miércoles 25 de agosto de 2010

Callar y Hablar


Recibo esta reflexión de mi amiga Toñi que ahora deseo compartir con ustedes...


Callar sobre uno mismo...es HUMILDAD.
Callar sobre los defectos de otros...es CARIDAD.
Callar cuando se está sufriendo...es HEROISMO.
Callar cuando otro habla...es DELICADEZA.
Callar cuando no hay necesidad de hablar...es PRUDENCIA.
Callar cuando Dios nos habla al corazón...es SILENCIO.
Callar ante el misterio que no entendemos...es SABIDURÍA.
Callar ante el sufrimiento ajeno...es COBARDÍA.
Callar ante la injusticia...es FLAQUEZA.


Hablar de uno mismo...es VANIDAD.
Hablar debiendo callar...es NECEDAD.
Pero...Hablar oportunamente...es ACIERTO.
Hablar ante una injusticia... es VALENTÍA.
Hablar para defender...es COMPASIÓN.
Hablar con sinceridad...es RECTITUD.
Hablar para rectificar...es UN DEBER.

Aprendamos antes a callar para poder hablar con acierto y tino...

Porque si la PALABRA es PLATA
el SILENCIO es ORO.

viernes 20 de agosto de 2010

Del pene y de Dios


“Tu pene es la lengua muerta de Dios”

Leí este verso por ahí. Me golpeó. Me remeció el intelecto y el sentido de respeto que aún me queda.


Claro, tampoco fue tanto como para horrorizarme. Estoy acostumbrado a mis propios escándalos e irreverencias, lo que me ha instruido bien para escándalos ajenos. Pero me hizo reflexionar sobre la noción de lo sagrado.

Lo sagrado para cualquier religión es aquello casi intocable, aquello que si no se conduce y maniobra dentro de lo que es apreciado como ritual y manifestación ajustada a sus normas, es simplemente profano. Por tanto, es un concepto borroso, relativo, subjetivo. Lo que es sagrado para mí, no es necesariamente sagrado para mi vecino o antípoda.

Releyendo este verso inicial, me cuestiono: ¿Cómo mezclar en un mismo costal dos dimensiones tan antagónicas como un pene y Dios? ¿Dios tiene que estar al margen de lo mundano? ¿Dios y un pene pertenecen a dos universos paralelos que jamás han de reunirse?

Pues creo que no. Dios que es inmensidad y divinidad abarca todo. Incluso lo que pertenece al mundo humano. Dios no es una entidad vaga y lejana que desconozca los penes erectos y flácidos, los orgasmos secos y húmedos, nuestras condiciones y acciones terrenales.

Cuando estoy en una cama dando rienda suelta a mi naturaleza lasciva y carnal, no cierro una cortina para que Dios quede fuera y no vea lo que hago. Él advierte mi humanidad, sabe de mis corrientes arrolladoras, de mis movimientos y definiciones.

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Con el permiso de teólogos, afirmo que para Dios no hay nada profano. Está por encima de todo. Para Él, sólo existe lo humano, su creación. Y así nos hizo, con carne, huesos, venas y nervios; con el Arte y el placer y la imaginación ardiéndonos por dentro.

No quiero hacer las veces de Dios, pero lo que sí ha de desear es que vivamos priorizando y contextualizando. Me explico. Ha de querer que las cosas tengan un orden de importancia en nuestras vidas, que las sepamos clasificar, jerarquizar y ponderar. Ha de querer que a partir de nuestras consciencias y la capacidad básica para juzgar, demos a nuestros actos, objetos y valores un carácter propio.

Además ha de querer que contextualicemos, que pongamos cada cosa en su lugar y en su momento, que cavilemos sobre la ubicación de cada uno de nuestros desempeños, roles y prácticas. Que haya noches para lo sagrado y noches para lo profano. Días para el cuerpo y tardes para el espíritu.

