sábado 27 de febrero de 2010

Gay de la Universidad Católica.


Estudié en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Nombre pomposísimo éste, que de alguna u otra forma nos condicionó (y seguirá condicionando) a todos los alumnos. A pesar que muchos de mis compañeros pertenecían a otros credos o eran declaradamente ateos, siempre se notó alrededor, una sutil atmósfera de recato y ponderación en las posturas académicas, proveniente de la "moral cristiana".

Una de las muestras, definitivamente tiene que ver con la presencia homosexual. En mis seis años y medio de estudios, jamás presencié una agrupación o una manifestación colectiva explícita, mucho menos activista o cultural desde ésta orientación sexual. Para muchos, como yo en ese entonces, tal posibilidad resultaba innecesaria y peligrosa. Pero eso de ninguna manera, debió haber significado un desconocimiento del derecho inviolable de apertura y a expresarse, dentro del ámbito universitario, a esta minoría que a decir verdad, ya no es tan minoría: los estudiantes homosexuales.

Durante cada “hueco”, es decir, en las horas libres, con mi afianzado grupo de amigos y amigas, todos aparentemente heterosexuales, acabábamos siempre en la cafetería central, tomando café, fumando, conversando, chismeando, viendo gente y mil actividades aparentemente improductivas pero extraordinariamente entretenidas propias del "hueveo". Fue en varias de esas ocasiones, que Juan y Rossana, dos amigos cercanos, me advirtieron que dos muchachos que caminaban siempre juntos, me miraban sospechosa, fija y persistentemente. Yo, alzando los hombros y con actitud displicente recuerdo que les contesté:

-¿Y a mi qué? Que me miren pues...

A los años, me vine a enterar que esos dos eran pareja sentimental y que además, estaban intentando convocar a gays para que escribiéramos en un periódico mural. Buen gaydar que tuvieron...

Por otro lado, un día navegando en internet desde mi casa, como se imaginarán ustedes: por páginas webs del cada vez más osado ambiente gay limeño, encontré una que me caía como anillo al dedo. Se trataba de gpuc: una red universitaria dirigida a universitarios gays y lesbianas de la Universidad Católica y cuyo orgullo y misión residía en ayudar a las personas a asumir su condición homosexual con mucha más seguridad y naturalidad de lo que lograrían solos. Para ello tenían un sistema de anfitriones.

Me comuniqué con uno de ellos y quise asistir a una de sus reuniones.

La noche programada, quise encontrarme con decenas de los que en mi época se olía que eran, que de lejos no parecían pero que de cerca lo eran y también, los que de cerca no parecían pero de lejos, lo eran. Pero nada. La reunión fue bien intencionada, algo concurrida por ejemplares diversos, pero terminó siendo una decepción personal por la ausencia de los que me hubiera encantado ver por ahí, para hacernos un reconocimiento honorable y desdramatizado, para emitir una afiliación extemporánea al "gremio" y para expresar un sentimiento mutuo hacia el tiempo redimido.

No puedo negar que siento orgullo por mi alma mater, donde me instruí en mucho de lo que soy hoy y donde germinaron silenciosamente mis contenidos intelectuales. Pero esa parte gay, tan mía, tan intensa y también tan entonada, me la fragüé fuera del campus, a costa de calle, diálogo, atrevimiento y desgarro.

viernes 26 de febrero de 2010

Te voy a criticar de verdad...



Posiblemente la afición más difundida, entre los que nos jactamos de ser humanos es la de criticar.

He estado informándome sobre este “arte”, además, de estar haciendo un mea culpa. Y llego a la conclusión de que lo único que me trae el criticar, es por un lado, una gran pérdida de tiempo y por otro, una tremenda injusticia.

Primero porque difícilmente las personas hacen caso a las críticas ajenas, ellas no cambian cuando son criticadas. Y por otro lado, porque el noventa por ciento de las veces, lo hago por razones sumamente egoístas o porque me siento un privilegiado, un ubicado en la cima del monte desde donde mantengo “una actitud crítica”.

“Crítica” viene del verbo “krino” o “krinein” de cuya raiz “kri” vienen las palabras “crisol” y “acrisolar”. Es decir, filtrar impurezas.

Ahí queda claro cuál debe ser el sentido de la crítica. Maletear, rajar, calumniar, denigrar, machetear y otras acciones similares, no es criticar. Criticar es algo así como separar el grano de la paja, para guardar el grano:

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1. Cuando critico de verdad, amo al que critico. Lo empujo hacia arriba. No gozo. No quiero deleitarme con el fracaso de los otros por el sólo hecho de haber tenido la razón yo al criticar. Odioso es ese “te lo dije…”
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2. El "criticón" suele ser una persona infeliz. Me parece como si proyectara su amargura sobre el criticado. No soporta su mundo y tiene que culpar a los demás.
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3. Creo que el que critica es aquel que en principio siempre está dispuesto al elogio pero que en ocasiones se ve obligado a criticar.
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4. Sólo quiero criticar lo que amo. Porque amo, critico. Critico a las autoridades de Iglesia Católica porque quiero que ella camine a la santidad, a mis jefes porque me interesa mi trabajo y sus resultados, a mi familia porque quiero su bienestar integral, a las tradiciones que me rodean, a los gobernantes porque amo a mi país. Por tanto, necesito sabiduría y amor y delicadeza y asertividad. Líbreme Dios de los puyazos, amarguras, severidades, navajazos.
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5. Aunque me suene embarazoso y comprometedor, al criticar tengo que preguntarme por el grado de responsabilidad que tengo en lo que reprocho. Ayer me escribía un email un muchacho lector contándome que es regañado diariamente por su padre porque pasa más tiempo con sus amigos y hueveando en la calle. Y me pregunté: ¿Qué estará dejando de hacer ese padre dentro de su propio hogar? ¿Qué clima de convivencia tendrán en esa casa que sus miembros prefieren la calle?

jueves 25 de febrero de 2010

Tengo de todo para los turistas...


