sábado 30 de abril de 2011

Normi, por dentro y por fuera


Bienaventurados aquellos tíos
para siempre.



Ayer vino a casa, me sonrió, me extendió los brazos y prestamente, me acurruqué sobre sus hombros. Pude oler su fragancia y la temperatura de su cuerpo me calentó repentinamente el alma. En poquísimos segundos retrocedí a cuando yo era un niño…

Ella vivía en Trujillo y cada vez que allá viajábamos en familia, unas dos veces al año, la encontraba y pasaba semanas a su lado. No era considerada mi tía entonces, porque se trataba de una jovencita que apenas llegaría a los 18 años. Siempre fue sencillamente, “Normi” para mí y punto. Recuerdo que en aquel entonces yo me prendía de su cuello por horas sin importarme el resto de la familia, la besaba en la mejilla a cada rato, me tomaba de su mano dentro de la casa, le escribía cartitas, le hablaba al oído, cantábamos y me daba de comer. Y ella siempre me sonrió.

Se trata de la hermana menor de mi papá, inusitadamente, de la misma edad que tiene mi hermana. Siempre usó el cabello muy corto, nunca una pizca de maquillaje, como si recién saliera de la ducha. La recuerdo con una apariencia muy casual: unos pantalones de dril de colores claros y unas blusas de algodón, siempre abotonada por delante. Ahora que lo recuerdo, siempre fue una persona pulcra e iluminada.

Cuando fui adolescente, recibí la noticia que había entrado a un seminario para ser novicia. La primera vez que la vi con la toca puesta y su hábito de color gris claro, noté que era la misma, nada había cambiado ni me sorprendía, sólo que ahora tenía a su lado, otra familia, otras mujercitas muy similares a ella, de rostros radiantes y pies movedizos.

Y de adulto, volví a presenciar otros de sus cambios. Normi había optado por estudiar enfermería y dejar el convento. Desde ahí, su carrera profesional se convirtió en su ministerio personal, en su vocación y en su única manera de existir, aunque para mí no había variado ni un ápice. Era otro cambio más de uniforme y nada más.

Anoche cenó en casa y nos contó apasionadamente de sus investigaciones en la universidad de Costa Rica, donde ahora reside. En un momento de la sobremesa, ella misma dijo con una sonrisa amplísima que le volvió a iluminar el rostro: “Yo sigo la misma de siempre, hasta con los mismos votos de castidad, de pobreza y de obediencia” .

Y es exacto. Normi no ha cambiado. Tampoco lo que siento por ella. Comprobé que el amor, que uno recibe de niño, en este caso el de una tía, se va asentando con el tiempo, deja huellas imborrables, entrega formas de vivir y de ser para el futuro.. Puede ser una exageración mía, pero algo de lo que es ella, con sus cambios externos pero sobre todo, con su esencia, lo vi actualmente reflejado en mí. Secretamente me formó entonces para la vida. Ese abrazo que me dio al saludarme y al despedirse anoche, era sin duda, el sello de identificación de nuestro amor recíproco suspendido en el tiempo, la señal de su participación en mi vida.

El amor, como los hombres, puede cambiar por fuera, pero es sorprendentemente invariable por dentro.

viernes 29 de abril de 2011

Boda real y Monarquía, no gracias





No entiendo la Monarquía. Quiero decir, no entiendo cómo siguen existiendo y son aceptadas socialmente en civilizaciones que considero modernas. Claro, actualmente, cada vez más se desprecian moralmente aquellas monarquías llamadas absolutas, donde el poder recae unitariamente, es designado gracias a un orden hereditario y vitalicio. Hoy se habla en términos más soft porque se les impone el carácter de "constitucional" o "parlamentaria". Sé que el mantenimiento particularmente de las monarquías europeas, obedece más bien a su papel como símbolos de la unidad nacional frente a las divisiones territoriales y a su poder arbitral frente a los diferentes partidos políticos.

