jueves 31 de marzo de 2011

Los candidatos a congresista más guapetones y el ganador es...


Claro que pienso y tengo mi posición política bien definida, pero como en este espacio no hablo de ideologías ni hago proselitismo político, sólo me dedicaré a presentar a los candidatos al congreso peruano que me parecen que están “en algo”. Es decir, aquí les dejo con los guapetones, los fuertotes. Mejor, juzguen por ustedes mismos.

En un mar de feos, de gordos, tíos vejetes y encima, fanfarrones, les dejo con los que raudamente he podido echarles un ojo encima…

Juan José Garrido



Rodrigo Olano


José Pareja:


Renzo Reggiardo:


Augusto Rey:



Y claro está, de lejos, el ganador, el más churro, el pancito caliente, el papacito, el modelito, el político con pinta de galán. Vale votar por él porque siempre es bueno una dosis de belleza masculina en medio de la política peruana. 

Manuel del Castillo Hernández


miércoles 30 de marzo de 2011

Mi psiquiatra


Hace semanas le debía un post a mi psiquiatra. Sé que ella me lee…

Hace varios años atrás, cuando accedí ir a una cita con ella a tanta insistencia de mi prima Maritza quien me conoce bien y quien me notaba por mi estado de ánimo y falta de energía vital, que necesitaba ayuda especializada, la vi por primera vez; aunque debería decir que sobre todo, ella me vio .

Apenas entré a su consultorio me recibió con una amplia sonrisa como si ya nos conociéramos de años atrás o de alguna otra dimensión. Me hizo dos preguntas rutinarias y sigilosamente, con dos o tres frases sueltas sobre lo que advertía en mí, fue como si recibiera un bálsamo misterioso. El diagnóstico era infalible: depresión.

Ya lo he escrito alguna vez y para quienes aún mantienen un prejuicio o un desconocimiento sobre el tema de lo que es este transtorno, todo se resume a una descompensación química en el cerebro.

Muchos amigos míos se asombran de la apertura descocada con que hablo de mi depresión. No están muy acostumbrados a que alguien se exponga a que lo llamen perturbado o loco. Yo, al contrario, me gusta escribir sobre ello porque me dispone a ser agradecido y justo con la ciencia, con los mil caminos que Dios tiene para sanarnos y también me permite atestiguar que nos rondan ángeles de mil nombres y oficios que llegan a nuestra vida para salvarnos y recuperarnos del infierno y la nada.


Photobucket


Hace un par de meses tuve que recurrir a mi muy apreciada doctora por una evidente recaída. Me dio un abrazo igual de cariñoso a pesar del tiempo transcurrido. Apeló a su memoria afectiva.  Me miró a los ojos, pero sé que simultáneamente me miró el alma. Me recorrió los mil conductos invisibles que conectan el corazón con la mente. Me mimó y con naturalidad, sabiduría y ternura me dijo:

-         No quiero que estés así. No es justo para nadie. No quiero verte desgastado. Te quiero como eres en verdad: feliz, vital y bello. Así que, en dos semanas verás, volverás a la vida de siempre…

Y fue así. Día a día. Pastilla a pastilla. Paso a paso. Poquito a poquito, las obstrucciones fueron destrabándose, mi sangre llevó a mi cerebro maltrecho, nutrientes que habían estado desorientados, mis ojos recobraron luminosidad, mis músculos se irguieron, me regresó la sonrisa llana, el futuro se reanudó, la noche se acortó, los sabores reaparecieron. La vida llena de matices se restableció. Y yo, nuevamente me sentí.

Siempre llego a la misma conclusión. Los tratamientos médicos para las enfermedades que sean, son más efectivos y seguros con amor del bueno, con caricias materiales e intocables, con paciencias y energías de quienes nos aman de mil maneras.

Gracias Martha.     

martes 29 de marzo de 2011

Acéptalo, te equivocaste, tienes 01



Hay veces que me provoca escribir sobre algunas actitudes de mis alumnos. Hoy lo haré:

Anoche, luego de entregar los resultados de una evaluación mensual, uno de ellos se me acercó al final de la clase, con un tonillo ligeramente temerario, con una mano en la cintura y me dijo:

-         Profesor, ¿Por qué me ha puesto 01 sobre 20?

Me contuve la risotada en verdad, porque me picaba decirle mordazmente que sería porque se lo merecía por asno o por ser una calamidad como estudiante. Aspiré, y con una sonrisa cortés, le pedí su prueba escrita para revisarla juntos.

