que me activa interiormente hasta desarrollar mis potencialidades.
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Puedo fracasar y seguir siendo feliz. Puedo no tener éxito y seguir erguido y radiante. "Ni modo", así pienso, como mi alumnito.

martes 13 de octubre de 2009

Echar abajo muros.



Hago recuerdo expeditivo de la cantidad de veces que he tenido que romper paredes de concreto, ajenas y personales, de mi propio cuerpo y de mi alma viva que permanecía enclaustrada. Infinidad de veces. Ya he perdido la cuenta.

Tuve que dar duros golpes, recibir magulladuras, echar abajo muros que parecían invencibles. Y aquí estoy.

Abrir espacios cuando éstos nos quedan chicos. Ganar nuevos territorios. Apoderarse de nuevos vientos. Conquistar nuevas plazas. Ser y vivir un poco más allá. Crecer. No interrumpirse jamás.
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Mientras me queden dos brazos y un corazón, siempre habrá una nuevo muro por derribar.

lunes 12 de octubre de 2009

"Quiero ser violado"

De cuando en cuando entro al Chat -claro está, a uno gay- A pesar de que siempre he estado convencidísimo que no conocería a nadie ahí que me cambie la vida, he tenido mucha suerte en lograr conversaciones bastante interesantes y agradables. Me detengo a leer las cosas que se escriben en la ventana pública, me río, me tientan, me abochorno, pero en general, siempre llego a la aterradora conclusión de que no cambiaremos nunca. Los gays seremos incomprendidos, segregados, etc, pero muy especialmente somos unos lujuriosos incontenibles.
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Pero la última vez, me sorprendió una solicitud que se repetía insistentemente en la ventana pública. Uno rogaba, buscaba apremiantemente a alguien "que lo violara". Quería ser ultrajado. Claro que yo entendía a qué es lo que probablemente se refería aquel concurrente del chat: buscaba un encuentro sexual donde hubiera componentes de violencia, de supremacía física y humillación. Esos gustos, como lo he escrito antes, son legítimos sólo en la medida que respondan a un pacto entre los dos, que sea un deseo recíproco, un gaudeamus donde ambos disfrutan de lo mismo.
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Pero inmediatamente reaccioné. Y recapacité. Y me acordé de los casos que he escuchado. Una violación, como delito, como agresión gravísima, no es precisamente la consumación de un deseo recíproco. Es todo lo contrario, una afrenta horrorosa a una santa voluntad, a esa que debería decidir qué hacemos con nuestro cuerpo, cuándo, con quién y cómo.

Si yo fuera psicólogo, entraría cuidadosa y científicamente en los laberintos de aquel que quiere perder la capacidad de mandar sobre su propio cuerpo. Lo que yo sé, por mis estudios de derecho penal, es que la Violación no es un delito rigurosamente sexual. En ella, se usa el sexo -que debería ser gozoso y voluntario- como pretexto y medio para hacer daño, para descerrajar, dañar, atentar contra la dignidad personal de la víctima, representada en el uso facultativo de su propia sexualidad.

Mi reservadísima apreciación es que nadie puede "desear" ser violado. Porque justamente, cuando empieza a ser una elección, pierde su carácter de agravio, de contravención y quebrantamiento. Además, la Violación no es un contenido de pornografía ni de gustitos sexuales de ocasión, es más bien, una tragedia humana que trae a sus víctimas huellas imborrables, vestigios lamentables, señales de autocastigo, hundimiento emocional de por vida y desesperación.



Como he leído varias veces por ahi: Lo que llamamos "humanidad", con su ciencia y tecnología hace décadas ha conseguido pisar la Luna, pero aún no ha aterrizado al alma oculta del hombre mismo, a la que no se llega con naves veloces. Ellas, siguen sin ser comprendidas ni recorridas del todo. Nuestras almas siguen siendo el lado oculto de la Luna.

