Como bien saben queridos lectores, soy un bicho desafortunado en el amor de pareja. En mis noches de extrema desesperanza, sentado en una cantina solitaria y frente a una copa de aguardiente, escuchando un bolero en la voz de Chabela Vargas, la frase “no tengo ni perro quien me ladre” bien podría salir de mi voz contraída y lastimera.
En varias ocasiones he escrito desfachatadamente de mis montañas rusas en el amor. De ilusiones, de súbitos romances, de torsiones sentimentales, pero, seguidos "karmáticamente" de sus respectivos chascos.
Pero voy a cambiar el tono de mi reflexión. El responsable de este naufragio afectivo no es otro que yo mismo. Yo he atraído de forma inconsciente, tosca y negligente, a los peores ejemplares de los hombres homosexuales de mi entorno. Aunque más que uno quede dañado con mi siguiente afirmación, tengo que reconocer que todos, o casi todos han sido hombres mentalmente enfermos.
El mejor consejo que alguna vez me dieron y que tras mucho trajinar por estas calles del amor y el romance, he podido patentizar, es el de buscar ante todo, una pareja sana. Nada más valioso que una mente sana para una pareja sana. Sólo una mente sana puede amar. Por tanto, no hemos de buscar ni alguien de buen corazón que es un mero músculo, ni mucho menos alguien de un genital apetitoso. No hemos de perseguir bellos, ni ricos, ni carismáticos, ni obsequiosos, sino, un sano mentalmente hablando. Así de simple.
Revisaré algunas señas científicas de quienes tienen una buena salud mental: -Relaciones satisfactorias con la familia, amigos y la sociedad. -Un trabajo donde se obtenga mucho más que una recompensa económica. -Una aspiración moderada de trascender a lo sexual y material. -Un equilibrio emocional, es decir que se pueda estar triste o enojado pero sin dejar de ser sensible y seguro. -Un reconocimiento de las adversidades y la mínima capacidad para enfrentarlas y no esconderse debajo de las sábanas de la fantasía o el placer. -Un aprendizaje de los otros. -Una comprensión de otros criterios y percepciones. -Un descubrimiento del propio potencial tanto como de las limitaciones.
Claro, yo no tengo todo eso. Me faltará mucho. No cumplo todos esos requisitos, pero el consuelo está en que deseo ferviente y conscientemente convertirme en eso. Deseo estar sano mentalmente.
En cambio, mis pasados y recientes pretendientes han carecido notablemente de todos estos rasgos. Unos enfermos mentales totales. Pobre de ellos, pero por sobre todo, pobre de mí también, que no supe diagnosticarlos a tiempo y pronosticar unos fracasos portentosos que me dejarían con la nariz aplastada contra el piso.








