Inmediatamente se lanzó con una retahíla de argumentos, como que ahí estaba lo que se solicitaba en la pregunta, que él era conciso, que le gustaba ser preciso, que no había tenido más tiempo para estudiar…

Y en una circunstancia como esta, la verdad, lo que menos me importa es la nota que tiene. Lo que me atañe en ese momento es evaluar ya la actitud que muestra el alumno ante una falta, ante un resultado adverso, ante su propia falla. Era sin duda, un examen bochornoso, pobrísimo, colmado de frases sin sentido y totalmente apartadas del tema requerido, arrojadas al azar, con la única intención de llenar el vacío y probar suerte.

Prefiero, más allá de una reconsideración en la nota, que manifieste otra interpretación de lo sucedido. Era evidente que no había estudiado ni preocupado en leer sobre el tema. Y eso tenía que reconocerlo él mismo.


Seguramente yo en varios momentos de mi vida habré hecho lo mismo: Habré tenido la certeza que estaba equivocado, que el error era del tamaño de un hipopótamo y persistido insensatamente en encontrarle una pizca de verdad a mis acciones. Me habré justificado tercamente. Me habré aferrado a mil pretextos para no encarar mi propia falencia, mi propia irresponsabilidad o mi propia inexactitud.

Pero qué importante para un desarrollo personal es reconocerse y examinarse. Los resultados saltan a la vista, están ahí para abrir cerebros y rescatar el entendimiento y hasta el alma, para inyectar humildad y señalarnos el camino de salida, la reparación, la sanación.

Creo que la vida nos evalúa diariamente y podemos sacar la lección maravillosa, re-encaminarnos y mejorar. Simplemente eso: mejorar a partir de las metidas de pata y las culpas reconocidas.  

Después de una pregunta, el alumno se marchó en silencio. Quizás odiándome, quizás agradeciéndome, quizás más confundido que nunca, no lo sé. Lo único que le enuncié fue:

- Dime, después de este reclamo tuyo sin resultados favorables -ya que no le aumenté ni medio punto más- ¿ha mejorado tu desempeño y virtud como estudiante o como persona?

Y yo, también terminé cuestionado

lunes 28 de marzo de 2011

Mi última sesión de fotos

Gracias Robby por tenerme paciencia. Quedaron exactamente como quería...


viernes 25 de marzo de 2011

Vicho erótico

Algunos se preguntarán por qué escribo tanto sobre sexo. A veces cuando reviso mis escritos pasados, a mí mismo me asoma el calificativo de ser un trastornado por el sexo. Puedo parecer un crápula, un vicioso. Quizás…


Pero déjenme defenderme un poquito. Escribo sobre mi sexualidad por una cuestión de conciencia, porque pasan los años y compruebo que persiste socialmente una tendencia a esconder una actividad, una dimensión que es absolutamente connatural a nuestra condición humana. Lo repruebo. Me da lástima.

Aún sigue siendo un tabú. Sigue siendo un tema que incomoda, abochorna y escandaliza. Y es lo peor que nos puede pasar a hombre, mujeres y demás "fauna humana", porque mientras mantenga esa sombra de prohibición y represión moral, seguirá causando tantísimos estragos y traumas, tantas lacras y heridas dolorosas.

Ayer, en clase, toqué soslayadamente el tema del Eros. Abordé a mis jóvenes alumnos con el tema del sexo como instinto natural, como impulso.


Todos, sin excepción pusieron una cara de sorpresa, como si les estuviera violentando con un tema que no debiera tocarse en un aula universitaria. Sonrisitas nerviosas, miradas al techo, caras de desinterés. Pero poco a poco, con mi naturalidad y seriedad, fueron encontrando que era un tema académico y útil.

El Eros no tiene nada que ver con pornografía o el sexo meramente animal. Es una pulsión natural e ineludible. Nuestra actividad sexual es una representación de nuestro apetito de unión y reunión, de integrarnos, fusionarnos, conservarnos como unidades físicas y psíquicas.

Los trastornos llegan como una desviación nefasta cuando reprimimos el Eros, surgen como un mecanismo de defensa a corto plazo, pero que a la larga reaparecen y como si fueran un dique demolido, desembalsa una corriente que sólo trae destrucción.