Pero a pesar de ello, siguen existiendo. Por más que hayan buscado legitimizarse con la incorporación de “plebeyos” en sus familias reales, por más que hayan tratado de acomodarse y aproximarse a las masas a través de los medios de comunicación y por más que se autoproclamen emblemas de virtudes sociales, me siguen pareciendo extemporáneas y sin sentido.


Afortunadamente en el Perú no las tenemos. Personalmente no soportaría dicha desigualdad, ni su pompa, ni esa sensación de vasallaje, ni sus protocolos, ni sus algarabías, ni su forzada reverencia, ni su suntuosidad, ni su mirada desde arriba, ni sus formulismos.

Hoy medio mundo ha estado pegado a la televisión espectando la boda real del príncipe Guillermo y Kate Middleton. Y gracias a Dios que a mí no me interesa ni un moco, porque sino, me preocuparía ser tan incongruente. Para cuentos de hadas, suficiente con los que me contaron en mi infancia. Aborrezco las miradas de ensueño a vidas de príncipes enaltecidos por sólo tener una línea de sangre y a reinas que en lo único que se diferencian de otra mujer es el que lleven una tiara con diamantes en la cabeza. ¿Cómo ennoblecer vidas doradas cuando tengo mi propia vida y la de mis semejantes? Me importa un carajo su boda y su futura vida matrimonial, cuando tengo matrimonios más cercanos que me preocupan y admiro diariamente.



No me embelesan vidas así y mucho menos las envidiaría. Puedo ser una cabra loca, pero enajenada o alienada, jamás. 

jueves 28 de abril de 2011

Uno por noche


Para este próximo invierno, una buena compañía abrigadora y entretenida en la cama me vendría bien. He estado explorando varias ofertas y aún no me decido por uno. O quizás podría tener uno por cada noche, no lo sé. Total, siempre he sido un fluctuante, un voluptuoso, un hombre muy indulgente que le gusta la diversidad y novedad.

Por favor, avísenme para separarlos en mi agenda. Bienvenidos a mi cama…



miércoles 27 de abril de 2011

Adiós verano


El clima de Lima y en general de toda la costa del Perú es simple: o es verano o es invierno. Y entre uno y otro sólo hay una pasarela de incertidumbre y ambigüedad. No percibimos las cuatro estaciones. No existe una primavera que derrita las escarchas paulatinamente ni un otoño que pinte de color dorado las hojas de los árboles.

No hay flores de estación que llenen de nuevos matices la mirada, ni cielos que cambie de luz. Sólo hay un gran día que se va convirtiendo en noche; y lo que es peor, no hay algo que me vaya preparando el ánimo y la vida para la siguiente estación. Atravieso una chocante sensación que todo se acabó y que no volverá hasta dentro de varios meses.

Esto produce efectos encontrados. A unos les gusta el invierno y a otros el verano. Unos quieren calor y otros, frío. La población se divide por un lado, entre los que les gusta abrigarse y no tener que transpirar y por otro, los que les gusta andar semidesnudos aunque sea con la piel resbaladiza por la humedad.





Escucho a amigos proclamar enfurecidos que aborrecen el verano y quieren que el salto estacional sea abrupto; otros -entre los que me incluyo- que se alarman del virtual y lento desmoronamiento emocional que comparece con el invierno y su tono gris y sus mañanas lóbregas y sus calles salpicadas de llovizna. Otros reverencian el sol y cada mes de abril, lo despiden nostálgicamente como a un compañero que se va de viaje y se lleva sus bikinis, sus cervezas heladas y sus fines de semana frente al mar. Y los más afectados, pillan una de esas gripes de cambio de estación que los tumba a la cama y los prepara para las severidades del frío de las calles y de sus corazones.   

