San Mateo 4,18-22
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¿Qué es un pescador? Es básicamente un hombre de Fe. Todas las madrugadas se adentra al mar inmenso sin ninguna certeza de cómo le irá en el día. Unas redes en su barca y una necesidad, quizás un hambre, lo acompañan; pero sobre todo, una enorme incertidumbre de la pesca que tendrán en esa jornada.
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Ser pescador de hombres es ser un hombre para los hombres. Saber manejar la inseguridad. Dejarse envolver por la enormidad del cielo que va amaneciendo y dejarse conducir por las corrientes marinas. Hacerse uno con el mundo y dentro de ese mundo, enviar mensajes a veces incomprensibles.
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Al hacer pescadores de hombres, Jesús da el trabajo pero no el procedimiento, ni asegura la captura de peces. La única certeza es la orilla de la que se desembarca, pero el resto, es una simple confianza de que el puerto de llegada aun cuando misterioso, será fecundo. Un pescador de hombres puede regresar sin peces, con las redes vacías; pero regresa con un corazón recargado de amor, satisfecho por haber cumplido el encargo.
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En estos días de Adviento, permítanmelo por favor. Quiero convertirme en humildísimo pescador de hombres. Como dice la canción, quiero seguirlo a Jesús por playas impetuosas o sin estrenar, dejar sabidurías y fortalezas y cerrazones, imaginar que sonriéndome menciona mi nombre mirándome a los ojos, dejar mi barca de la rutina, de la desesperanza y del egoísmo y buscar otro mar…
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Señor, permíteme ser pescador de hombres. ¿Me llamas?


Tarea semi cumplida. Aun hay que limpiar. Falta sacar brillos.














