Me preocupó que jóvenes de hoy, sanos y radiantes, que tienen tanto acceso a la información, se encojan sobre sus recelos y tabúes, sobre sus instintos naturales.  

Para llegar a un estado de consciencia natural y saludable no podemos desplazar este instinto sexual. 


Por eso, mi modesto blog quiere personas -lectores- lúcidos y familiarizados con todos sus impulsos, con todas sus dimensiones, con todo lo que son.


Ante esta reflexión, no me avergüenza que me tilden o considerarme yo mismo, un vicho erótico.
                                    

miércoles 23 de marzo de 2011

Politicos peruanos: ¡ No soy fácil !

Vivimos en Perú una época de carnaval electoral. Por donde vayamos, sintonicemos lo que sintonicemos, miremos donde miremos, hay un anuncio publicitario con caras sonrientes de políticos que se postulan para algún cargo público.

Es la época de las encuestas y los jingles promocionales. De símbolos y colores representativos. De frasecitas clichés y noticias.

Todo el mundo opina y te pregunta “por quién votas”:

 A mí me gusta la política. Sigo de cerca los programas periodísticos. Me considero un hombre relativamente informado. Intento dejarme convencer por argumentos objetivos y técnicos pero debo reconocer que predomina en mí, el efecto emocional. 


Hay candidatos que de sólo verlos me revuelven la mierda, que no soporto, que me dan absoluta repugnancia. Es una cuestión visceral, tanto como si formaran parte de mi vida personal y como si fueran parte de mi pasado. Son como ex novios infieles que me dejaron sangrando infamemente o como amigos traidores que me clavaron algún puñal invisible y en quienes ya es imposible volver a confiar.

Y es porque más allá de sus peroratas y gestos sonrientes delante de las cámaras, no puedo evitar advertir sus pormenores sospechosos de su vida privada y sus representaciones tan falsas de conducirse públicamente. Modestamente, creo haber desarrollado la capacidad de identificar quién oculta algo. Huelo a kilómetros los esqueletos guardados en los armarios. Leo bien cuando una mirada discrepa con la voz, cuando lo que se dice no es producto de una convicción sino más bien, de un artificio sórdido.

Muchos candidatos han pasado por mi vida prometiéndome el paraíso y matrimonios encantadores. Pero, justamente por eso, he aprendido a examinar curriculums y vidas pasadas. Inspecciono sus historiales. Califico sus frutos personales. Me hago mil veces la siguiente pregunta: ¿Quién mierda eres en el fondo?

Me producen una repulsión infinita los hombres y mujeres, políticos en este caso, que se aproximan a mí sólo para que los apruebe y vote por ellos, creyéndome un cándido, un estúpido fácil de convencer con artes baratas o disfuerzos de circo.

No. No es fácil que les aplauda ni que confíe en sus palabritas quejosas o dulcificadas. No es sencillo conseguir mi venia ni mi incondicionalidad. Soy difícil. No es tan fácil que abra las piernas.
                                             

martes 22 de marzo de 2011

Ser diferente es diferente


Hace un par de días entré a una nueva tienda de ropa masculina que han inaugurado recientemente aquí en Miraflores. Me gustó. Prendas de algodón, muy urbanas, sumamente temerarias ya que cualquier varón no se las pondría. Ropa de vanguardia o para ser más claros, ropa para la cofradía a la que pertenezco…

El vendedor, que también era el mismísimo diseñador muy orgullosamente me dijo:

-         Como verás es ropa diferente para personas que quieren ser diferentes.



Le sonreí, le agradecí y salí.

Lo que me señaló el vendedor, como gran ventaja comercial de sus atuendos, terminantemente me desanimó.

Una sola razón que hoy reflexiono con ustedes: No me interesa ser diferente por el tonto afán de ser diferente. No me interesa nadar contracorriente en medio de los demás, con mi forma de ser o vestir por una banal testarudez. Ahí no está la razón de ser de mi diversidad.

Lo que yo deseo es ser fiel a mi propia forma de ser de mi alma. No busco artículos que me disfracen y me hagan diferente para sentirme diferente. Yo quiero productos, mercancías y trapos en general que coincidan conmigo, porque yo, desde ya, me siento diferente.

Hay una gran incompatibilidad entre ambas actitudes: por un lado, el querer ser distinto para ser insurrecto o terco o para pretender ser distinguido y por otro, el ser distinto por naturaleza y buscar aquello que reafirme lo que yo ya soy desde siempre. Yo busco mi propia ratificación, mi reflejo en el exterior de lo que soy por dentro. Dios me fabricó así, sin copias, por tanto, busco siempre mi originalidad natural.

