¿Qué me estará pasando? Necesito con urgencia a alguien que
me explique por qué cuando conozco a algún chico que sintoniza conmigo, que
objetivamente es un buen pretendiente, ahora, me dura muy poco el entusiasmo.
Antes me emocionaba, buscaba oportunidades para conocerlo más, llamadas
interminables, emails, saliditas de media semana. Y lo que eran señales de que
había enganchado, eran esos hormigueos en el estómago, esa impaciencia por
verlo, esa ilusión.
Algo me ha sucedido. Me he convertido en un verdugo de mis
propias oportunidades. Tengo que confesar que he bloqueado en mi mensajería
instantánea a unos cuatro coquetos galancetes que conocí en los últimos meses.
No les he contestado llamadas por teléfono.
Lo único que tengo claro es que siento flojera en este
momento, de emprender todo ese ceremonial gay lleno de convenciones y
establecimiento de códigos cuando dos hombres se interesan entre sí; de
acercamientos calculados, de tener que medir qué decir y cuándo decirlo, de
tener que administrar la información y las emociones para que vaya “cuajando”
la relación. Me espeluzna por el momento iniciar procesos inciertos. No estoy
como para gastarme en esas causas aleatorias.
Sé que estoy desaprovechando cosas bonitas, omitiendo las
volteretas para mi corazoncito glotón y que poco a poco, a este paso, éste irá
perdiendo masa muscular. Sé que la ilusión es una sustancia multicolor que da
alegría a la rutina bicolor. Pero aún así, no quiero.
Asumo las consecuencias. Sin embargo me pregunto: ¿Habrá
alguna medicina para esta indisposición voluntaria? ¿Algún descongestionante,
vitamina, droga estimulante para el apetito del romanticismo? Si saben de
alguna, que pueda ser comprada sin receta médica, háganmelo saber. Mi corazón
holgazán se lo agradecerá.