miércoles 30 de junio de 2010

Qué es la Providencia


El otro día, me preguntó una prima mía qué era la Providencia. Es una palabrita que algunos usamos. Y después de explicársela en plena cena, me quedó para siempre su saborcito agradable como el de algunos postres que se quedan para toda la vida. La Providencia debería ser nombrada como la Santa y Dulcísima Providencia.

En pocas palabras, Ella es el cuidado amoroso que Dios tiene con nosotros. Y con todo lo creado. Y si Dios viste así a las flores del campo, que hoy florecen y mañana se echan al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?.
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Es decir, si todas las mañanas les pone aroma a las flores, pinta atardeceres, resguarda millones de especies, gira invisiblemente universos, entibia nidos de aves, riega valles, mueve océanos y millones de actividades más, cómo no va a hacer cosas por cada uno de nosotros, que somos sus hijos queridos.


Claro, la Providencia se manifiesta diariamente en las manos suaves de una madre al tocar a su hijo, en los bordados delicados de una novicia, en las energías de un campesino, en los conocimientos precisos de un médico. Dios es minucioso, inagotable, paciente, entusiasta, responsable con todo lo que es Vida. Sigue siendo su creador. La Providencia es la forma como Dios sigue creando amorosamente en nuestro presente.

El Concilio Vaticano II, dice al respecto: "El hombre… no existe efectivamente sino por el amor de Dios, que lo conserva. Y sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su Creador" (Gaudium et spes, 19).


¿Y dónde quedan nuestras decisiones personales? ¿ Y nuestro libre albedrío? ¿Somos acaso autómatas que respondemos a los caprichos creativos de un Dios lejano?


Goethe lo dice con precisión: Cuando tomamos una decisión definitiva, la Providencia de Dios se pone en marcha.

Luego que decido qué hacer con mi cuerpo y con mis circunstancias, luego de decidir qué actitud tomar frente a mi vida y al universo, luego de tomar decisiones sobre qué rumbo tomar, luego de ejercitar mi libertad, la Providencia se pone en marcha. Dios aguarda mis prescripciones y luego sigue creando. Prosigue con su trabajo. Luego de tomar una decisión, Dios sigue siendo Dios.


Si, la Providencia es Santa. Como todas las santas, actúa silenciosamente impulsada por el Amor del bueno, del de Dios; ese que es muchas veces, incomprensible e invisible a los ojos y a la razón.

martes 29 de junio de 2010

No me digan cómo no ser obsceno

(La última pastilla para levantar la moral) ...La Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso de la República acaba de aprobar por unanimidad el Proyecto de Ley No. 3621-2009 (.pdf) que propone sancionar penalmente a los directores de medios de comunicación en los que se difunda contenido obsceno o pornográfico. El nefasto Proyecto fue propuesto por el congresista Ricardo Belmont (Alianza Parlamentaria), quien también es dueño de en un medio de comunicación (¿conflicto de intereses?) y que hace años libra una cruzada personal por defender lo que él denomina «el regreso de la televisión blanca» de la «época dorada de los ochentas» al Perú….
Podemos discutir mucho sobre lo que creemos que está bien y lo que está mal en los medios y si el Estado debería de asumir el rol paternalista de decidir por nosotros. Pero el tema no va por ahí. Considero que el Proyecto de Ley es un despropósito porque no logra lo que su Exposición de Motivos declara como su objetivo: “sancionar penalmente la exhibición de imágenes sexuales o los mensajes sexuales aberrantes que inciten a conductas desviadas (…) ya que son contrarios a la moral y a las buenas costumbres”. Leamos el artículo que pretenden incorporar al Código Penal:

Código Penal, Artículo 183-B.- Será reprimido con pena privativa de la libertad no menor de dos años ni mayor de seis años el Director, Editor o responsable de las publicaciones o ediciones, a transmitirse a través de medios de comunicación social, tales como diarios, revistas, afiches, paneles, volantes, radio, televisión, o cualquier otro medio que produzca un efecto de comunicación similar, que publiciten imágenes, mensajes o audios obscenos o pornográficos.

Y yo digo:
En este caso, a pesar de provocarme el Señor Belmont, sus aduladores y la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso de la República, una mezcla de sentimientos como la vergüenza ajena, la irritación y la decepción, No voy a hacer las veces de periodista. Tampoco fungiré de abogado. Mucho menos de filósofo en este blog. Simplemente escribo lo que me da vueltas por la cabeza.

