viernes 20 de agosto de 2010

Del pene y de Dios


“Tu pene es la lengua muerta de Dios”

Leí este verso por ahí. Me golpeó. Me remeció el intelecto y el sentido de respeto que aún me queda.


Claro, tampoco fue tanto como para horrorizarme. Estoy acostumbrado a mis propios escándalos e irreverencias, lo que me ha instruido bien para escándalos ajenos. Pero me hizo reflexionar sobre la noción de lo sagrado.

Lo sagrado para cualquier religión es aquello casi intocable, aquello que si no se conduce y maniobra dentro de lo que es apreciado como ritual y manifestación ajustada a sus normas, es simplemente profano. Por tanto, es un concepto borroso, relativo, subjetivo. Lo que es sagrado para mí, no es necesariamente sagrado para mi vecino o antípoda.

Releyendo este verso inicial, me cuestiono: ¿Cómo mezclar en un mismo costal dos dimensiones tan antagónicas como un pene y Dios? ¿Dios tiene que estar al margen de lo mundano? ¿Dios y un pene pertenecen a dos universos paralelos que jamás han de reunirse?

Pues creo que no. Dios que es inmensidad y divinidad abarca todo. Incluso lo que pertenece al mundo humano. Dios no es una entidad vaga y lejana que desconozca los penes erectos y flácidos, los orgasmos secos y húmedos, nuestras condiciones y acciones terrenales.

Cuando estoy en una cama dando rienda suelta a mi naturaleza lasciva y carnal, no cierro una cortina para que Dios quede fuera y no vea lo que hago. Él advierte mi humanidad, sabe de mis corrientes arrolladoras, de mis movimientos y definiciones.

.


Con el permiso de teólogos, afirmo que para Dios no hay nada profano. Está por encima de todo. Para Él, sólo existe lo humano, su creación. Y así nos hizo, con carne, huesos, venas y nervios; con el Arte y el placer y la imaginación ardiéndonos por dentro.

No quiero hacer las veces de Dios, pero lo que sí ha de desear es que vivamos priorizando y contextualizando. Me explico. Ha de querer que las cosas tengan un orden de importancia en nuestras vidas, que las sepamos clasificar, jerarquizar y ponderar. Ha de querer que a partir de nuestras consciencias y la capacidad básica para juzgar, demos a nuestros actos, objetos y valores un carácter propio.

Además ha de querer que contextualicemos, que pongamos cada cosa en su lugar y en su momento, que cavilemos sobre la ubicación de cada uno de nuestros desempeños, roles y prácticas. Que haya noches para lo sagrado y noches para lo profano. Días para el cuerpo y tardes para el espíritu.

Somos siempre los mismos -No estamos desmembrados en varias partes- y siempre hay un “Dios con nosotros”. El Cielo y el mundo material pueden habitar sabiamente en nosotros. No hay más, tal destierro que relata el Génesis. Hay una creación extraordinaria a nuestros pies bajo la sonrisa aprobatoria de Dios.

1 comentarios.:

fran dijo...

Verbo prohibido

Bajas tus pantalones y te sacas la camisa!
en tus huesos escribo, como un perro hambriento
que devora la ficción de este cuerpo.
Mi amor, en este mundo somos un desvío!
Tu pene es la lengua muerta
de Dios! tu pene es un libro sagrado!
El cuerpo es el horóscopo que nos tocó esta noche

¡la mente es alimentada por el corazón!
que late en mí, a través de los poemas
¡santa epifanía!
de hacer con nuestras vidas la libertad y la gloria!
¿Alguien se ha molestado conmigo?
¿He dicho algo prohibido? Hipócrita lector!
… Ya sabes que donde haya un incestuoso
la Poesía será un Cristo pecador!



Héctor Hernández Montecinos (Santiago, Chile, 1979) Lic. en Literatura.

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