Adiós año 2011
ha sido un gusto
pero no quiero volverte a ver
Un año jodido. De los más jodidos que he tenido que vivir. De esos en que ciertos sucesos te apalean, te meten dentro de una olla hirviendo para verificar de qué material estás hecho, para ver si te disuelves o perduras intacto. Un año de altísimas temperaturas para comprobar tu reciedumbre.
Racionalmente hablando, podría estar muerto. Pero yo que me
empecino en convencerme que estoy envuelto en misterio y magnetismos excepcionales,
termino por concluir que no sé cómo sigo vivo. Esas fuerzas invisibles me
sostuvieron y me señalaron que todavía había motivaciones importantes para asirme
y continuar.
Termina el año y aunque suene soberbio, me siento el hombre
más fuerte del planeta. Ahora, puedo decir que ya no le temo a nada. Soy ese
Atlas con los pilares del mundo cargando sobre sus hombros. El pececito delicadito
y de colores que ha nadado en medio de un lago de pirañas y ha sobrevivido.
Se siente bien saber que se puede contra aquello que se creía invencible. Puedo decir que esta vida sin sentido, sí lo tiene.
La muerte de una madre es cruel e inhumana. Pero de manera
enigmática, su amor maternal es más fuerte. Traspasa las pavuras, las desgracias, los
tiempos y lo alarmantemente material. He sido tan amado por ella durante toda
mi puta vida que me quedarán reservas para el resto de mi existencia. Vivo y
viviré con sus vibraciones para siempre.
Por eso recibo el Año nuevo ilusionado y re-creado. Cincelado
a punta de duros golpes, pero con aristas que emergen brillantes. Me apoderaré
animosamente de estas nuevas vetas de oro fino y resistente que por siglos, fueron dibujadas en mis entrañas y en mi espíritu.

















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