Sólo aceptaría su “proyecto de ley”, sólo aprobaría que ellos propusieran una regla de conducta si vistieran sotana, hablaran en nombre de una religión, apelaran a la dimensión de una determinada moral y se dirigieran a su ferviente feligresía.

Pero jamás, desde el ámbito del Estado laico, me van a decir a mí que soy adulto, qué es lo que tengo que hacer con mis criterios de lo que es obscenidad.

Ningún congresista, ningún otro adulto aunque fuere un juez calificador, me va de decir a mí qué es un mensaje y una imagen impúdicos, torpes, u ofensivos a mi pudor. Que se lo digan a sus hijos. Que opongan resistencia ellos a lo que ellos decidan.

Quizás tengan otro concepto de libertad. Quizás me acusen de libertinaje. No me importa. Yo elijo. Yo defino lo que es obsceno en mi vida y en mis actos. Claro, la libertad está ligada al Bien. Y bueno para mí son y siempre serán Botticelli, Joyce, Miguel Angel, Zolá, Wilde, Berlanga, Madonna, Elfriede Jelinek, el Cantar de los Cantares, Marques de Sade, Pasolini, Botero, Kubrick, Boccaccio, Rus Meyer, las caderas onduladas de Ricky Martin o de Kim Bassinger, Yukio Mishima o el más reciente vídeo de Kylie Minogue:



lunes 28 de junio de 2010

Jack el enseñador

Decidimos encontrarnos en el Cine El Pacífico en Miraflores. Un punto demasiado habitual para los encuentros cercanos de todos los tipos, pero el más eficaz. Ahí nadie se pierde. Aunque ubicarse en cualquiera de las puertas por más de 5 minutos a solas, pone en compromiso tu notoriedad o tus propósitos. Para los entendidos, les basta mirar los rostros de los sujetos estacionados ahí para verificar que están a la espera de aquel que no conocen personalmente, sólo por una insignificante descripción vía chat o teléfono. Estos miran a todos los que transitan con ojos de inspector ardilla. Los nervios los delata. La impaciencia es evidente.

Pues ahí estaba yo. Esperando al famoso Jack. Sólo me había dicho que lo identificara por un sobretodo oscuro que apenas le dejaban ver unos botines altos, de esos que se usan en ciudades donde llueve torrencialmente. Bueno, no hice mucho caso de la descripción. Uno se llega a acostumbrar a tolerar gente extravagante.

Llegó. Ciertamente llevaba esa prenda inusual en nuestra ciudad, pero su saludo cordial, su expresión agradable me dieron una buena señal. Me inspiró confianza. Lo saludé, caminamos un par de cuadras comentando algo sobre la puntualidad y me preguntó si deseaba tomar una cerveza o un café. Preferí una cerveza.

Al cruzar el parque, recién pude mirarlo y fijarme en su fisonomía. Se trataba de un muchacho blanco, delgado, de cabello castaño ligeramente crecido hasta por debajo de las orejas, algo que ha sido siempre de mi imperioso agrado. El color de sus ojos era especial. Luego, con más iluminación pude comprobar que eran de color granadilla. Definitivamente se trataba de un muchacho atractivo.

La conversación en el barcito medio escondido fue muy placentera. El había estudiado Filosofía y lo exteriorizaba perfectamente ya que podía seguirme muy bien en esos temas abstractísimos que tanto me gustan. Sin sacarse el sobretodo, permanecimos sentados por horas y pudimos conversar sobre temas indeterminados sin aburrirnos ni un segundo. Eso era una buena señal. A mí, me seducen con el cerebro, con una masa encefálica bien instalada y colonizada.

Pelos castaños, flaco e inteligente. Definitivamente era un buen candidato. Empezaba dentro de mí, la irremediable proyección, la fatal vibración.

Luego de varias cervezas y horas de tertulia ilustrada propuse retirarnos. Pagó la cuenta y salimos.

Sin quedarnos ni un minuto en silencio recorrimos varias cuadras hasta llegar a una calle donde supuestamente nos separaríamos, cada uno hacia su casa. Habíamos quedado en mantenernos en contacto. Aparentemente también él había quedado encantado conmigo, me lo había hecho notar de mil maneras durante toda la noche, como cuando me dijo en tono mordaz, que era raro encontrar un gay que le interesara la teología.