Me quedé sin comprarme esos pantalones capri a la rodilla con tirantes incorporados que tanto me gustaron. No los quiero ya, porque con ellos puestos, me sentiría equiparado a quienes los llevan por moda grosera o porque quieren ser simplonamente diferentes.

No. Perdonen mi soberbia de siempre. Yo, soy único.

lunes 21 de marzo de 2011

Tener que ser compasivos

Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo.
Lucas  6: 36 – 38


Nuestra Fe en Dios es una gracia, es decir, es un regalo gratuito y amoroso de Dios; pero además, tengo que decirlo, también es el fruto de la experiencia humana.

¿Cómo podría a mí, caberme en la cabeza que Dios es compasivo si mi padre en la tierra fue un miserable conmigo? ¿Cómo podría yo confiar que Dios Padre me ama si mi padre biológico nunca me amó y de mil maneras renegó de mi existencia?

Resulta muy difícil hablarle de la compasión de Dios Padre, a un niño desprovisto de amor o abandonado por sus padres, a esos niños y adolescentes que abundan aquí en mi sociedad latinoamericana y en el mundo entero, que deambulan por las calles aspirando terokal o cualquier otra droga, que no tienen más refugio que una pandilla urbana; de esos que atiborran las barras bravas y las esquinas, de esos que sólo encuentran alegría de vivir en el placer barato y la evasión superficial.   

Resulta muy difícil presentar un Dios compasivo a ese hombre que durante su vida no recibió más que portazos y a quien todos le dieron la espalda, la familia, la sociedad y el Estado. Que nunca fue amado y que su sensación muy al fondo de su ser, es que no debió de nacer porque todo ha sido amargura, indiferencia y repudio.


Dios es puro Amor. Es misericordia. Salvador y transformador de vidas humanas, no lo dudo. Esa es mi experiencia. Pero Él, indiscutiblemente, se vale del amor humano para existir, del amor de esta tierra que pisamos.

De ahí, la necesidad de nuestra presencia y de nuestras manos y de nuestras voces, de los que sí hemos sido amados y acogidos.

Por eso, el mandato evangélico de este versículo de Lucas. Nos reclama la coherencia entre lo humano y lo divino. Nos señala la misión: Tenemos que ser compasivos, especialmente los que hemos sido tocados por la compasión humana. Un corazón estrujado y agraviado tiene que ser recompuesto primero para luego poder confiar que hay un Dios compasivo.

Yo, que hoy miro atrás, a mi pasado más remoto donde me llega la memoria; y a mi presente más actual, no veo otra cosa que caricias de vida, desde la de mi madre al nacer hasta las de mis amigos, las de extraños de buena voluntad sin nombre ni apellido, hasta las de mis sucesos más cotidianos. Todo me habla de la compasión de Dios. Todo me suena a evidencia de su amor infinito.

Ahí está mi tarea humilde y desafiante: ser señal y rúbrica de Dios en este mundo lóbrego y descuidado.


Que mis actos te descubran, que mi voz te exprese, que mi actitud te revele, mi Padre compasivo.

viernes 18 de marzo de 2011

Los pantalones de Jaime Cantizano

Amo los viernes. Leo los estados de la mayoría de mis amigos del facebook y todos expresan su alegría por la llegada del fin de semana, listos para comenzar la juerga o para algún revolcón pendiente o simplemente para olvidarse del trabajo de la semana que se cierra.

Yo tengo una razón nueva y contundente para amar los viernes. Es el día en que veo el paquete de Jaime Cantizano en “Donde estás Corazón” el programa español de Antena 3. Las horas que dura la bullicioso emisión televisiva, mientras los chismes van y vienen, mientras María Patiño mueve la melena y se enfurece, mientras los trapos sucios se sacan unos a otros y se ensucia el plató con habladurías del invitado de farándula, yo, me quedo embelesado y babeando con el nuevo pantalón que muestra el deleitable Jaimito.


¡Qué rico está este pata! No me gusta mucho su cara. Quiero decir, no me importa mucho. Me gusta mirarlo de cuerpo entero, no en primeros planos. Me basta mirarle los estrechos, pero bien puestos que lleva los pantalones y que parecen que se los hubieran confeccionado puestos. Parecen una segunda piel, una malla hecha a la medida para marcar el paquete delantero.