Estoy mirando por la ventana y el invierno está al otro lado de la esquina. Ha aparecido una de sus garras doblando la calle. Ha empezado a soplar para anunciar su llegada. Y yo, empezaré a correr las cortinas, a esconder la cabeza un poco más debajo de la manta y a frotarme las manos para darme impulso y llegar gallardamente hasta la llegada del diciembre próximo. 

martes 26 de abril de 2011

Políticos de mierda


  
Es muy triste lo que viene sucediendo en nuestro país en esta coyuntura electorera. Todos hablan, opinan, reniegan y discuten sobre política. La pregunta en auge es ¿por quién votas?. Y lo único que puedo concluir al respecto es, que estamos obligados a elegir a nuestro próximo presidente de la república, así, forzados, sea como sea. Somos prisioneros de nuestro propio derecho a elegir.

Nadie tiene confianza en los candidatos ni en sus propuestas. Ninguno genera esperanza. No en vano, los dos que han pasado a la segunda vuelta son los que más resistencia sufrieron desde el lanzamientos de sus candidaturas. Ambos están más envueltos en desconfianza y en temor que en sana expectativa ciudadana. Se ha hecho un drama innegable e insufrible eso de tener que votar por el mal menor.  

Los políticos son los más desprestigiados de la sociedad. Nadie los soporta. Todos los desautorizan moralmente. Son contradictorios, escabrosos, fariseos. Son aborrecidos mayoritariamente, criticados, impopulares y aún así, a pesar de su ínfima categoría personal y moral, tenemos que ratificarlos y revalidarlos obligatoriamente con nuestro voto.

¿Qué hacer con estos políticos de mierda?




El Mago hizo un gesto y eliminó el hambre.


El Mago hizo un gesto y eliminó la ignorancia.


El Mago hizo un gesto y eliminó la enfermedad.


El político hizo un gesto y eliminó al mago.


lunes 25 de abril de 2011

Llegaste a la meta, mi querido Shivy.




Si tuviera que escoger una frase usual que relatase lo que me ha ocurrido, tendría que ser algo así como “he perdido a mi hermano”. Su muerte ha sido como recibir el disparo de una bala, que al comienzo sólo produjo una violenta quemazón en la piel y en el borde del corazón, pero que a medida que van pasando los días y las horas, ha empezado a desangrar brutalmente, removiendo la memoria y el amor que le tengo y que por siempre, le tendré.

Mi hermano desde muy joven partió de la casa. Me dejó muy niño, pero siempre estuvo cerca. Llegaba de visita, sonriente y por breve tiempo. Su vida siempre estuvo rodeada de una ráfaga incierta, de una sombría inquietud y de una búsqueda silenciosa que se vio cobijada en la religión católica. Fue piadoso y un hombre de oración ferviente, pero por sobre todo, fue un hombre confiado.

Quizás haya algo en nuestros genes familiares que nos haya sellado de igual manera, porque yo, tengo mucho de esa actitud. Cada vez más me parezco a mi hermano. Tengo algo así como un corazón convulsionado pero que palpita discretamente. Un alma inquieta pero una vida templada.

Se trata de una búsqueda incesante, de una insatisfacción interior que contrasta con una pasividad externa.

Shivy buscó toda su vida a Dios como el eje que no se mueve, como el cayado con que trajinar en los terrenos pedregosos de las circunstancias diarias. Buscó y buscó hasta encontrar humildemente sus propios espacios. Formó una preciosa familia. Amó sin medida a su mujer. Formó y mimó a su hija. Pero algo siempre le faltaba. Siempre dispuso sus oídos a todos los mensajes que misteriosamente le iba enviando el buen Dios.

Su viaje en vida fue muy largo y esforzado. Nada se le dio gratuita y fácilmente. Pero fue leal y reverente a todos los llamados. Obedeció más allá de los sacrificios y penurias y babeles que franqueó. Su alegría fue genuina porque era una de esas que brota de la fuente más profunda del ser, esa que es el fruto del estar cumpliendo una voluntad recta y certeramente. Su alegría fue la compañera de su valentía.