Andaba yo ensimismado, para variar. Un grupo de bailarines callejeros movían sus caderas al ritmo de tambores para los turistas. Oí una voz, casi un murmullo a mis espaldas. No hice caso, hasta que esa voz la sentí directamente en mi oreja izquierda. Volteé y provenía de un muchacho de unos 27 años. Aceitunado. Guapo. Era de baja estatura pero corpulento. Era chocante que el cuerpo que se parecía a un novillo, pudiera emitir una voz tan dulce.

Comentó algo sobre el baile que se desplegaba en medio de la plaza, sobre el contoneo de caderas de unos muchachos mulatos:

- Si bailan así…qué bien se moverán en la cama…

Parece que mi sonrisa abierta fue inquietante y reveladora porque de inmediato asestó una pregunta:

- ¿Buscas algo? Porque yo me encargo de hacer placentera la estadía a los turistas… Ellos me piden de todo. Yo tengo todo. Para todos los gustos...



Claro que mi mente se aceleró. Mis nervios de la cintura para abajo se sacudieron. La adrenalina emanó a su antojo. ¿Era acaso aquel moreno fornido con voz de arcángel, un genio que me brindaba su lámpara mágica? ¿Qué necesitaba yo en aquella noche? ¿Qué me provocaba? Ufff. Qué maravilla. Sólo precisaba frotar aquella lámpara de aladino colombiano.

Como un rayo se me cruzaron ideas. La noche invitaba a descoser mis deseos aplastados por el sopor de esos días previos al inicio de mis vacaciones y por los malos recuerdos que no me abandonaban. Me abría sus puertas al abismo. Me proporcionaba unas nuevas alas a mi cuerpo dormido. Un nuevo paradero. Un distinto destino en mi itinerario.

Qué rico. Quería un colombianito. Bronceadito y con nalgas blancas. Uno de esos que baila vallenato apretadito y sabe mover las caderas. Uno con sombrero vueltito y olor a café.

Pero como yo soy paradójico y testarudo. Como yo todo lo pagaba con tarjeta de crédito para no cargar efectivo. Como yo andaba en mi desierto personal a pesar de estar en medio del caribe. Como yo estaba abstraído en lo inmaterial; terminé por asestarle también una respuesta desconcertante.


- Lo siento, pero hoy es Miércoles de Ceniza y estoy determinado a cumplir los preceptos de ayuno y abstinencia. Será para otra ocasión, gracias.

El comedido ofertante se marchó confundido. No entendió ni una sola palabra de lo que escuchó de mis labios.

- Estos turistas extravagantes- pensaría. Y se alejó como cualquier otro vendedor ambulante acomodándose la bragueta.

Mientras tanto, yo continué mi camino por las calles empedradas mascando una oración…¿Cómo no agradecer ese maná del cielo cuando uno está en medio del desierto?.

miércoles 24 de febrero de 2010

Acompañado en Cartagena


Estuve 10 días de viaje. Decidí hacerlo solo. Bueno, “solo” es un decir porque a mí me acompañaron presencias interiores e inamovibles, agobios, propósitos a medias, delirios sin forma, la misma soledad, empachos del alma y melancolías de origen desconocido.

Pero me gustó. Disfruté especialmente del sentido de la vista. Mis ojos no descansaron. Hablé poco y miré mucho. Me la pasé recorriendo una a una las calles de Cartagena de Indias. La caminé a diferentes horas, para ver cómo el sol al avanzar iba iluminando aristas y oscureciendo otras. Toda ciudad por el día ostenta sus aperturas y mínimas pinceladas, en cambio, por la noche, resalta otras como sus sigilos y misterios.
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Yo hice eso. Me fijé durante el día en sus balcones floridos y sus oscuras estatuas de piedra que recuerdan hombres de historia. Pero por la noche, aprecié sus escondrijitos a media luz donde la gente del presente apacigua sus fantasmas y les da de beber; sentí sus calles como arroyos de silencio, me resguardé con sus mantillas multicolores y envolví con su olor a mar amante.

No me interesaron las músicas que otros turistas rebuscaban por las calles para sacar desde dentro de sus cuerpos, ritmos que lograran sacudir sus desazones y somnolencias. No me importaron los hálitos de romance que los amantes iban dejando por los angostillos empedrados. A mí me bastaba el silencio y la soledad, mis amores impresos en el corazón que me acompañan a la luna y al centro de la tierra y la sensación que no existía el tiempo.
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He sido yo mismo en tierras extrañas. Fui forastero taciturno pero feliz. Cartagena protegió mi forma de ser, con sus murallas vetustas pero inalterables. Su antigüedad me ha renovado la vida. Ha reiterado mis fragilidades de viajero eterno y convicciones, mis conquistas personales, mi supervivencia urbana, mi aguante.