El bulto de Jaime es el protagonista de mi noche de viernes. Reniego cuando cruza las piernas porque oculta lo mejor de su existencia. El fardo, atesora muy bien eso que ha de ser una dulce golosina bien servida, una de esas que duran mucho tiempo después de lamerse y lamerse.


Hay bastantes conjeturas y hasta evidencias en la prensa española de que el buen Jaimito es del "gremio". Aunque es de perfil muy bajo y de maneras muy sobrias, sus pantalones lo delatan. Son su declaración oficial, su carta de presentación mundial de que lleva un buen aparejo comestible y sobresaliente entre las piernas.

Como decía una tía mía, está para comérselo. ¡Gracias a Dios que es viernes!

Image Hosted by ImageShack.us

jueves 17 de marzo de 2011

¿Aló Juan Fer?

Juan Fernando tiene cerca de 50 años. Si uno no leyera su DNI le echaría, a simple vista, unos 40. Su cuerpo es musculado, aunque con ciertas partes, diríamos, algo desproporcionadas. Una barriga irrefutable propia de su edad, unos pliegues en el rostro, un cabello ralo y unas piernas delgadas. Pero a pesar de eso, está bien conservado. Además, se desempeña bien. Se bate bien. No se agita…

Ayer me comuniqué con él por teléfono. Su voz me despertó apetencias últimamente relegadas. Mi cuerpo y sus recovecos me reclamaban fijar una urgente cita con él. Salivé e imaginé mil cosas, mientras le conversaba cortésmente de cómo había estado, de su trabajo y de su situación sentimental.

Son pocos los hombres mayores que me han gustado tanto como Juan Fernando. Nunca he mostrado alguna insuficiencia por tipos con roles paternales, pero él sabía bien cercarme con sus brazos fuertes, ceñirme a su pecho recio como a un niño buscando abrigo, subyugarme a sus manos ásperas y resueltas. Era un sexo complementado con resguardo y fuerza.


Tengo a pocos centímetros mi celular y con sólo una llamada, en pocos minutos, podría terminar tumbándome mansamente en su cuerpo rígido y rodeando su cuello y dejándome restregar el alma marchita con su barba crecida.  Aspiro su solidez, su extraña seguridad. Su presencia que me hace dispersar en pocos segundos.    

¿Aló Juan Fer…?   

miércoles 16 de marzo de 2011

Stefano Langone

Stefano me transmite algo especial. Eso que me captura en un hombre: esa mixtura misteriosa de ternura con virilidad, esa aureola de ingenuidad con intriga. Su voz es nítida y recia. Su sonrisa abre su mundo interno pero a la vez, se abre paso entre el mundo de quienes lo miran.

Simplemente, me fascina. Ojalá sea el próximo American Idol.


Escuchenlo, gócenlo cantando "I need you now" de Smokie Norful

lunes 14 de marzo de 2011

Líbrame Señor, de la Soberbia

Llegó la Cuaresma. Ayer el Padre Javier nos anunciaba desde el altar el evangelio dominical sobre las tentaciones.

¡Vaya tema para postear! Podría concluir que mi vida entera ha sido una estancia en el desierto decididamente tentado por el mismísimo demonio. Podría concluir que este es el caso de todo hombre que camina por este mundo material.

Lo que sucede y es totalmente lamentable es que creamos que las tentaciones sólo vienen del demonio, esa figura con cuernos y cola; y que son básicamente de naturaleza sexual. No, viene de la vida misma. La tentación de la caaaarneeeee es la que produce más espanto y tiene coincidentemente, más difusión y atractivo.


De ella no escribiré hoy porque escribo durante todo el año. 


La tentación más fuerte sobre mí, la que ejerce más coerción y ocasiona peores estragos es la que me conduce a la Soberbia.

Es horrible la soberbia porque es una trampa: el creerse más de lo que se es. Incluso creerse más que Dios. Es confiar demasiado en tus capacidades a tal punto que puedes perder lucidez y objetividad sobre lo real.

Se puede admitir una dosis de Vanidad y Orgullo. Son hasta aconsejables y encantadoras. Pero la Soberbia es impropia y devastadora para mí, porque es un apetito voraz y desordenado sobre lo que en verdad valgo. Me engulle y pierdo contacto con la realidad, conmigo mismo.