Por este modelo de vida que me deja, no puedo decir que haya perdido un hermano. Lo he ganado infinitamente. Se queda dentro, muy bien arraigado en mi vida. Además, él no se ha perdido nada porque ha ganado lo que fue siempre su derrotero, Dios mismo.


Después de una carrera zigzagueante, de cuesta arriba y de llanuras de reposo, hoy ha llegado a la meta en paz y rodeado del amor más evidente que un hombre puede experimentar. Y eso, transforma mi tristeza en orgullo.

Es tu victoria final, Shivy Shivy.

miércoles 20 de abril de 2011

Somos racistas


Una autocrítica que nos hacemos los mismos peruanos, a boca de jarro, es que somos un país muy racista.

No hay mucho de error en una afirmación tan contundente como ésta. En coyunturas especiales como la de las elecciones, en ciertos aspectos de nuestra vida diaria y ciudadana, aparecen esos plumazos nítidos y demás demostraciones en las que ciertas personas de ciertas razas se creen superiores sobre otras. Aunque no lo proclamen, lo creen y lo que es peor, lo viven:


Una señora de pelo pintado baja la luna de su automóvil y grita dirigiéndose a otro conductor “indio apestoso, vete a cuidar tus llamas”. Un jovencito en el Chat se describe en su perfil como de "tez clara" como subiendo sus bonos estéticos y sintiéndose más atrayente. Un anuncio solicitando demostradoras para un supermercado hace el hincapié que las candidatas deben tener “buena presencia”. Un  señor se refiere a su nuevo vecino como un "blanquiñoso de medio pelo”. Una señorita muy bien maquillada comenta a su amiga que “hay que mejorar la raza” refiriéndose a la elección de su futura pareja como si se tratara de la búsqueda de un certificado de pedigrí. Los locales nocturnos de moda han escondido sus letreritos a la entrada con que amenazaban reservarse el "derecho de admisión", mientras que sus mismos vigilantes, corpulentos y de raza negra tienen la instrucción disimulada de no dejar entrar a quienes tengan apariencia fuera del estándar. Por ahí, se escucha a alguien referirse a sí mismo como uno de “color humilde”. Hay balnearios exclusivos del sur de Lima que tienen junta de propietarios para calificar el ingreso de nuevos socios. Los publicistas siguen proponiendo modelos argentinas blondas y espigadas porque, según explican, nuestra población consume productos de acuerdo a sus ópticas "aspiracionales".

Podría continuar relatando escenas similares y llenar hojas de hojas con frases y flagrantes manifestaciones de racismo. Algunos me podrían decir que esta discriminación racial sucede en todas partes del mundo. Quizás.

Pero en este, mi país, la cosa tienen varios agravantes: por un lado, que estos paradigmas se consideran parte de nuestra idiosincrasia. “Así somos y difícilmente vamos a cambiar”. Y además, que todo lo hacemos hipócritamente. No nos percibimos como racistas y cuando menos lo notamos, no sale el arañazo verbal, el rechazo entre dientes, la marginación malsana, el aclimatado racismo.

Mea culpa, hermanos peruanos. Mea culpa. 

martes 19 de abril de 2011

Renovarme

Para seguir volando hay momentos en que debo detenerme y ...
renovarme

domingo 17 de abril de 2011

Me gusta la Semana Santa


“Me gusta”. Los que pasamos tiempo por el facebook leemos esta proclama en varios de los contenidos que en él se muestran. Y en esta semana llamada “Santa”, intento leer las mentes de la mayoría de mis amigos e induzco que a muchos les debe gustar sus días no laborables, la posibilidad de salir de la ciudad, el descanso, la festividad.

A mí me gusta la Semana Santa. No sólo porque me considere un sujeto religioso, sino también, pensativo…


Hace mucho que le entendí su mensaje oculto, su propuesta de camino a un destino, sus fases hasta llegar al domingo mismo de la Pascua de Resurrección. Y es que la Semana Santa resume bien nuestro paso por la vida y cómo Dios pasa también misteriosamente por ella, aunque no nos demos cuenta o no queramos distinguirlo. Eso ya depende de cada uno.