Gracias por acompañarme Cartagena. See you soon.


martes 23 de febrero de 2010

Renovado...

Vicho regresa renovado, proveniente del mismísimo paraíso...
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lunes 15 de febrero de 2010

Carajo tu ternura, Raúl.








Al final de la noche, con las primeras luces del amanecer. Al regresar a mi casa, varias cosas se empezaron a apreciar con más fidelidad. No solamente el color de tu piel idéntico al de mi recuerdo. Ese blanco tan blanco que me hizo despertar la luna que no es blanca. Ese tejido dócil que deja traslucir un espíritu quieto que desea ser inquieto.

Con los primeros sorbos de café con leche, reclinado en el repostero de mi cocina, aún con la cabeza virando y atiborrada de jeroglíficos multicolores, con los ojos semi cerrados, fui distinguiendo la emoción que me suscitaste toda la noche. ¿O fueron varias emociones?. Prosigo. Al escribir, lo descubriré.

A ver. Ternura. Sí, porque te mencioné cargosamente quince veces que me gustaba tu pelo. Castaño e irreprochablemente largo. Tenía que acariciarlo para darme una idea de lo suave que tendrías el alma de siempre, a pesar que la tengas a ella tan escondidita detrás de tus palabras difíciles. Esos raptos de silencio, esas miradas a la nada, esos ensimismamientos en voz alta, esos dictámenes tan bruscos contigo mismo, esos códigos indescifrables, fueron sin duda para mí, como unas flechitas coloradas e intermitentes que me indicaban, “ingrese con cuidado”. No. No y no. No hay precipicios peligrosos, por Dios. No tienes calles ni planos cuadriculados, eres más bien una selva frondosísima en la que sólo algunas avionetas de carga ligera pueden aterrizar.

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Sí, todo eso me resulta imperiosamente tierno. Y la ternura tiene un componente de eternidad. Es infinita. Es incompatible con lo material y con las consumaciones de nuestros cuerpos abreviados. Es como un desbordamiento gaseoso que se tiene y luego se escapa, pero que al pasar ya dejó todas las contundencias de su efecto. La Ternura se enciende con las manos inocentes, pero se convierte en incienso rebelde y viaja al espacio de donde proviene.

Después de más de cuarentaiocho horas, tres duchas y dos viajes alrededor de la Tierra, como un perfume azul, tu ternura me sigue descomponiendo los dos gramos de razón que siempre alardeo tener.






I loved your Mom y su piedad,
I loved your hair
I loved Piero y su gordura
I loved Chester aun cuando no es un gato
I loved your tenderness aunque no te la creas.
And my hand has no more fingers. Sorry dear.





quizás continúe.

domingo 14 de febrero de 2010

Carajo, son diez años, Raúl.



Una margarita desabrida.
Un bochorno de verano. Una breve llovizna.
Cinco chilcanos de pisco.
Mil y una palabras.
Varios borrosos recuerdos.
Y frente a ti.

Te he visto después de 10 años. Carajo cómo pasa el tiempo. La palabra reencuentro que tanto le gusta a la gente, podría ser propicia, pero no quiero usarla. Se ha tratado más bien de un caprichoso y azaroso garrotazo del destino. Una intersección de dos trazos sin nombre.

Tenía tantas ganas de verte porque se trataría de verme a mí mismo, diez años atrás.

Nos citamos precisamente en la misma esquina el viernes último. El mismo cielo incierto de testigo y con un poquito menos de curiosidad, pues ya conocía tu rostro. Pero la intriga era intensa mientras el semáforo cambiaba la luz. Era una emoción inédita. Hasta que te vi cruzando la calle y sonreí. Me alegré. Un abrazo interrumpido. A los tres segundos, yo, ya estaba preguntándote y preguntándote sobre como te había tratado la vida durante tantos años transcurridos.

- Espérate pues a que vayamos a un lugar, a sentarnos y te cuento… - ordenaste.
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Sí, claro, hubo unos primeros primeros minutos de actualizaciones. Logros ¿No?. Cambios y procesos ¿Sí?. La vida nos ha durado bastante y repujado a su antojo. Nuevas texturas fueron apareciendo. Nuevos tatuajes y pliegues. Pero detrás de todas esas mudanzas y cambios de piel, eras el mismo. Y me convencí que yo estaba ahí por algo. Había sin duda, una conspiración secreta del universo que tendría que develar en los siguientes minutos.

Debo reconocerlo. No soporto mi vehemencia. Me detesto por la insistencia que exhibo en ciertas ocasiones, por conocer la vida de quienes han construido mi vida. Siento que irrumpo. Soy frenéticamente egoísta. Estabas delante de mí con la mirada algo perdida, como en aquel tiempo pasado, con esa mezcla de despreocupación y continencia, con esa prudencia y humor. Sin duda eras tú, el mismo, la misma sonrisa y el mismo estilo de hilar las palabras, no eras un fantasma de mi pasado que me estaba haciendo una broma.