- Así soy yo, doblemente raro- le contesté.

Al despedirse en plena calle le extendí la mano. Pero él, con un dócil movimiento me atrajo hacia sí para darme un abrazo. Me acerqué, pero hasta ahora no sé en qué instante había logrado desabotonarse el sobretodo que llevaba puesto. Había abierto cada lado del mismo sujetándolo con las dos manos dejando exhibir su cuerpo desnudo. No llevaba ni una minúscula prenda debajo. Quería que así le diera el abrazo, hasta tomar contacto con su afilada y manifiesta anatomía.
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Sólo había visto eso en películas. Sujetos que se abren el abrigo para exponer sus genitales a un extraño que no lo espera. Hoy, desconfío de los hombres con sobretodo en una ciudad como Lima, en donde jamás llueve .

No quiero toparme, ni asustarme más con triplemente raros.

sábado 26 de junio de 2010

Porqués y cómos


Quien tiene un por qué, encuentra el cómo
Nietzsche
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Lo jodido es cuando se desdibujan los porqués. No los vemos tan claros. Cuando las cosas que hacemos, por las que peleamos, las que hemos anhelado siempre, pierden su nitidez.

Por eso admiraré siempre a dos tipos de personas: Primero a los que son pertinaces con sus porqués personales, esos guerreros que no bajan la guardia ante nada o nadie. A los Davids. A los que resisten por fuertes que sean los vientos. Ellos, siempre hayan cómo al frente. Y es que están convencidos, motivados, conducidos por sus propias razones.

Y en segundo lugar a los que no tienen razones. Los admiro porque viven bien sin estar dedicando media vida a la filosofía de los porqués. Actúan irreflexivamente como las fieras en la jungla, arrastrados por su desarrolladísimo instinto de conservación. No buscan cómo. No prevén nada más allá que sus propias destrezas. No planifican. Simplemente avanzan. Pisan seguros que no se se precipitarán con ninguna trampa. Sus olfatos no les engañan.

Y estoy yo, sin ser de ninguno de las dos especies.

jueves 24 de junio de 2010

¿Qué hace de rodillas?

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Definitivamente no se está confesando. Tampoco suplicándole que le conceda un deseo. No sé. No sé. Hay gente tan rara que hace cosas tan raras en los lugares más raros...

miércoles 23 de junio de 2010

Mi nombre es Khan y no soy terrorista


Mi nombre es Khan es una de esas películas que me provoca comentar. El film indio retrata el drama del síndrome de Asperger y a la vez hacer un boceto sociopolítico con la comunidad musulmana e hindú residente en EEUU, aportando la consabida dosis de humor, drama y sentimientos.

Más allá de examinar los códigos subyacentes de la llamada industria cinematográfica de Bollywood, las particularidades técnicas, guión y dirección de la propuesta, me quiero referir únicamente a lo que ella me dejó revoloteando como ideas, en la emoción y en el sabor de boca.

El protagonista, Rizvan Khan nació diferente en la India. Pero el amor y la sabiduría de su madre le suministraron las herramientas para defenderse y hacerse un lugar en el mundo. Y vaya que lo logró en un mundo tan diferente como la occidentalísima San Francisco. Todo aquel que lo viera por la calle simplemente diría de él: es un enfermito. Pobrecito. Y al conocer de su raíz musulmana, dirían, cuidado, es peligroso, un terrorista.



Para completar el cuadro, una de las características de la enfermedad de Asperger exhibe una excesiva literalidad de las palabras, sin dobles sentidos. El protagonista pone siempre el mayor cuidado a lo que le dicen y piden; de esta forma lo que está bien y lo que está mal, vuelven a ser fácilmente resueltos por él con una ecuación simple. Él sí es un hombre simple. Sus palabras lo dicen, sus acciones más. Él es coherente y honrado.