1.    Lo portentoso de estos días es que me dan la posibilidad de cambiar el paradigma de que Dios es una presencia alejada de mi humanidad. Es un Dios que pasa un viernes despiadado, una crucifixión brutal, una traición, un abandono y un terror a la muerte. Es un Dios que sufre como cada uno de nosotros lo ha hecho, lo hace o lo hará, sin escapatoria alguna.

2.    Me invierte la idea de que Dios llega a mi vida tal como yo quiero que llegue para hacer lo que yo quiero que haga. No. Dios no me salva como a mí me da la gana. No siempre hay grandes milagros, no me libera repentinamente de mis aflicciones. Lo hace a su manera, con su propia vida. Es como si me mostrara en un video en tercera dimensión que, hasta eso de lo que quiero huir y eso que es abusivamente atroz, pueden ser oportunidad y motivo para amar más y mejor. ¿Hay alguna manera más real y determinante de amar que demostrando que se es capaz de sufrir hasta la muerte? ¿Hay alguna manera más clara de amar que soportando lo insoportable?

Por eso me gusta la Semana Santa, porque aprendo a vivir mejor y amar un poquito mejor con el recuerdo de Jesucristo mismo. Y modestamente, aprendo también a entender el dolor humano, mío y de los muchos que me rodean; y así, de pasadita también, apreciar y gozar más la felicidad cuando la conseguimos.

Sí, la alegría llega al final, un día domingo. 

viernes 15 de abril de 2011

Hueles a futbolista

Al finalizar cada clase, después de casi dos horas de usar tiránicamente mis pobres cuerdas vocales, termino afónico. Por eso, algunas veces opto por llamar a cualquiera de los alumnos para que me haga el favor de tomar la asistencia.

En una sección en la que dicto, ya tengo uno que se ha convertido en mi relator oficial. Siempre está ahí, sentado al frente para socorrerme al final.

El otro día, después de tomar la lista desde la computadora del aula, se acercó y en voz muy baja me dijo:

- Profesor discúlpeme que no vengo muy presentable, es que vengo de hacer deporte...
- No te disculpes, al contrario, gracias- le contesté por su amabilidad.

Era notorio, venía seguramente de jugar fútbol pues tenía puesto un buzo oscuro muy bonito, el pelo ensortijado húmedo, la piel del rostro aún enrojecida y la señal indubitable: un cierto olorcillo a transpiración que me trasladó en milésimas de segundo a la atmósfera cargada del camarín del colegio cuando acababan las clases de educación física, a ese olor de hombre jadeante, a disparos de glándulas masculinas y juveniles.


Con esa misma brevedad de la memoria, mis instintos también reaccionaron. Y mi imaginación se encendió. Me activé inoportunamente y me provocó en ese mismo instante, delante de todos los demás alumnos, deponer mi función de profesor y mi traje que es mi camisa de fuerza, desconocer mi formalidad, mi razón e intachable compostura,  desnudarlo impetuosamente y ahí mismo, al lado de la pizarra y en el medio del estrado, arrojarme sobre su cuerpo y cubrirlo y dejarme cubrir y terminar de exudar juntos la última gota de transpiración gracias al mejor deporte que tenemos los humanos, el sexo aguerrido, rabioso, irreflexivo, bestial y delicioso.


Malditas feromonas. Malditas señales químicas que andan por todos lados, incluso en el aula de un recatadito profesor. Malditas sustancias que enloquecen. Malditos estímulos.

Ayer, cuando mi alumno, el culpable de aquella experiencia sudorífera y exquisita, mi relator oficial, se me acercó y ya no olía a futbolista, llevaba encima, un pomo entero de alguna after shave que encontró por ahí…

jueves 14 de abril de 2011

Ya no pensamos. Ahora, googleamos

Siempre he probado transitar por las autopistas que se cruzan por mis mundos invitándome a recorrerlas. Algunas veces con miedo, otras con un atrevimiento que a mí mismo me sorprende.