Somos siempre los mismos -No estamos desmembrados en varias partes- y siempre hay un “Dios con nosotros”. El Cielo y el mundo material pueden habitar sabiamente en nosotros. No hay más, tal destierro que relata el Génesis. Hay una creación extraordinaria a nuestros pies bajo la sonrisa aprobatoria de Dios.

jueves 19 de agosto de 2010

Agradezco, agradezco y agradeceré


Entre las muchas cosas que lamento de los que viven sin Dios es su incapacidad para vivir agradeciendo. No basta dar las gracias a la Vida, como un grito en el vacío, como una leve sensación pasajera.

Agradecer a Dios es más que una actitud de estar agradecido a la Vida. Es más que eso, es conservar la certeza de que el favor concedido es fruto de un amor personal.

Dios me ha mirado a mí. Me ha hablado en voz baja. Ha leído palabras silenciosas en mi corazón y como un abrazo tibio, me ha hecho indescriptiblemente feliz interviniendo en mi vida.

Milagros, pinceladas, dones, prodigios, detalles, agasajos. Agradecerle a Dios por todo esto, es estar con el alma abierta, como lo hacen los amantes en el lecho caliente. Es estar blindado contra las adversidades. La gratitud se convierte en una oración perenne. Permite vivir y sobrevivir. Nos reviste de una nueva aura. Es sobrevolar alto, muy alto, el vacío de la existencia humana.

Agradecer es responder a la voz y a la acción de Dios. Es la demostración que la Fe, no me abandona. Que sigo firme aunque el camino no se vea bien del todo.

Agradezco y agradezco, doy gracias, por sobre todo. Aunque no todo brille o tema todo por las noches. Agradezco porque me siento amado. No solamente por vivir, sino por sentirme amado por Dios. ¿Será eso lo que llaman entrar en la inmortalidad?


Señor, mi Señor, gracias

miércoles 18 de agosto de 2010

Mi libertad vs. tu libertad


¡Son tantas las veces que he reflexionado sobre la Libertad! Hoy sólo quiero referirme a lo embarazoso que suele ser respetar la libertad de los demás. No es tarea fácil. Y es que le ponemos más énfasis al ejercicio de la nuestra, como si fuese la única que importa. Pero es todo lo contrario, interesa más el saber cohabitar con la libertad de los que nos rodean que con la propia libertad.

Los demás tienen el derecho inalienable de ser como quieren ser. Son absolutamente autónomos. Tengo que recordarlo siempre. Sean mis padres o mis hijos, mis vecinos o amigos, mi marido o peores nada, tienen sus propias calzadas, trámites, estilos, configuraciones, maneras, decisiones y códigos. No son mis marionetas ni lo serán jamás. Tienen sus propios tonalidades y perspectivas.
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Mario habla poco. Yo hablo mucho. Yo tengo días de silencio sepulcral y esos mismos días son los que a Mario se le ocurre dialogar y se convierte en loro. Yo quiero quedarme en casa envuelto bajo el edredón y él quiere andar las calles húmedas de este invierno cruento. Yo escribo, él canta. Yo soy balada, él poesía.

Las libertades se retan. Colisionamos. Queremos ser felices juntos pero el precipicio está en medio de los dos. Yo hacia el norte y él hacia el sur. ¿Qué hago? ¿Qué hacemos? ¿Cómo caminamos hacia el mismo destino?

Yo podría hacer alarde de mi libertad. Él también de la suya. Es imposible convertirlas en una sola.

De eso se trata nuestra humanidad, de convivir desde nuestra individualidad y singularidad. Es el álgebra de los hombres. Hay que convertirse en una ecuación única donde cada uno participa con su propio factor.

Libertad + libertad = Libertad.

martes 17 de agosto de 2010

Busco novia peluda, con lengua larga y finos colmillos


Tenemos una huésped en casa. Se trata de mi sobrina nieta. Apenas, la niña ha de pesar 500 grms. Tiene ojos pequeños pero muy vivaces, las orejas dobladas hacia abajo; tanto, que quizás necesite una operación de cirugía reconstructiva para que las deje alzadas como dos pequeños radares. Ya le asoman dos matas de pelos en los cachetes que se convertirán en una especie de barba lacia y graciosa. Sólo tiene 3 meses de nacida y ya le han asoman unos dientecillos como agujas que perforan calcetines y patas de sillas.