El personaje cuestiona concisamente a nosotros los que nos creemos normales; los occidentales, los avispados, los dueños de la moral planetaria. Creemos ser “sencillos” para distinguir a unos de otros, lo bueno de lo malo. Pero nuestra sencillez no lo es en verdad; es más bien, superficialidad. Y ligereza. Nos es imperioso capturar a las personas con sus características más perceptibles: estereotiparlas, catalogarlas, etiquetarlas, rodearlas de un halo. Lo que pasa es que eso nos da una estúpida sensación de poderío, de supremacía sobre aquel que es diferente a la mayoría. Nuestra superficialidad amilana nuestros temores de supervivencia más primitiva.

Y ahí llega la discriminación. Grosera. Inculta. Destructora. Contagiosa. Y como dije más arriba, especialmente, estúpida. Porque ella es irracional, es visceral, primaria. Discriminar es al final de cuentas, perderse la riqueza de aquel que es diferente, aplanarse en lo similar, desaprovechar la diversidad y crecer.




Cuando Rizvan Khan dice No soy terrorista, en verdad nos está diciendo a todos los espectadores: no seas estúpido, usa algo más que tus ojos. Razona, no prejuzgues. Ama y conoce más allá de tus ojos, no te quedes en la mirada.

martes 22 de junio de 2010

¿Volver a las discos?

Hay una marcada diferencia entre un homosexual que sale a tomar una copa a un local lgtb y un heterosexual que sale a lo mismo. Son dos vidas sociales diferentes. Dos batidas diferentes. Casi diría yo, dos terapias distintas.
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Un homosexual cuando sale a tomar una copa implica una posibilidad de encuentro con sus iguales, una posibilidad de vivir el afecto sin restricciones y un oasis dentro de un mundo marcadamente heterosexual. El ocio gay, es más que el ocio heterosexual. Se juega en aquel, una necesidad afectiva más que social, está de por medio su identidad, su pertenencia y expresividad, la reafirmación aireada de lo que es. Su "existencialidad".

Siempre lo he dicho, estoy en contra de los guetos, sean de la naturaleza que sean. Pero sí, comprendo y considero legítimo encontrar nuestros espacios donde cada uno se desenvuelva desde lo que es y no desde lo que los demás imponen como políticamente correcto.

Yo jamás iría a jugar a un salón de billar, ni a una “pollada” de mayoristas de frutas, ni a una despedida de soltero en un club nocturno con bailarinas exóticas y de mondongos expuestos. Sería algo así como sentirme un huevo en cebiche, como un papá Noel sonriente en un Vía crucis.

A pesar de que yo ya no frecuente más lugares lgtb, ellos, sé bien que tienen su aura de templo, su función de centro de peregrinación mística y de terapia psicológica. Sus paredes hiper-decoradas, su oscuridad calculada, su música y sus concurrentes son parte de nuestro habitat, de nuestra realidad, de nuestro escenario.

Recuerdo en ellos mis besos apasionados y agitados, mis bailes exaltados, mis miradas avispadas y mordientes, mis ajetreos y palpitaciones, mis colisiones efímeras, mi sensación de libertad y de lo más cercano a lo que se podría llamarse felicidad.
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Ahora que lo pienso bien, ¿podría ser eso lo que me falta en este momento de mi vida?. Ahí, quizás está la causa de mi tedio y mi pérdida de estímulos. Debería volver a ser un puntual asistente a esos centros nocturnos para recuperar mis ánimos y mi afinación de motores, mi ligereza y bravura. Necesito madrugadas de relámpagos y descargas de emoción, disipación y sentido de pertenencia. Retornar a mis jurisdicciones olvidadas, a la médula de mi cuerpo y de mi identidad sexual. A mi reino lgtb. A mi sentir mariconazo.

Cantaría entonces aquel vals peruano: “...todos vuelven a la tierra en que nacieron…al embrujo incomparable de su sol…” ¿O al embrujo incomparable de su arcoiris?