Hace más de 10 años que circulo por la enmarañadísima carretera de la Internet. Millones de páginas, imágenes y miles de vidas ante mis ojos. Gracias a ella he ampliado mi visión y también, como ya lo he relatado antes, pude viajar hacia mí mismo con total firmeza. Fue una doble vía: mientras más percibía fuera de mí, escuchando otras experiencias y descubriendo otros cosmos, más me conocía yo por dentro.

Pero hoy, me parece que una gran mayoría de los adolescentes que van creciendo y los más mayorcitos de todas las edades también, que viven saltando sus vidas en Internet, se han quedado sólo con la carretera que los lleva fuera. Tienen una supervivencia unidireccional. No regresan a ellos. Nada de lo que exploran fuera, les sirve para descubrirse e interpelarse ellos mismos. 


Por tanto, no leen demasiado, les basta un par de titulares para creer que ya saben todo.  Picotean ideas. Saltan de encabezados en encabezados. Nunca se concentran ni detienen, porque al golpe de un clic, saben que habrá más. Es el morbo del más allá. La búsqueda incesante de la distracción y novedad.

Y eso, no quiero ser exagerado ni alarmista, viene trayendo sus consecuencias:

-         Tienen la personalidad que se llama “de la colmena”. Nunca podrán desarrollar la suya porque adquieren el conocimiento a través de terceros. Leer, ya no es más para ellos, esa actividad penetrante y gozosamente solitaria que enriquece y decanta, que hace sacar conclusiones personales o conclusiones únicas.

-        Según Nicholas Carr Internet con su facilidad de obtener respuestas instantáneas hace que sus cerebros esperen siempre una satisfacción inmediata. El antiguo sistema de pensamiento lento, contemplativo y profundo, por lo tanto, desaparece  ante la facilidad de obtener la información al instante.



No te explico nada, hoy te tuiteo en 140 caracteres. No aporto nada, sólo reenvío. Hoy no dialogo, chateo. No me comunico, te mando un SMS. No te lo digo mirándote a los ojos, te lo escribo en tu muro. No investigo, consulto mi Iphone. No me informo, yo te doy un follow. No averiguo, yo presiono "busco". No comparo ideas, hago un "enlace".

No me concentro en nada porque estoy sumergido en una navegación muy vertiginosa. Hago mucho pero hago poco o lo que es peor, nada. La comida chatarra me ha invadido el cerebro.

¿Qué es todo esto? Tiene un solo nombre: superficialidad. No es del todo incierta entonces aquella afirmación que : “de pronto, hemos pasado del Homo Sapiens al "Homo Google”. 

Estaré atento a los cambios de mi plasticidad cerebral y a la de mis queridos alumnos.

martes 12 de abril de 2011

¿Quieres una razón para creer ?


P. me requirió que le facilitara una razón contundente de la existencia de Dios. Evidentemente, lo miré con sarcasmo y una pizca de flojera porque lo conozco bien y lo que quería es llevarme al absurdo. Suponía que yo era incapaz de darle razones, especialmente cuando me dijo que mi Fe era ciega.

Fue entonces cuando ya no aguanté más y solté esa carcajada que reservo a situaciones cuando me apetece burlarme vilmente.

A los pocos segundos, adrede, le deslicé otro tema para que me dejara en paz con el cuestionamiento teológico y como sé que es muy dócil conmigo -y un tanto inocente- me siguió sin problemas. Terminamos hablando de su aburrimiento en el trabajo que lo aqueja desde hace unos meses…

Pobre P. Él cree que mi Fe es ciega. O quizás me cree idiota. Me percibe como un fanático, un irracional, casi un fundamentalista. Pero desde aquí, desde donde escribo lo que me da la gana, lo ratifico: no me dio la gana de darle mis razones.