Pasaron varias, muchas horas. Aclaraste con tu vocecita entre dientes que la estabas pasando bien, me convenciste con señales casi imperceptibles que estaba valiendo la pena estar destinando el poco tiempo que tienes para ti, conmigo. Si hubiera sonado alguna alarma, algún ring-ring indicando que la duración del encuentro se estaba aproximando, me hubiera despedido cortésmente, satisfecho e insatisfecho, pero me hubiera despedido igual, hasta dentro de otros diez años más.


con tu permiso, continuá...

viernes 12 de febrero de 2010

De rodillas y a hurtadillas


Pie de página: Un pedacito de papel higiénico doblado, a manera de una pequeña almohadilla, puede servir para proteger las rodillas...(buen dato).

jueves 11 de febrero de 2010

El Kamasutra Gay


Gracias a una amiga muy querida, ha llegado a mis manos -y también a mi siempre bien dispuesta imaginación- un libro titulado KAMA-SUTRA GAY: PARA DISFRUTAR A TOPE DE LA SEXUALIDAD. Su autora es Alicia Gallotti, periodista, escritora y articulista durante más de diez años de la revista Playboy.

El libro está dirigido obviamente a hombres homosexuales, quienes andábamos algo marginados de este tipo de bibliografía. Está escrito sin tabúes, ideas preconcebidas ni inhibiciones, asesorado por un psicólogo especializado, Rafael Ruiz.

Apenas lo abrí me dí con la grandiosa sorpresa que a través de dibujos, están muy bien explicadas decenas de poses para llevar a la práctica en cualquier sesión amatoria.

A continuación transcribo solamente los ocurrentes títulos de “Las posturas más sensuales” explicadas e ilustradas en el libro:
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· La hamaca
· El molde
· Diálogo sensual
· La catalana
· Ofrenda sexual
· La posesión
· La fusión
· El protagonista
· El tornillo
· Estrecho contacto
· Beso negro
· El muelle
· A horcajadas
· Gozo visual
· Cabalgata sensual
· Ritmo estimulantes
· El dominio
· Abrazo total
· Intensa unión
· El espejo
· Juego pasional
· Fantasía erótica
· Rendido homenaje
· Ritmo compartido
· La profunda
· 69, el número mágico
· Doble placer
· Secreta intimidad
· Doble clic
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Hmmm. Seguramente en estos momentos su imaginación ya estará trabajando a mil por horas. Mil imágenes se habrán dibujado por sus mentes. De mi parte, sospecho que se convertirá no sólo en un manual práctico, sino en un obligatorio repertorio, en una guía de rutinas. No se convertirá en un libro de cabecera sino en un libro para tenerlo en un bolsillo secreto de mi almohada. Todo sea para disfrutar de este cuerpecito y acrecentar el goce erótico que como saben ustedes, nunca he condenado.

Así que amantes futuros, próximos “puntos”, hombres de mi vida sensual, galanes expectantes, acompañantes de lecho y alfombras, pronto tendrán en frente, un Vicho ducho y bien proveído de maniobras eróticas. Claro, también recibiré solícitamente correspondencia secreta de algunos de mis inquietos lectores, quienes querrán saber cómo me va en este próximo adiestramiento.

A ver, a ver…página 15….ohhh.

miércoles 10 de febrero de 2010

Un ratito, un ratito...¡ el cabrito soy yo...!



En varias oportunidades, debido a compromisos de tipo profesional, he tenido que asistir a almuerzos y cenas, como clausuras de reuniones de trabajo donde la mayoría de los invitados son hombres bastante...por llamarlos de alguna forma, adultos. Si no fuera porque son eso, "compromisos", no iría a ninguno de esos eventos, porque con los años, me estoy volviendo más selectivo y doblegado a los amigos que ya tengo y que me conocen hasta las entrañas, desde hace muchísimos años. La verdad, no me interesa socializar con gente nueva.

En fin, a la hora del departir en esos eventos, tengo que presentar mi mejor risita, la diplomática, la que se congela intencionalmente en mi rostro como diciendo -qué grata conversación-. Nadie sabe que por dentro, estoy teniendo una aterradora actividad de crítica y burla, de disconformidad, de fastidio, de aburrimiento. Puedo parecer que estoy siguiendo una conversación, pero en realidad, me estoy dedicando a lanzar mentalmente, diatribas a mis interlocutores; a fiscalizar sus atuendos, a mirarles y a objetarles en todo, a detectarles todas las cosas horribles que tienen, y que yo, pido a la vida encarecidamente, no tener nunca. Es poco probable que me interese una plática ahí. Si no es ella, una persona que hable con el espíritu expuesto, con franquísima apertura, con fresca sinceridad, entonces no merece mi atención. Detesto conversar por compromiso. Pues, sí, lo acepto, es mi pecado de arrogancia. Si no lo admiro, por su tema de conversación o por lo que sé que es como persona, no me interesa.

Para todos esos casos protocolares entonces, tengo ese mecanismo de distracción, de vanidoso pasatiempo. Lo reconozco, soy un perverso.

Y lo que más me descompone, es la extendida moda entre caballeritos formales cuando se toman dos whiskies o cuando tienen tres pisco sours encima, de bromearse como homosexuales. Tratan con simulada familiaridad de mostrar una cara divertida. Es como un ritual entre ellos, para restarle virilidad al otro. Sueltan carcajadas estridentes. Hasta percibo una cierta violencia contenida en sus ataques. Se sienten taaan masculinos. Se sienten taaan hombrísimos...