lunes 21 de junio de 2010

Pequeñas oraciones de niños

Eric Marshall y Susan Hample citan en su libro Children's letters to God, frases de cartas que niños y niñas pequeños escribieron a Dios como ejercicio en clase. He aquí algunas que me parecen más profundas, honestas y directas de las que se hace cualquier adulto. ¡Cuánto tenemos que aprender de los niños en cuanto a la oración espontánea!
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  • Dime Dios, por favor, ¿de qué sirve ser bueno si nadie se entera?
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  • En vez de que la gente se muera y tener que hacer gente nueva, ¿no podrías dejar que siguiéramos viviendo los que ya vivimos?
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  • Mi mamá anda triste desde que mi papá se fue. ¿Podrías hacer algo para encontrarlo?
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  • ¿Cómo es que antes hacías tantos milagros y ahora no haces ni uno?
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  • Fui a una boda y los novios se besaron en la iglesia. ¿Está bien eso?
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  • ¿Cómo sabes que tú eres Dios?
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  • Murió nuestra tortuga y la enterramos en el jardín trasero. Si está contigo ahora, te cuento que le gusta comer lechuga.
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  • ¿Eres rico, o sólo seres famoso?
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  • ¿De verdad eres invisible o es sólo un truco que tienes?
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  • ¿Cómo es que nunca apareces en la tele?
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  • ¿Puedes hacerme un amigo para mí solo? Todos en el cole tienen uno. Ah, apúrate. ¿Sí?
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  • ¿Por qué no dejas que el sol salga por la noche cuando más lo necesitamos?
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  • ¿Por qué tenemos que pedirte cosas cuando ya sabes lo que queremos? Pero en fin, si eso te hace sentirte bien, ya lo haré.
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  • Odio cuando mi papá toma cerveza. Huele muy feo. Luego se duerme. Se despierta y se pone muy furioso. Grita mucho. Sólo por curiosidad, ¿tú inventaste la cerveza?
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  • ¿Te acuerdas cuando nevó tanto que no hubo colegio? ¿Podrías hacerlo otra vez?
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  • ¿Existes de verdad? Hay gente que no lo cree. Si existes de verdad, más te vale hacer algo antes de que sea demasiado tarde.
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  • ¿Cómo te arreglas para meter cada alma en el cuerpo que le corresponde? ¿No te has equivocado alguna vez?
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  • Navidades y Reyes deberían venir un poco antes, porque es difícil portarse bien para los regalos hasta entonces.
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  • En mi casa somos muy de iglesia, así es que no tienes que preocuparte por nosotros.
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  • ¿Por qué hiciste el cielo y la hierba verde?
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  • Si no te llevas a mi hermanito pequeño, no somos amigos.
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  • Tengo que saber para antes del viernes quién era Shakespeare. ¿Lo sabes tú?

sábado 19 de junio de 2010

¿El más guapo del mundial Sudáfrica?

Definitivamente según mis encuestados, uno de los papacitos más codiciados de este mundial de Sudáfrica, es Rafa Marquez, el capitán de la selección mexicana.

Porte típicamente latino, mirada faraónica, 1.82 de estatura, piernas de concreto, barbita crecida, buen trasero, una boca deliciosa, calza 46 ...Ta buenazo. ¿No?

Por algo es un 10. Tendré que ver el próximo partido de la selección mexicana.

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viernes 18 de junio de 2010

Mahalo. Mahalo

Hace años, pocos pero, ya años, que nos conocemos mi amiga Toñi y yo. Como las grandes cosas que transcurren en la vida, como los cambios de estación, como las transiciones en la edad, como la maduración de los frutos, como las migraciones de las aves, se fue levantando paulatinamente nuestra confianza, intimidad e intercambio de vida.

Muchas veces ella ha mencionado insistentemente la palabra -gracias- y yo, siempre le he contestado que no tiene que dármelas. De igual forma, yo, cientos de veces le he agradecido por sus gestos y señas concretas de amistad. Y ella claro está, de igual forma me ha contestado que no tengo nada que agradecer.

Y es que cuando recibimos algo; un obsequio, una pincelada o un brochazo de amor, una muestra de aprecio, una atención, una palabra bonita o cualquier desbordamiento afectivo; sea material o no, nos sale inmediatamente, casi protocolarmente, las palabras -gracias, de nada o a ti- Los ingleses dicen -don’t mention- , los americanos -you´re welcome-

Toñi y yo, nos hemos dicho que el Amor es gratuito. Libre. No tiene ganchos ocultos. Y lo que es mejor aún, hace feliz a ambos, al que ama y al que es amado. Al que da y al que recibe.

Por eso, me gustaría imponer alrededor de mis seres queridos, cada vez que doy o recibo algo, la palabra que usan los hawaianos. Para ellos, no hay diferencia entre el dar y recibir: ellos tienen la expresión “Mahalo”. Ambos son felices, el que da y el que recibe.

