jueves 15 de julio de 2010
martes 13 de julio de 2010
Mudanza en mi cumpleaños
Quizás, si haces una breve inspección ocular de las cosas más recientes que he estado escribiendo por aquí, te darás cuenta que ando discurriendo baratamente o te preocuparás que ande fumado en estos días de vacaciones cuando el ocio es padre de todos los vicios.
Eso no es exacto. Simplemente que aquí, en estas páginas, se muestra con malsana transparencia lo que me pasa por dentro. Hay períodos en que mis cristales se empañan con vahos raros. Mis ojos se zarandean cada cierto tiempo, mi perspectiva cambia y claro, en buena medida, también yo.
Hoy que es mi cumpleaños -un abracito para mí- por enésima vez me he decidido intentar hacer una nueva mudanza a destinos impensados. Algunos muebles me empiezan a incomodar, algunos libros no me dicen nada y he decidido tirarlos por el quinto piso, algunas lámparas no dan más luz y hay vecinos que no quiero cruzármelos más en el ascensor.
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Quiero una nueva ventana, un nuevo árbol. Paredes limpias y un nuevo número telefónico. Quiero una nueva pronunciación para las mismas palabras. Un nuevo cartero y un nuevo olor por las mañanas.
Hoy, no se me antoja la misma torta de cumpleaños de chocolate ni los saludos efusivos de siempre. Quiero una nueva morada y mostrar la sonrisa que tengo en este momento al mirarme en el espejo, una habitación pequeñita que no necesite una estufa y una cama más amplia donde quepa algo más que yo.
lunes 12 de julio de 2010
A completar, Vicho
Recuerda una cosa:
No puedes salir de tu esfuerzo si queda incompleto;
una vez que lo inicias, has de completarlo.
Porque tu mente tiene tendencia a completar lo que comenzó.
Tu mente tiende a completar;
por eso cualquier cosa sin completar te causa tensión.
Si querías reír y no has reído,
Sentirás tensión.
Si querías llorar y no has llorado,
sentirás tensión.
Por eso has estado tanto tiempo enfermo:
Porque todo lo has dejado a medias.
Nunca has reído del todo, nunca has llorado del todo;
nunca te has enfadado del todo, nunca te has pacificado del todo;
nunca has odiado del todo, nunca has amado del todo.
Nunca has hecho nada del todo –todo lo has hecho a medias.
Nada es de una pieza, nada es total. Por eso se arrastra y siempre tienes toda una serie de cosas en tu mente.
Por eso te sientes siempre tan incómodo por dentro,
Por eso nunca estás a gusto.
Osho, When the Shoe fits
Esto parece escrito directamente para mí. Esa impaciencia, ese vacío que viene intempestivamente, esa sensación de melancolía, esa inquietud persistente manifestada en la boca del estómago, ese malestar etéreo, esa distracción mental y desazón anímica; pueden provenir de todos esos lazos aún sin desatar, de todas esas obras sin concluir.
A trabajar para completar. A completar para vivir, Vichito.
sábado 10 de julio de 2010
Dos docenas de hombres feos























viernes 9 de julio de 2010
El sentido o sinsentido de la vida
Quizás para muchos, estas dos preguntas son inútiles, desgastadas o aburridas. Para mí, no lo son, porque sus respuestas podrían encerrar en sus entrañas el futuro de nuestra humanidad.
Claro, para los cristianos y otras teologías, la revelación divina es la que nos indicaría el estricto sentido de la vida del hombre. Pero en estos momentos quisiera prescindir de lo que Dios nos señala como acceso, entre otras razones porque quisiera responderme dichas preguntas como cualquier hombre ateo.
No creo que la vida tenga un sentido por sí sola. Por una sola razón, porque ella no es única ni estática. Ni para mí, ni para nadie. La vida de ayer es diferente a la de hoy. La vida es un proceso biológico, físico, químico, emocional, entre otros. Es energía en movimiento. El sentido que pudimos haber apreciado de ella, ayer, es altamente probable que sea desigual al que hoy pudiéramos percibir.
Ayer -o hace un mes- el sentido que la vida me presentó pudo haber sido el amar. Pero ¿qué pasa si se desvanece el objeto de mi amor? Desaparecería el ser amado y con él, el sentido de mi vida. Hoy el sentido que a todas luces detecto en mi vida, podría ser mi trabajo. Pero ¿qué pasa si me despiden? Desaparecería mi trabajo y con él, el sentido de mi vida.
Nuestros actos más que un sentido habrían de tener una intencionalidad actual, real, próxima, concreta y directa. Es decir, yo hago esto para esto. Porque quiero ser feliz, porque quiero que el otro lo sea, porque quiero evitar el dolor, porque me pica, porque me lo ordenan. O porque discierno que es algo bueno. Día a día. Hora a hora. Segundo a segundo.
Con el ánimo de ser práctico me desharé de esas preguntas para reemplazarlas por la posesión de una consciencia clara de lo que quiero en el momento actual. Y ahí, encontraré mi intención. Y ahí, dedicaré mis esfuerzos. Y ahí podría estar la razón para seguir viviendo.
¿Para qué recargarnos con sentidos mayúsculos, tan subjetivos y cambiantes? Seamos menos pretenciosos y más funcionales. Que nuestros actos y episodios personales tengan una intención nítida, visible, específica y eficaz.