Poco les falta para "mujerearse", soltarse la trenza y quedarse lacios, con el cabello rubísimo y sedoso que una vez expuesto les llega hasta la cintura. De verdad, me provoca decirles a voz en cuello:

-Un momentito, el cabrito soy yo. Ustedes oficialmente son los machos de la película. ¿Qué hacen haciendo esas bromas?
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Mala señal. Mi interpretación es, que con este desatore gay de la época actual, los respetables señores, usualmente de generaciones pasadas, se ven intimidados, abrumados, amenazados. ¿Habrá una homosexualidad que no germinó? ¿Envidia? Hmm, no sé. Tampoco me importan tanto como para diagnosticarlos.
Por eso, las reuniones sociales con gente un poco desconocida del medio laboral, son un martirio para mí. Me siento embustero. Fuera de foco. Un chicle masticado en una mesa de quesos. Me siento un comediante cómplice que no congenia con el resto del elenco.

Y por eso, para esas reuniones inexcusables, me queda el recurso de sonreír mordazmente. Pero por dentro, mi carcajada es encubierta y socarrona. Y así seguirá siendo.Sí, el mundo también está hecho para burlarse de él.

martes 9 de febrero de 2010

Alrededor de un pan duro o una porción de papas fritas


Una noche San Francisco oyó los lamentos de uno de sus hermanos frailes. Se levantó y le preguntó:

- ¿Qué os pasa, hermano?
- Lloro -respondió aquél- porque muero de hambre

Y aparece el mejor Francisco: despierta a los demás hermanos y les explica que el ayuno está muy bien, pero que no pueden dejarle que sufra la vergüenza de comer él solo. Y el hambre del hermano se convirtió en fiesta, aunque la comida estuvo compuesta sólo de pan y unos pocos rábanos, pero bien regados por la alegría común.

San Francisco es el gran santo de los santos. No hay duda. Su mensaje es simple y contundente: es muy cristiano dar de comer al hambriento, confortarlo; pero es mejor aún compartir las humildes alegrías que tenemos. Hacer de estas nuestra razón de vida.

La mayoría de veces hacemos lo contrario: nos guardamos nuestras hambres y tristezas, nos tragamos nuestros sufrimientos en silencio. Y por otro lado, sólo compartimos nuestros despilfarros y prosperidades con los demás.

Y qué humano, qué bien se siente formar parte de una familia o de un grupo verdadero de amigos con los que se pueda saciar el hambre aunque sea con un pan duro y convertir ese momento en fiesta para todos. En el fondo eso es celebrar la vida. Es compartir las penurias con la abundancia del corazón. Es lo que hacemos en la Eucaristía.

Pero en la experiencia que yo he podido tener, he visto especialmente que son los jóvenes y adolescentes los que están más atraídos a vivir esta alegría del compartir lo poco. Les es natural: un paquete de galletas de soda, una latita de cerveza, una balompié de goma, un racimo de uvas, una tarde en la playa, un chiste, un cigarrillo. Yo siempre vuelvo mi mirada a los jóvenes.

Años atrás, con mis amigos queridos, luego de practicar deportes -a decir verdad, luego de verlos yo hacer deporte- íbamos todos juntos a un restaurante cercano. Cada uno separaba las moneditas para su pasaje y entregaba el resto y así, comprábamos según lo que nos alcanzaba, una o dos porciones de papas fritas. Veinte personas alrededor de dos platos. Muchas bocas, pocas papas. Mucho hambre y poco dinero. Pero no saben la alegría que se respiraba, una tan fuerte y poderosa que aún nos queda en el recuerdo, en los pulmones y en el corazón.



Compartir lo poco sella. De eso se trata la vida, de compartir lo que se tenga y hacer de ello una razón para que todos estén alegres, tanto el que da como el que no. Compartir así fragua hermandades. Solidifica vínculos. Eterniza el Amor.

Esta es una razón más por la que soy orgullosamente católico. Aunque coma sólo pan y rábanos, quiero hacerlo con alegría.

lunes 8 de febrero de 2010

Vestirse de fiesta

Existe una expresioncilla que he escuchado desde niño: “…está como para entre casa…”. Mi mamá o tías, siempre se han referido así a un cierto tipo de ropa que no tiene nada de nada, simplemente es cómoda o abrigadora para invierno o muy fresca para verano. Está hecha para que nadie la vea. Ni siquiera uno mismo.

Es por eso que el otro día, haciendo mi poda anual de ropa innecesaria me pregunté, ¿tengo ropa de “entre casa”? Y luego de mirarla, concluí que no. La única distinción que tengo en mi closet es la del lado derecho, donde están mis ternos inexcusables para ir a trabajar y el por otro lado, el resto, mi ropa, la verdadera, la certeramente mía. Excluyendo aquella ropa formalona que tengo que llevar por imposiciones laborales que cargo como un embalaje de metal sobre los hombros, toda mi ropa tiene un mismo carácter, un mismo espíritu, el mío.