- “Al dártelo a ti lo siento como si fuera un regalo para mí: Mahalo”
- “Mahalo”


Por eso, te digo a ti amiga mía. Por eso les digo a todos mis amados amigos que tanto me dan y que según dicen, tanto reciben de mí:
-Mahalo
Si desean pueden contestarme:
-Mahalo

jueves 17 de junio de 2010

Crearme

No me imagino a mi admirado Van Gogh ni a Benedetti ni a Chopin rodeados de gente mientras consumaban sus mejores obras de arte. Es que el proceso de creación es un asunto solitario, donde el hombre se queda en medio del planeta, como un náufrago de pie en una playa recordando su último puerto de partida, su último adiós, su amor lejano.



El mismo Dios creó a solas todo lo creado. De lo que se trata en todo caso es de convencerse que en la más lúgubre soledad que uno pueda estar viviendo, se está amando para crear. O que uno debe cerrar la puerta de la habitación, voltear la espalda a la gente, abrir el alma a solas y empezar a crear nuevos espacios.




Sí amigos queridos, quiero crearme o recrearme, como quieran. Permítanme asistir la incesante tarea del Dios que sigue estando a solas, que busca nuestra ayuda para completar su Creación. Sin más, quiero dibujarme nuevos contornos. Pintarme nuevas texturas. Matizarme. Esculpir, lijar, restregar, pulir, entallar. Trepar, alcanzar, cumplir.

Sí, lo sé, hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Por eso mismo, hemos tomado de Él, el milagroso, divino y natural atributo de seguir creando.

miércoles 16 de junio de 2010

Espontáneo como Bruce



A Bruce Lee, el legendario campeón de karate, le dijo, una vez con tono desesperado, un contrincante suyo que nunca había conseguido vencerle:
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"Es imposible luchar contigo, porque nunca se sabe lo que vas a hacer"
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Y él contestó rapidamente: "Nunca podrás saber lo que voy a hacer..., porque yo mismo no lo sé"

martes 15 de junio de 2010

Gracias por la pepita de oro



Un ermitaño llamado Senrin, un poco mago, vivía en lo más profundo de la montaña. Un día, un antiguo amigo le hizo una visita. Senrin se sintió feliz de recibirle y le ofreció una buena cena y un abrigo para pasar la noche. A la mañana siguiente, antes de que se fuera, quiso hacerle un regalo. Cogió una piedra, y con un golpe de dedo, la convirtió en un bloque de oro.

El amigo no quedó satisfecho. Senrin apuntó con su dedo una enorme roca e inmediatamente la convirtió en oro. Su amigo no sonrió.

- ¿Qué quieres pues? - preguntó Senrin
- Quiero el dedo - fue la respuesta.


No Señor, no pido tu dedo.

Me contento con la pepita de oro que me regalas cada día.

lunes 14 de junio de 2010

Ser ambulancia


















Esta mañana que iba adormitado a dictar clases, mientras las calles de Lima se convertían en la diaria ofensiva de automóviles y avalancha de gentíos que se abalanzan sobre el transporte público, una ambulancia con su sirena ensordeciendo a todos los peatones quiso abrirse paso. Se subió a la acera por un largo trecho, se cruzó un semáforo en rojo y en pocos segundos se se dispersó en una calle contra del tráfico.

Y desperté de mi letargo ante la escena urbana. Una brevísima oración se cruzó por mi mente para que dicha emergencia médica llegara a tiempo al hospital más cerano. Pero otra idea se me pegó y la convertí en reflexión.

Sí, soy un poco una ambulancia en medio de calles atrapadas por el tráfico. En eventualidades de mañanas de invierno y urgencias existenciales, despedazo pautas, atropello vías, me olvido que vivo en una ciudad que tiene reglas de tránsito.


Hay una vida, un ánimo, un espíritu por amparar. Hay mañanas en las que hay que encender la sirena...

jueves 10 de junio de 2010

Workaholic, Dios me libre


Conozco a varios workahólicos. Algunos de ellos inclusive son amigos cercanos. Pero siempre me han producido dos reacciones claras: por un lado, me dan un poco de miedo y por otro lado, me confirman lo que tengo tan claro de mí: que no me gusta trabajar. Lo que me gusta es vivir.