Resisto ráfagas peligrosas de Soberbia: Cuando escucho al ignorante, como si yo no fuera uno de ellos en trillones de temas que no conozco y nunca conoceré. Cuando me irrito ante el insensible, como si yo no tuviera periodos interminables de letargos y apatías. Cuando miro por los hombros al hombre sin espíritu, como si yo no fuera un hombrecito sometido a las fruslerías y al placer desmedido.  

Si, pido Humildad. No sólo porque me surja en el alma una encubierta y repentina búsqueda de santificación, sino porque no quiero perder la amada lucidez. La tentación de la Soberbia arremete contra la inteligencia del hombre. Desvía del camino a la anhelada Sabiduría y Verdad.

Quiero tener la mirada clara sobre mí mismo. Amarme en la justa medida, sin estúpidas grandilocuencias ni errores. Y quiero relacionarme con los demás sin altanería ni insolencia. Sin desprecio ni tonos despectivos, sólo con el amor llano y natural que todos nos merecemos.  


Bienvenida la Cuaresma.

sábado 12 de marzo de 2011

Detrás de este terremoto y tsunami en Japón

De mil maneras hay mensajes que nos llegan, a través de experiencias personales, tanto como de acontecimientos mundiales. Esta vez nos toca leer las letras escondidas detrás de la tragedia ocurrida ayer en Japón.


Un terremoto catastrófico y un tsunami monstruoso han devastado ciudades enteras y han puesto en alerta a medio planeta. Un soplo de la naturaleza capaz de cambiar el eje de rotación de la Tierra.

Pero lo lamentable, además de perder vidas humanas ,es que sólo puede movernos el corazón y la razón por breves horas. Dentro de un par de días, todos volveremos a nuestras rutinas de siempre y a nuestras indiferencias, sin sacar ninguna enseñanza.

Algunas brevísimas indicaciones para reflexionar en primera persona:

¿No será que me olvido de que soy parte de un universo vivo e inestable? 

¿No será que tengo que cambiar de perspectiva y tornarme a ese sólido que olvidamos y que se llama raza humana? 

¿No será que mi castillos de concreto y acero, se pueden desmoronar en brevísimos segundos como los de arena que construyo al borde del mar? 

¿No será que hay quehaceres pendientes como el de basar la seguridad dentro de mí -y encima de mí- en vez de asentarla en la ciencia y tecnología? 

¿No será que algo quiere germinar desde dentro de la Tierra?


¿No será?

viernes 11 de marzo de 2011

Phillip Butters, alias Felipe Mantequilla.

Para ser breve: estoy de acuerdo con “Felipe Mantequilla”. Casi en todo. (ver

Si no amenazara con agredir físicamente a la pareja homosexual que se besara en la puerta del jardín de infantes de sus hijas, suscribiría todo su predicamento, toda su posición. Jamás, por ningún motivo, avalo el uso arbitrario de la violencia física.


Por ejemplo, siendo yo un homosexual por los cuatro costados, por arriba y por abajo; me siento fuertemente asaltado, en mis gustos y criterios personales, por las mariconadas excedidas y caricaturizantes que aparecen a todas horas del día en la televisión peruana.

Uno, porque le hacen un flaco favor a la “comunidad homosexual” al difundir groseramente la correlación que habitualmente se hace entre el ser homosexual y el escándalo disforzado.

Dos, porque cada persona, sea homosexual o no, tiene derecho inalienable a establecer sus propios cánones de estética, de moral, de sentido del pudor, de modos y muy especialmente de representación. Y tienen que ser respetados y no calificados de nada.

No es homofobia ni mucho menos, el recordar que nuestros derechos terminan donde comienzan los de los otros. Sí, está bien defender el derecho a besarnos a la luz del día porque nada tiene de malo, pero no tenemos derecho a depreciar y hacer burla de aquellos que en sus legítimos espacios no aceptan dicho comportamiento.

Cualquier imposición es una lesión. No debo ir a besarme a una catedral católica -donde institucionalmente se censura dichas prácticas- por mucho que a mí me parezca una muestra de afectividad natural. De igual forma, un niño que le da la gana de jugar subiéndose a mi árbol privado, no debe hacerlo, por mucho que tenga el derecho a jugar. A jugar al parque.