Toda es aparente para estar en casa o estar en la calle. Para ir a bailar o de compras a Vivanda, para ir al cumpleaños de un tío o al cine, para estar a solas en mi casa escuchando música o para salir a una noche de desmadre gay. Mi ropa es mi segunda piel y está conmigo a donde vaya. La venero porque es una forma de puntualizarme, de hablarme y confesarme. Un jean entallado o uno bolsudo, una camisa gris o una chalina fucsia, un cap anaranjado o unas zapatillas rojas, una chompa a rayas o un polo con un mensaje estampado, un t-shirt verde limón o una llana camiseta blanca.

Por ahí, debo reconocer que tengo unas cuantas prendas que no me he puesto nunca. Como aquel pantalón a cuadros super-stretch. Como aquel chaleco que no me atrevo ni a describir. Los compré en un momento de insubordinación conmigo mismo y claro que sí, con los que en mi medio pretendieran fiscalizarme por lo que soy.

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Pero en general, hace unos días, confirmé lo que ya sabía. Yo me visto para mí y no para los demás. No hay ocasiones sociales, no hay formulismos tácitos ni ropa ceremonial en mi closet; toda ella obedece a lo que a mí me dé la gana ponerme en cualquier instante.

Por eso siempre animo a mi mamá a arreglarse bien para ella misma, a maquillarse diariamente, a no guardar ropa para ocasiones especiales. Que bote por el ducto de la basura sus batitas y puestecitas de entre casa. Que no tenga ropa reservada para fiestas. ¿Qué mayor fiesta que estar vivo y tener gente constantemente amándote por lo que eres? ¿Qué mejor que celebrarse uno mismo?

Que cada uno busque sus propias fiestas. A diario, en toda la vida, se esté lozano o alicaído, se esté amargado o alegre, cansado o vital. Todos podemos tener nuestras propias galas. No necesitamos un ajuar o un vestuario. Es nuestra alma que busca sus propios festejos. Y habrá que vestirse para ellos.

sábado 6 de febrero de 2010

Nuestra pose de "la Cucharita"

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Si me lees alguno de estos días próximos, sólo quiero que sepas que extraño acostarme en posición “cucharita” contigo.
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Tu pecho contra mi espalda, tus palpitaciones peinándome esa piel que nadie hace caso y que yo apenas alcanzo a tocar cuando me enjabono. Ese mi retazo de piel desea tu cercanía, centímetro a centímetro.
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Tus brazos envolviéndome y abrigándome como si estuviéramos zozobrando juntos en medio de un océano helado. No podría morir congelado si tú me abrazas. Flotaría vivo para siempre.
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Tu voz queda resonándome delicadamente contra mi cuello solitario. Haciéndose un eco interminable que hace bailar la noche que está más allá, lejos de nosotros. Yo, con los ojos cerrados cruzo seguro el firmamento contigo como si fueras una escolta de mis viajes sin retorno. Tú, mi pareja elegida de danza, de silencios y fragores.
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Tu arma fibrosa se resigna a quedarse en el umbral de mi puerta trasera semi cerrada sin poder entrar. No hay movimientos ni asaltos ni espasmos. Sólo tu cuerpo quieto y mi cuerpo quieto.
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Sí, quiero nuestra cucharita. En mi cama o en la alfombra. A oscuras o imaginando el día. Despiertos o dormidos. Quiero el lenguaje de estar acurrucados, pensando en la nada y en lo nuestro. Te quiero a ti, pronto, tan pronto como se está marchando el verano, el año, la vida.
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viernes 5 de febrero de 2010

CRAZY, la película y los padres de los gays.




C.R.A.Z.Y. es una laureada película canadiense, rodada en francés, situada en Quebec. Se estrenó en el año 2005 Es un retrato de familia que describe la vida a menudo extraordinaria de gente ordinaria que busca por mil medios, la felicidad.
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Trata el tema de la homosexualidad en la vida de un adolescente llamado Zac, durante la década de 1970 y cómo éste debe sortear las dificultades dentro de una familia católica y conservadora, con una madre que los quiere y un padre orgulloso de sus hijos.


La película me sedujo porque está plagada de miles de recursos, chistes y detalles que me hicieron sentir un espectador privilegiado dentro de la familia y enclavado íntimamente en la habitación del churrísimo personaje.
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Con su madre, lo vincula una conexión espiritual: ella piensa que su hijo posee el don de curar dolores y frenar hemorragias. Pero sobre todo, lo que los liga es una suerte de unión trascendental, de energía que los reúne pese a la distancia, al tiempo y al espacio.
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Pero la relación que de suyo me sensibilizó es la relación de Zac con su padre que es conservador, egocéntrico, machista y algo desconcertado en relación fundamentalmente por la liberación y nuevas tendencias sexuales de la época. Eso hace que tenga serias dificultades para unirse y entender a su hijo. Es una relación intermitente, por ratos de una ternura impresionante y por otros de una confusión angustiosa que descolocan a Zac porque no sabe qué hacer para hacer sentir orgulloso a su Padre.


¿Cuántos gays en el mundo en este mismo instante tendrán una relación afectuosa con sus padres? ¿Cuántos padres manifestarán su orgullo por lo que logran sus hijos gays? ¿Qué hacer frente a esa geografía de abismos y mares de separación? ¿Somos los gays hijos que tenemos que contentarnos con una relación filial únicamente cordial, cautelosa, discontinua y entre dientes? Una vez que los padres se enteran de la homosexualidad de sus hijos, ¿Es insostenible una relación colmada de apoyos incondicionales, agrados y ternuras? Por Dios, ¿Acaso sólo queda la homofobia?