En primer lugar me dan miedo porque aunque su condición pueda hacerlas parecer que son personas que expresan fuertemente una motivación hacia su carrera u oficio; en el fondo me están diciendo con sus actos que no tienen más estimulaciones que esas, las de hacer cosas que han aprendido en una escuela o en un oficio.

Pueden ser buenos artistas gráficos, brillantes administradores, exitosos vendedores, magníficos cheffs. No siempre son los mejores trabajadores. Quisiera más bien que ellos me expresen que sienten la misma motivación y pasión por ser simplemente lo que son desde su nacimiento y por las cosas que hacen después de su trabajo obsesivo, me alegraré profundamente.

Creo modestamente que la gran tarea de nuestras vidas es ser lo que siempre hemos sido. Está bien que tengamos logros. Las metas. Pero ¿Qué hay del Hoy? Pero ¿Qué hay con esos atributos innatos, corrientes, inquietudes, instintos, vocaciones, deleites que no están incitados por el combustible del logro ni del éxito ni del futuro?

Amigos queridos, no todo es fruto. Y no todos los frutos se comen.

En segundo lugar, ellos me hacen concluir qué claro lo tengo sobre mí mismo. Amo mi trabajo, pero cuando estoy trabajando. Es eso, un trabajo. Jamás me definirá más allá de eso. Cuando él acaba, tengo, para ser exagerado, millones de cosas por hacer o no hacer, por arrancar o estacionarme, por construir o destruir, por gozar.

Dicho sea de paso, estoy a menos de una semana de mis próximas vacaciones…

miércoles 9 de junio de 2010

Vicho aprende

Manolo me escribió una frase muy corta en un corto email:

...Aprendemos, nos purificamos de la prueba y sentimos más el amor divino y humano...

Me pareció que su puntería no podría ser más afinada. Sus palabras acertaron. Me sentí descrito y comprendido.
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Es cierto, todo lo que nos pasa es para aprender. Unos se niegan a reconocerlo. Otros, mueren sin saberlo o se demoran media vida en entenderlo. Aprender es para mí, potencialmente, el verbo que mejor define el verbo vivir. Aprender es descubrir nuestros orígenes esenciales y nuestros dobleces actuales; meditarlos, rumiarlos, deglutirlos. Es buscar la procedencia de nuestras propias plagas para que la próxima cosecha sea más productiva. Es abrir un poco más los ojos para tener mejor perspectiva del paisaje que viene.

Y asombrosamente, este apurado, necesario e infrecuente arte de aprender puede ser una maratón cuesta arriba, en terreno empinado donde nadie compite contra nosotros, sino, nosotros mismos.

A aprender fundamentalmente de mí mismo, del día a día, de la noche, del amanecer y de toda la vida.

martes 8 de junio de 2010

Fulanito, el alumnito jaladito

Me ha causado mucha risa Fulanito de Tal, un muchachito de aspecto extraviado que tengo como alumno en uno de los cursos que dicto.

Al entregarle su examen corregido, comentó:

-¿Cómo profesor? ¿Cómo así tengo O4 de nota?

Debo reconocer que con cierto tonito irónico en mi voz, le asesté:

-¿No será porque no estudiaste para una prueba tan simple como ésta ?

Me temo que Fulanito es ese tipo de individuos que van por las calles pensando que los demás -especialmente el alcalde de la ciudad- son los responsables de que meta la pata dentro de todos los huecos que existen en las calzadas. "Son los otros, los maléficos causantes de todas sus desventuras". Ciertamente, es de los que sufre de miopía grave al auto-analizarse, al inspeccionarse. Tiene una idea viciada e inflada de sí mismo, de sus capacidades; y lo que es peor, una percepción adulterada de su propia inhabilidad.
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No papacito. Qué se yo. Será tu flojera. Tu holgazanería perniciosa. Tu desinterés. O tu dificultad para conservar conocimientos y nociones en ese tu torpe cerebrito. Pero lo tengo claro: no soy yo quien se ha equivocado en corregir tu prueba. No soy un sanguinario criminal que se ha ensañado contigo por ser como eres.

Oyeme, cuando uno da un mal exámen, cuando uno mete la pata, sea por la causa que fuese, es preciso ponderarse, superponerse, enderezarse y encausarse con objetividad y humildad al deber. No buscar culpables fuera de uno.