Lo más significativo es que se ha robado instantáneamente el corazón de todos en casa. A pesar de su pequeñez y su carencia de modales que la hacen orinar por distintos rincones de la casa, su presencia ha traído un aire de naturalidad y frescura, de alegría y simplicidad. Ha destruido nuestras nuestros aires solemnes, nuestras rutinas y ordenamientos.

Sí, es una perrita que no tiene nombre aún que pertenece a una de mis sobrinas, quien mientras organiza su próxima morada ha decidido dejárnosla encargada por unos cuantos días.



Pero lo que insospechadamente ha logrado esta cría en estos breves días, es devolverme las ganas de tener una mascota. Soy en definitiva un hombre de perros y más perros. Toda mi vida he crecido al lado de ellos. Éstos parecen ser parte de mi extrañísima naturaleza y de mi tan conocida debilidad. Me aportan, lo noto, una energía que ningún ser humano puede infundirme con facilidad. Cuando me juguetean sin hablar, me miran tiernamente, me reclaman comida, me muerden la oreja, me lamen el dedo, me reciben moviéndome la cola o me lloriquean para que los cargue, me convierten misteriosamente en otra mascota más. Me devuelven mi perdida docilidad, mi propensión por los afectos y por la apacibilidad en la rutina diaria. Vuelve a mí, esa sencillez que se consigue solamente al ras del suelo.

Sí, sencillamente quiero, requiero y deseo un perro. Es urgente. Vital. No quiero ni una pareja ni un novio, ni un cargoso compañero de vida. No quiero besos, quiero lamidas. No quiero palabras, quiero gestos instintivos. No quiero una piel por acariciar, quiero una mata de pelos sedosos. No quiero una pasión costosa, quiero un apego desinteresado.

Quizás termine con un gran danés en mi cama o una yorkshire como mi huésped descrito. Ya les contaré.

lunes 16 de agosto de 2010

Vicho escribe tocándose el vientre

Les debo una explicación. La ausencia ha sido prolongada. Hace un mes que no escribo. Al comienzo fueron unas vacaciones. Un viaje. Ya saben que para mí, lo mejor que puedo hacer en las vacaciones, es abandonar rutinas, horarios y responsabilidades. Convertirme en un preciado haragán. Pero luego, algo dentro de mí colapsó. Mejor dicho, varias flechas envenenadas me hirieron letalmente y me adormecieron y suspendieron en el tiempo: mi testaruda gastritis, mi estado de ánimo, el frío virulento de este invierno de Lima, la poca luz de los días y al final, el regreso a clases.

También merecen que les explique esto del título de esta temporada de mi blog “tocándose el vientre”. Es que si hago memoria, en estas últimas semanas de una posición repetida y reveladora, ha sido precisamente esa; me la he pasado tocándome el estómago. Mi barriga, que representa el centro de mi cuerpo y la yema de mi existencia, me ha solicitado atención, me ha interpelado, me ha descubierto antiguos nudos en rincones de mis intestinos, agobios y temores en mis entrañas, trabazones emocionales que jamás se curaron con una taza de manzanilla caliente.

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Sospecho que algo prevalecerá en esta temporada y será este persistente protagonismo visceral. Con el permiso de ustedes, me daré la oportunidad de vomitar presencias tóxicas, purgarme y aliviarme, acariciarme el vientre como señal de que cuido mi sede de vitalidad.

Toda mi vida he sufrido de dolores estomacales. Y toda la vida, mi mamá se encargó de calmarlos “sobándome la barriguita”. Ahora, lo haré yo mismo, aquí, escribiendo y comunicándome.

Bienvenidos a este tratamiento gastro-enterológica.
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