Yo, tengo un papá que linda con la santidad. No es exageración. Es protector y muestra su amor con todos -incluyéndome- de la misma forma: con su docilidad y responsabilidad, con su decencia y equilibrio. Nunca, ni siquiera después de conocer mi orientación sexual me ha mostrado un ápice de rechazo o decepción. No hubo ningún cambio.

Sin embargo, pienso en las necesidades afectivas y morales de los millones de gays que resisten sus vidas aislados de sus padres. Sin un abrazo. Sin una caricia. Sin unas palabras de acompañamiento y soporte paternal en esta difícil tarea de hacerse un sitio en un mundo contracorriente y hostil.

Si hay por ahí, algún padre que me lee, vengan, déjense de huevadas absurdas. Muestren su hombría. Hagan uso de su testosterona abrigando a sus hijos homosexuales, declarándoles su orgullo, sosteniéndolos en su búsqueda y reveses, amándolos con locura.

jueves 4 de febrero de 2010

Si quieres llegar lejos...muy lejos...

"Dios es Amor".
"Si comprendiéramos solamente estas tres palabras,
iríamos lejos, muy lejos".
Roger de Taizé


A pesar que lo hemos escuchado y leído mil veces. A pesar que es evangelio puro y es una certidumbre a todas voces, no nos habituamos a vivir de acuerdo a dicho anuncio. No hemos llegado lejos aún sabiéndolo.

Para mí, dicha declaración es la médula de mi Fe. Es el centro de mi vida espiritual. Es mi garantía de por vida. Dios en un momento que no tengo claro cuándo fue, se convirtió en el sentido de mi vida. El sentirme amado por Él, tal como soy, homosexual, vacilante, frágil, juicioso y disparatado, hipersensual y vago, es lo que le da finalmente, consistencia y tranquilidad a mi paso por este mundo.

Por tanto, el propósito de toda catequesis y evangelización ha de tener como norte la transmisión de este anuncio.

Tener a Dios presente y amándonos incondicionalmente nos provee de un gozo sin límite. Disminuye padecimientos innecesarios. Aumenta nuestra autoestima. Nos empodera. Nos llena de seguridad.

¿No te ama como es debido algún hombre? Pues Dios sí.
¿No amas como quisieras? Pues Dios sí lo hace.
¿Sientes que el egoísmo es más fuerte que el Amor humano? Pues en Dios, eso no sucede.
¿Crees que impera a tu alrededor la mezquindad, la usura, la malicia, la ingratitud, el materialismo, la soledad, la tibieza, la insuficiencia, el desconsuelo, la petulancia? Pues para Dios, no.

Con Dios y su Amor en las pequeñas y magníficas pinceladas, con sus detalles evidentes, podemos llegar más lejos, muy lejos.

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¿A dónde es “lejos”? Pues a donde yo no me imagino. A donde no me siento capaz de llegar yo solo. Es llegar “más allá” de mí mismo. Al fondo de la Vida con mayúsculas. A la plenitud. A la inmensidad prometida. Traspasar ese horizonte de mis propias limitaciones y de mis dudas y de mis carencias.

Allá voy Dios, contigo.

miércoles 3 de febrero de 2010

Mi retrato de Dorian Gray


Todos llevamos un Dorian Gray al fondo, en un rinconcito de nuestras vidas. Mostramos para los demás una belleza debidamente elaborada y les hacemos creer que todo en nuestra vida es intensidad, goce y emociones gratas. Sin embargo, escondemos un retrato que nadie ve y que nos da miedo mirar porque en él se van materializando las consecuencias de nuestros actos.

Disimulamos todo lo que podemos, pero es inevitable: nuestras almas no las podemos esconder a nosotros mismos. A solas ellas nos revelan una a una nuestras pequeñas o inmensas depravaciones, nuestras miserias y desenfrenos, nuestros odios y falsedades. Nuestra alma es el retrato indiscutible que completa lo que en verdad somos.

Es por eso que el viaje más honesto que un hombre puede hacer es el de airear su alma. Mostrar su sombría humanidad aunque atente contra esa belleza que cree poseer. Aceptar sus decadencias. Embestir su narcisismo.

Al final, terminaremos amando también lo que no nos gusta de nosotros mismos. Llegamos, tras un desplazamiento arduo pero utilísimo, a la congruencia, a la reunión de nuestros ambos lados.
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Llegamos a ser una obra de arte única de carne y hueso, de piel y cielo. Un personaje de nuestra propia novela. La más clásica de todas.

martes 2 de febrero de 2010

Antes del matrimonio gay, aprender a limpiarse bien el poto



Me quiero casar. He conocido a un chico precioso hace varios meses. Cada palabra que me dice, me confirma que es la persona con quien quiero caminar por el resto de mi vida. Quiero tener planes juntos. En estos momentos no me importan los prejuicios, ni lo que mi familia pueda decir, ni las segregaciones que sufrimos los homosexuales. Protesto con energía por este recorte de mis derechos civiles. ¿Por qué no puedo contraer matrimonio civil igual que cualquier hijo de vecino en este país? ¿Qué me falta? ¿soy un ciudadano de segunda categoría?