Luego de revisar unos minutos su hoja de exámen, atiborrada de observaciones mías con letras inmensas en tinta roja, Fulanito puso una carita pésimamente mal ensayada de ingenuo colibrí. Faltaba que batiera sus dos bracitos para llamar mi atención y llegó a decirme:


-Pero Profesor. En esta pregunta -señalándome la hoja- creo que merezco 3 puntos y usted me ha calificado con sólo 2 puntos...

Conteniéndome la carcajada -aunque también la frustración y el desencanto de profesor- le dije con voz apaciguada:

-¿Eso quieres? ¿Que te aumente un punto para que en vez de tener 04 tengas 05? ¿Te contestas con eso ? Ok, te pondré un punto más...

A los pocos segundos, finalmente Fulanito dedujo la señal de mis acentuadas preguntas. Se quedó en silencio, se disculpó y se retiró.

Dura lección creo, pero es que no iba a permitir que alguien que obtiene tan poco, debido indudablemente a la irresponsabilidad y al diminuto compromiso con su tarea de estudiante, se satisfaga con ese poco: apenas un punto más. Un universitario que se mide así mismo mediocremente, es mucho más que un mediocre, es un futuro alfeñique como profesional. Un inútil. Mejor, que aprenda desde ya a mirar bien por dónde anda.

lunes 7 de junio de 2010

Extraño ser guitarra


Es inexplicable la sensación que tengo, es como si extrañara tocar la guitarra. Por muchos años lo hice. Ella, una que heredé de mi hermano Lucho, acompañó mi voz, condujo afablemente a otras, improvisó melodías, destruyó silencios, atrajo amigos, entibió inviernos, adornó mi mundo.

Hoy ella, luce arrinconada en una pared del comedor. Da mucha pena verla desvencijada, sin cuerdas, muerta, hecha sólo un poco de madera y lo que es peor, sin haber soltado una melodía en años. Pero no quiero deshacerme de ella. Quiero que sea un recuerdo y una invitación.

Una guitarra sin poder liberar una música al aire, sin conseguir llegar a acariciar oídos y corazones humanos, es cualquier cosa, menos una guitarra.


sábado 5 de junio de 2010

El Sindrome de Vicho - II


Otra señal de este síndrome que lleva mi nombre es aquella completa mutación de mi relación con Dios. Por esos días, no le pido nada, mucho menos le agradezco. No lo ensalzo ni le reclamo. Sólo lo siento. Su presencia es silente. Radica en mi respiración y en mi mirada.

Cuando todo está sombrío y sin vida, un pequeño rocío humedece mis desiertos. Dios, que es Dios, deja por un tiempo su divinidad para convertirse en simple oxígeno y aliento. Se convierte una vez más en soplo de vida para mi vida. Acaricia por dentro. Exhala tenuemente. Murmura. Ama insólitamente mi existencia de barro.

En medio de mi sensación de pequeñez, me dejo envolver en la magnificencia de Dios. En mi debilidad, me defiende. En los días en que no hay ánimos ni impulsos, actúa Él. Sí, me vuelvo un antisocial, lo siento mucho por los que me buscan y quieren. Pero es que me evaporo en el cielo de Dios. Desaparezco para los demás, me quedo a solas con Él.

viernes 4 de junio de 2010

El Sindrome de Vicho - I


Tengo un serio problema. Uno que no estoy seguro que el psicoanálisis pueda curar. Uno que debería tener un nombre. Quizás he de bautizarlo con el mío. El Síndrome de Vicho.

En pocas palabras lo explico. Se trata de sufrir en silencio. Apenas una pesadumbre de cualquier índole empieza a germinar en algún rincón de mí, mis labios emprenden inmediatamente la reacción de comprimirse y mi lengua de paralizarse. Las palabras me abandonan súbitamente. El habla desaparece y dedico todo el tiempo y energía a escucharme.

Doy oídos únicamente a los gemidos mudos de mi alma. Sólo percibo las pulsaciones de cada uno de mis dolores. No hay música, ni poetas; no hay oraciones, ni Dios. No hay seres queridos. No hay sonido ni recuerdos. Me quedo solo pero sin sentirme solo. Vivo al máximo mi ser. Dedico mi atención a mis propios reclamos. Me escucho a mí mismo…
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