A besarse al parque, en las calles transitadas, en los centros comerciales, en los aeropuertos, en los restaurantes de comida rápida, en los valles y desiertos. Pero no en el atrio de la Catedral. No en una sinagoga. No en una mezquita. No en la puerta de un colegio de niños. No en aquellos lugares donde mi derecho se estrella con el derecho, propio de sus preceptos religiosos, propio de su libre elección.





jueves 10 de marzo de 2011

Mis pelitos del orto se quedan ahí.

Soy hombre de pocos vellos. Los pocos que tengo, los considero bellos. Bueno, es lo que quiero creer.

Pero desde ayer, que vi una escena en una peli alemana de temática gay donde el muchacho le afeitaba “el culete” a su pareja antes de proceder a su acceso, me he quedado algo confundido. Un merodeo me ha sobrevenido intempestivamente, una indecisión me ha empezado a dar vueltas en la cabeza: ¿me afeito o no allí atrás?


¿Tienen o no su atractivo mis pocos vellos traseros? ¿Tienen alguna función en mi vida? Hmm. Duda existencial. Filosofía de maricón. Estética anal.



Alguna vez ya conté mi experiencia con un chico Diego que dejó todo mi trasero como piel de bebé de teta. Mi amiga Corchis quiere recomendarme a su experta cosmetóloga que le hace la depilación brasilera. Tengo en el estante debajo del lavatorio, una loción que me compré en una tienda de Wilton Manors que en pocos segundos desintegra toda pelusita corporal indeseable; la unté en el dedo gordo del pie para probarla y sí, me quitó para siempre unos cuantos hirsutos pelitos que me crecían ahí, pero entonces el ardor fue tal que temía que me derretiría todo hasta el hueso con su fortísima composición química.

Ah no. No quiero fundir mi zanja postrera más preciada. No puedo amenazar mi retaguardia dejándola sin el tapetito de seda que la recubre y que da la bienvenida a los invitados ocasionales.

Opto por mis pocos vellos bellos. Hay dolores intolerables, otros resistibles, otros inútiles. Total, yo ni los miro. Que el próximo compañero que venga, me acepte tal como soy, por fuera y por dentro, por arriba y por abajo, por delante y por detrás.

miércoles 9 de marzo de 2011

Hombres: perdieron el poder. Cuánto lo siento

Hoy, la mayoría de mis alumnos son mujeres. Atrás, muy atrás, quedó esa época en que los que mayoritariamente iban a la universidad eran los hombres.

Y otro dato, según mis estadísticas personales, las damicelas son mejores estudiantes. Más responsables, más pulcras, atentas, creativas, empeñosas, incisivas.

Atención señores hombres, pronto, muy pronto la mayoría de puestos directivos en las organizaciones estarán a cargo de mujeres. Ellas serán sus jefas, nunca más, sus dóciles asistentas u obedientes secretarias.



Concretamente, las mujeres tendrán el poder. No sólo mandarán en la casa con sus sutilezas domésticas, decidirán qué comerán todos y qué color serán sus sábanas; también en las fábricas y oficinas, con su voz delgadita pero firme, concluirán todo con su última palabra.

A mí no me da miedo. Ni orgullo. Ni me sorprende. Pero sí, vislumbro un cambio de turno social. Los siglos se invierten. Los hombres estarán dominados -aunque no se darán cuenta- por sus mujeres (y por nosotros, los que no somos exactamente hombres ni exactamente mujeres).

Pobres hombres, si parece que fuera ayer que movían el dedo y el mundo se movía en su dirección...

miércoles 2 de marzo de 2011

Bondad

Un capellán se aproximó a un soldado herido en medio del campo de batalla y le preguntó:

- ¿Quieres que te lea la biblia?
- Primero dame agua, que tengo sed. Respondió el soldado malherido.
 
El capellán le dio el último trago de su cantimplora, aunque sabía que no había más agua en kilómetros a la redonda.
 
- ¿Ahora?, preguntó de nuevo.
- Primero dame de comer, le suplicó el soldado.
 
El capellán le dio el último mendrugo de pan que atesoraba en su mochila.

- Tengo frío, fue el siguiente clamor.

Y el hombre de Dios se despojó de su abrigo de campaña pese al frío que lo calaba y cubrió al lesionado.
 
- Ahora sí, le dijo el soldado al capellán. Háblame de ese Dios que te hizo darme tu última gota de agua, tu último mendrugo de pan, y tu único abrigo. Quiero conocerlo en su bondad.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
VICHOESCRIBE ENTRE LOS MEJORES 20 BLOGS PERUANOS
Cerrar