Sí tengo razones sobre la existencia de Dios. No tengo ceguera. Mi Fé es pensada. No es producto de una alucinación ni de una involuntaria perturbación.

Aquí sí daré una sola razón. Una, casi de trascendencia aristotélica.

Es la sagrada Esperanza. Me explico:

He visto mucho en esta vida. Incontables hombres y mujeres que atraviesan períodos de desesperación. Calamidades. Malaventuras espantosas. Sufrimientos simplemente insufribles. Episodios en que la calle se convierte en un callejón sin salida. He experimentado y atestiguado desgracias que parecían irreductibles. Derrotas con miles de guerreros muertos. Familias derribadas. Almas perdidas para todos. Cuerpos maltrechos. Llantos aparentemente interminables.

Y de pronto, toda esa brutal adversidad desaparece o termina rendida. El espíritu crece, besa el cielo y el hombre todo, se crece sorpresivamente. Le salen músculos y bravuras y rompe en segundos las paredes que le impedían el paso. Le reaparece la sonrisa en el rostro. Enfrenta la noche triste y se convierte en otro hombre. ¿Qué le sucedió? ¿Quién lo tocó? ¿Un meteorito invisible?


Fue Dios, mi querido P. Fue Dios, el que existe de siempre y para siempre el que tocó a esos hombres que he descrito más arriba. Esto no es alucinación, no es mi fantasía. Es absolutamente verificable, real e innegable. Es Dios el único que puede hacer eso, invertir la duda y pesimismo; y lo hace con la sagrada Esperanza la misma que con tu torpeza y ahí sí, con tu ceguera, no podrás nunca observar. 

lunes 11 de abril de 2011

Apedreo y soy adultera

El Evangelio de hoy contiene uno de los versículos más armoniosos, contundentes y justos de la Biblia. Son palabras del mismo Jesucristo, pero además se ha convertido en un proverbio universal, una sentencia habitual, una regla por cumplir:


Como insistían, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra". 


Lo triste es que se me queda muchas veces en eso: en sólo refrán admirable y lejano, muy bien dicho por Jesús claro, muy repetido por todos, pero son palabras que se las lleva el viento o la mala memoria. Perdonar la falta del otro no se convierte en un acto natural ni en una forma espontánea de corresponderme con los demás. No se transforma en regla de mi vida diaria.

Arrojo piedras. Y las arrojo con muy buena puntería. Siempre tengo una excusa por dentro, quizás “por que se lo merece”, “porque yo no haría eso”, “porque se lo buscó”, “porque yo no soy como ella”. Hablando en términos evangélicos: me queda el descargo de que yo no soy tan adultera como aquella mujer, estoy más cerquita del altar y jamás me sorprenderán en flagrante pecado.

Pero la verdad es otra y Jesús, que mira mas allá de lo que ocurre, conoce que me valgo de esas piedras para apaciguar mi consciencia arremolinada, que estoy proyectando en otros, mi propia miseria.

El final del pasaje es de una dulzura exquisita. Me imagino la mirada de Jesús puesta sobre la mujer en el piso después que sus acusadores desaparecieron. A solas los dos. Un Jesús justiciero pero cálido. Una mujer diferente, rescatada.

Un amor que no regula al ser amado, ni condena, ni culpabiliza, ni reprende. Un amor que salva a su amado de la perversidad e hipocresía de los fariseos y una vez libertado, con la verdad a cuestas, se va a seguir viviendo.



Wow, pero también quiero mi Jesús querido, darte gracias por salvarme de tantos apedreamientos públicos, eclesiales, sutiles, sociales, directos, fariseos, incesantes y disimulados. Sí, no lo dudaré nunca, eres mi Salvador.

viernes 8 de abril de 2011

Yo voto por quien admiro


Nunca he hecho proselitismo político aquí.
Pero siendo leal a mis posturas, especialmente en esta coyuntura peruana, no puedo mentir ni ocultar mis convencimientos.

A ustedes queridos lectores, yo no les ocultaré nada pasando como un indiferente de la política de mi país.