¿Qué me queda? Reconocerme como un hombre sin sentido...
jueves 8 de julio de 2010
Lassie, no fuiste Lassie
Aquel día bajamos las escaleras en dos saltos. Ahí estaba, tenía unos dos meses de nacida envuelta en una sábana y su hocico largo la delataba perfectamente, era el rasgo significativo de la raza que buscábamos. Sólo le faltaba una mata blanca y lacia de pelos alrededor del lomo para convencernos que en pocos meses tendríamos en casa una deslumbrante Lassie, que fue como afanadamente la bautizamos.
Pasaron las semanas y luego los meses. La cachorra se convirtió en una perra adulta que no correspondía en nada a la imagen que teníamos en mente. De Lassie, no tenía nada. Sólo el nombre. Un hocico alargado, sí, pero también, una figura rechoncha, un pelaje color caramelo en todo el cuerpo, unos ojos almendrados y unas patas cortas que difícilmente le permitían saltar las cercas como la Lassie verdadera. A pesar de eso, con la mezcolanza incierta de razas, se ganó el corazón de todos en casa, pero en especial el de mi hermano Alberto. Ellos dos se volvieron inseparables y hubieran podido filmar su propia serie televisiva.
Lassie, tenía su propio sello. Empezó a revelar muchas de esas cualidades y destrezas que muy bien podrían convertirla en una estrella en una serie de televisión. Poco le faltaba hablar. Y mejor que eso, se convirtió en nuestra propia estrella.
Hoy lo recuerdo y reflexiono. Alguien puede llegar a casa o a nuestras vidas seguido de una gran expectativa personal. Lo imaginamos nítidamente cómo será en el futuro. Pero termina siendo incomparable, corriendo por nuestros patios o nuestras hondas intimidades, escoltándonos en nuestros embrollos y escollos, lamiéndonos e iluminándonos nuestras tristezas, abrigándonos el corazón impaciente. Alguien puede llegar a tocar la puerta y cambiarnos la mirada.
Lassie llegó así. En nuestras mentes como perra fina y en los días como nuestra propia Lassie. Cumplió su misión. Y hoy la recuerdo como uno de esas lecciones de mi niñez en las que hay que aceptar y consentir los obsequios imprevistos del tío Emilio, del papá Dios, de la Vida.
Lassie descansa en paz en el jardín de nuestra antigua casa.
miércoles 7 de julio de 2010
Oración de un gay

o de inclinación sexual
ignorarnos.
martes 6 de julio de 2010
Hoy, Feliz día del Maestro
Como saben algunos, llegué a la educación, casi por casualidad. Claro, una casualidad muy programada por Dios, quien conocía bien mis ganas inagotables por comunicar.
Son varios años ya de docente universitario. Y hoy, sólo quisiera relatar lo que me sucede cuando cruzo el umbral de un aula.
Cuarenta pares de ojos empiezan a revisarme de pies a cabeza, escanean mis gestos, conjeturan mis propósitos del día. Cuarenta cerebros se confrontan sentenciosamente conmigo. Me examinan.
Y yo me complazco, claro. Porque siempre lo he dicho, me gusta dispersar al circuito que me rodea, ideas e imágenes para que otros las atrapen, las muerdan y luego las digieran. Se respira un clima atlético, versátil y hasta teatral.
Pero no siempre son un placer estos encuentros. Son también, una responsabilidad y un trabajo. Consistentes. Urgidos. Técnicos. Como todo encargo, tiene un mensaje cuyo contenido no siempre es mío, sino, de otros que se valen de mí para transferir sus recados. En mi voz hablan otros, escritores que leí y Dios que viví; pensadores que aglutiné y mis maestros que admiré.
Creo en verdad, que yo no elegí ser “profe”. La vida o no sé qué, me eligió a mí. Gracias pues, a ese no sé qué.
Mientras tanto, déjenme descansar porque estoy de vacaciones.
lunes 5 de julio de 2010
jueves 1 de julio de 2010
Dios también es homosexual
Entre las miles de explicaciones que se dan en entrevistas y reportajes de televisión sobre la homosexualidad, vi una en donde Eddie Blume hace una inteligente deducción:
Si Dios me hizo a su imagen y semejanza, entonces, Dios es homosexual.

Claro, teólogos y conservadores se horrorizarán de un enunciado como éste. Pero si respiramos, si ahondamos en lo que pretende decirnos, notaremos que no es descabellado ni una ofensa escandalosa o desatinada a la integridad de Dios.
Hemos hecho hincapié histórica y bíblicamente en remarcar la paternidad de Dios. No lo dudo. Dios tiene esa figura. Pero lo que sí cuestionaría por un lado entonces sería: ¿La paternidad como la entendemos es un atributo exclusivo de los hombres? ¿Un padre necesariamente tiene que ser heterosexual?
Pues déjenme decirles que conozco casos de padres homosexuales que son excelentes padres quienes ejercen sobre sus hijos mucho más que una simple paternidad. Padres afectuosos, tiernos, acogedores, sensibles, incondicionales, ejemplares.
Dios en mi vida es justamente eso que he visto en hombres y mujeres. Sean heteros, bis u homos. Dios ha querido extender sus virtudes a todos nosotros.
En mi caso, si tengo esas cualidades para relacionarme, modos de proveer vida y capacidades para amar en esos términos, ha de ser porque Dios sopló sobre mí, sus semejanzas que se evidencian en mi forma de ser. Mis tonalidades, mis sensibilidades, mis piedades, mis especulaciones se las debo a él.

Es una verdad. Dios también es homosexual. Por algo, escogió el arcoiris como una señal visible de su alianza con sus criaturas.

