sábado 10 de octubre de 2009

Caminar atormentado por el pasado



Dos monjes salen del monasterio al amanecer. Uno es un novicio muy joven y el otro es ya adulto y responsable. Caminan en silencio. Cuando llegan a la orilla de un río caudaloso encuentran a una hermosa joven consternada porque no sabía por dónde cruzarlo. Mira a los monjes desconcertada y el monje joven baja la cabeza, deslumbrado por su belleza. El monje adulto, conmovido por la preocupación de la joven, se inclina ante ella y la coge en sus brazos para cruzarla a la otra orilla. Cruzan el río en silencio vadeándolo por los lugares adecuados para evitar los rápidos. La joven esconde su cabeza en el hombro del monje temerosa de ser arrastrada por el río y no poder llegar a su destino.
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Al llegar a la otra orilla, el monje la deposita con suavidad sobre la arena, se inclina ante ella con una sonrisa y prosigue su camino. El monje joven continúa sin atreverse a alzar la mirada, perturbado por tanta hermosura y por la libertad de la joven.
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Prosiguen caminando en silencio pero el monje mayor se da cuenta de que el joven va taciturno y tenso. Con los ojos fijos en el camino no alza sus ojos ni para contemplar el cielo, ni los árboles ni las flores de los campos. No parece percibir el canto de los pájaros y, durante el descanso, junto a la fuente, bebe deprisa y se retira con gesto hosco.
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Al caer el día, los monjes llegan a las puertas del monasterio que los va a acoger por esa noche y el joven, no pudiendo resistir más, le dice al monje venerable.
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- ¿Cómo es posible que esta mañana hayas cogido en tus brazos a una mujer tan hermosa?
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- El monje mayor le sonríe y responde: Yo la dejé sobre la otra orilla mientras que tú la has llevado sobre ti durante todo el día.



Ay de aquellos que viven toda una vida remordiendo detalles de su pasado, atormentados por lo que hicieron o no dejaron de hacer.

Yo, prefiero hacer míos placeres y bellezas, regodearme y obrar determinado, para luego, seguir caminando sin la mirada atrás ni la mente detenida en el tiempo.

viernes 9 de octubre de 2009

Amo y perro en la cama

Tengo un amiguito que le gustan los jueguitos de roles sexuales. Con él, es con quien por primera vez me animé a llevarlos a cabo. Me llama por teléfono, hablamos de cualquier cosa ligera y luego, con un cambio repentino de tema y de voz, me dice -¿cómo estás chiquito…te sientes con ganas de...?-

Esa pregunta suele ser el intermedio apropiado para pasar a otra dimensión. Se baja y se vuelve a subir el telón, pero ya con una mutación de quienes somos. Dejamos de ser los amiguitos formales para echar a andar nuestros personajes del momento. Elegimos un lugar y vamos al encuentro del otro.

Hemos sido médico-paciente, un par de ciegos, dos jugadores de fútbol, jefe-dependiente. Pero debo reconocer que el que más trabajo me ha costado desarrollar es el rol de amo-perro. (¿Queeeeeeeeeeeé?) Sé que para muchos les suena una práctica degradada e indigna, que eso ya no es una sexualidad sana y adecuada, sino una simple y pura decadente patología. Yo pensaba algo así hasta antes de probarlo con él y ahora debo de reconocer que lo único que me ha traído es muchísimo placer.


A través de órdenes como -ponte de rodillas, lámeme aquí, ponte boca arriba, perro, muerde, obedéceme, échate y otras que mejor no relato- he conseguido unos preludios sensuales espectaculares. Seguidamente, unos cuantos arrumacos provenientes del "dueño de la mascota", unas cuantas caricias por ser tan obediente y se pasa a la segunda escena aún más furiosa, la copulatoria.


Y si hago algo de reflexión sobre esto, debo decir que además de no hacer daño a nadie, de que en la cama está todo permitido siempre que quieran los dos, de echar a andar mi destreza lúdica, hay, sin duda, una sensación nueva, extravagante pero no menos humana.

¿No somos los hombres, a la larga, animales que habitamos un interminable laboratorio de experimentos? Me consta, somos audaces para recorrer los complicados laberintos del placer. Somos criaturas arrebatadas a mezclar espectros mentales, gustos atávicos, deleites psicológicos, instintos.

He optado con mi amiguito -no diré su nombre- dejar bien afuera de la habitación que nos acoge, la cordura, la función sensata, la corrección sensual. Y aquellos que quieren saber las causas, las motivaciones, las razones, los orígenes de este comportamiento, tienen bastante material de estudio. A mí, no me importan. Prefiero ocupar mi tiempo siendo el amo o el perro, que sé bien que no soy.

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