Bueno, respondo brevemente esta comunicación que he recibido vía correo electrónico.

1. No quisiera entrar al tema jurídico. Dos personas del mismo sexo no pueden contraer en el Perú, matrimonio civil ni nada que se le parezca. Pueden celebrar contratos donde cada una de las partes tenga obligaciones recíprocas, pero no pueden adquirir el estatus jurídico de deberes y derecho que nacen de un matrimonio.

Ya las leyes cambiarán. No sé en cuánto tiempo. No sé en qué medida, pero cambiarán.

Podemos presionar por miles de formas para que estos cambios en la legislación peruana se vayan dando, pero en la actualidad, no podemos hacer otra cosa.

2. Sí quisiera referirme al ámbito moral. Toda persona instruida y que maneje ciertos criterios razonables, debe saber que lo ético tiene una categoría universal y obligatoria y no cambia. El Bien siempre será el Bien, pase el tiempo que pase. Sin embargo, la norma que señala que dos personas del mismo sexo no puedan casarse, pertenece al ámbito de las convenciones sociales que a diferencia de las normas morales categóricas, sí pueden cambiar. En pocas palabras no es malo -aunque haya sido visto así- que dos personas del mismo sexo se amen. Tampoco que quieran oficializar y que su unión sea reconocida por el Estado.

3. Pero hay un tema que también resalto cuando me enfrento a esta problemática. Es la cuestión psicológica de las personas que desean casarse, sean homosexuales o heterosexuales. Mucho cuidado con eso. Contraer matrimonio no puede convertirse en un capricho, en una banderita de protesta, en un antojo.

Sí es parte de mi Libertad personal el elegir cómo quiero vivir. Sí, es un derecho que poco a poco va siendo reconocido. Pero sumemos la responsabilidad. Para una decisión de ese tipo tendrá que haber madurez, reflexión, discernimiento, seriedad, consciencia.

Igual que le diría a un adolescente que se empecina en casarse, le digo a todo homosexual: ¿Estás seguro de lo que quieres? ¿Tienes la consistencia para asumir deberes con tu pareja? ¿Te has preocupado primeramente de tu desarrollo emocional?

Porque para ir al encuentro de otra persona, antes, habrás tenido que haberte hallado, aceptado, asumido y tolerado a ti mismo. Poniéndoles una cereza a mi reflexión de hoy, repito una frase irónica de mi mamá: Primero hay que aprender a limpiarse bien el poto para hacer cosas de adultos…

lunes 1 de febrero de 2010

Mis hermanos, los diferentes

Quiero mucho a mis hermanos. Pero debo reconocer que parecemos provenientes de diferentes planetas. Somos todos muy dispares. Con la única que manejo códigos comunes y con quien puedo percibir un vínculo en cuanto a nuestras emociones y dejarlo fluir, es con mi única hermana mujer. Bueno, en general, yo siempre me llevo mejor con las mujeres…

Pero con mis hermanos varones, las palabras que usamos para conversar cotidianamente llevan siempre un halo de apartamiento, de aridez. A ellos les cuesta dejar aflorar sus emociones. Y yo en cambio, cuando hablo puedo ser un arroyuelo caudaloso y exaltado. Puedo pasar velozmente de la carcajada a la melancolía, de la chifladura a las lágrimas.

Hace años atrás, con mi hermano B al recibir un año nuevo en familia, me tocó el momento de abrazarlo y me provocó darle un beso en la mejilla. De inmediato, reaccionó sonriéndome y me preguntó si me había equivocado. Tuve que contestarle con otra sonrisa. No le dije nada porque era inoportuno explicarle en ese instante de que los hombres también podemos expresar nuestra emoción con un beso.

Hace unos días, mientras éramos testigos de la inminente muerte de una tía querida, después de décadas, lo vi llorar en silencio. Seguramente de niño lo habré visto llorar por alguna cosa sin importancia, pero esta vez su rostro expresaba claramente su tristeza. Hubiese querido abrazarlo y contenerlo. Pero no pude. Recordé que entre nosotros el lenguaje se reduce a palabras bien calculadas y apaciguadas, que entre nosotros no hay desbordes ni acariciamientos.


No reniego de sus formas de ser. Las respeto y sé que ellos me respetan. No en todas las familias hay un hermano viscoso y mariconcito como yo. Pues la vida es así. En la diversidad de la naturaleza, hay sauces llorones y girasoles, álamos y cactus. Unos árboles crecen en los desiertos soleados, otros en las selvas lluviosas, algunos se contentan con poca humedad para seguir viviendo. Unos, optan por el velo que da la bruma en los bosques.

El Amor fraternal -y la verdad, todos los tipos- en estos casos tiene que ser ingenioso y penetrante, pero haciendo uso de otras formas. Yo, empleo mi tono de voz con ellos para acariciarlos, les pregunto cosas que nadie les pregunta, les recuerdo sin retraimientos que los quiero, les escribo emails, les remuevo la memoria de nuestra infancia vivida juntos, les subrayo nuestras tradiciones comunes, nuestros vértices desde donde hemos partido hacia lo que hoy somos.

En este mismo segundo, les daría un abrazo. Me prendería de sus cuellos y no me soltaría por varios minutos y dejaría atrás esas diferencias de personalidad. Que sepan siquiera cómo soy. Eso me basta.

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