Desde hace 3 meses, cuando me han preguntado (vía emails y cara a cara) por quién votaría, no he dudado en responder sin ocultamientos y rotundamente:

"Por el único a quien admiro, PPK".


miércoles 6 de abril de 2011

No me leas, Carajo


Recuerdo que en mis decenas de exámenes y evaluaciones siempre me midieron la capacidad lectora de textos en diferentes temas. Creo tener una comprensión promedio. No tengo una memoria prodigiosa pero puedo retener datos básicos cuando el texto está correctamente redactado.

Pero en lo que soy un cero a la izquierda, en lo que soy un torpe superlativo es en entender lo que otro lee en voz alta. Me parece que es lo más antipedagógico e infructuoso. Se bloquea la comunicación. Por eso, no concibo que asombrosamente aún haya profesores que lean durante sus clases. Pobres alumnos, yo levantaría la mano, me pondría de pie, y camino a la puerta de salida, le solicitaría al profesorcillo que me diera el texto para leerlo en mi casa. No way.

El domingo pasado, uno de los candidatos a la presidencia del Perú, se dedicó a leer lo que llaman “plan de gobierno” y debo decir que no entendí un carajo. Ni él mismo entendía lo que leía. Ayer, en un coloquio que tuve que asistir dirigido a los profesores de la facultad, un conferencista se pasó hora y media exponiendo las nuevas tendencias en la curricula; y por supuesto, me entró por una oreja y me salió por otra. En estas épocas, eso, es una reverenda pérdida de tiempo y dinero.

Sé que antiguamente en Francia, se leía en tertulias galantes o en Cuba se pagaban lectores mientras los cigarreros trabajaban. Los Conventos aún tienen refectorios para escuchar la Biblia mientras se ingieren alimentos. En Alemania se mantiene la costumbre de la lectura en voz alta, en la programación cultural abundan las “Lesungen” o lecturas, en las que los escritores ofrecen al público fragmentos de sus libros. Y, además, en las librerías, hay siempre una sección de audio-libros no sólo dirigida a lectores ciegos sino al mercado de los lectores en general.



Para mí, los escritos, la literatura y lectura en general es una actividad solitaria como la masturbación. No permito intrusos ni intermediarios. Yo tengo que hacerlo con mis propios ojos y mis propios ritmos, no aguanto que otros me lean. No sé si será una deficiencia, un defecto de nacimiento o un capricho de mi cerebro. No acepto que otros me lean cartas, ni noticias, ni relatos ni nada.

Los oídos se me han dado sólo para conversar ida y vuelta, escuchar música, deleitarme con sonidos y para conectarme con voces que vienen directamente de un cerebro o un corazón en actividad hacia otros, que son los míos.

Dios me libre de la ceguera. 

viernes 1 de abril de 2011

Señores periodistas no se metan conmigo




Condeno a esos periodistas que hablan en primera persona plural. Esos, que son la gran mayoría del gremio, se constituyen como voces representativas de la sacrosanta opinión pública. Muchas veces respaldados en sus estadísticas, en sus encuestas o en sus estudios de laboratorio que no son otra cosa que estudios hechos desde sus oficinas de redacción. No. Su voz es sólo su voz, su percepción es sólo de ellos. No es la mía ni la de todos.

Utilizan el “nosotros, los peruanos, los ciudadanos, los electores, los hombres, los seres humanos, los…” Y vuelvo a decirles, no. Ellos no necesariamente son delegados inequívocos de nosotros, que no se tomen atribuciones que nadie les ha dado.

Que hablen en primera persona, que digan lo que se les cruza por sus mentes, lo que piensan o sienten. Eso estaría bien. Que opinen pero que no generalicen. Que no metan en su mismo saco a la mayoría. Yo, al menos, lo tengo claro: soy un bicho raro, un salmón contracorriente, un iconoclasta, un vándalo de las opiniones públicas.


Hay un claro ejemplo de periodista peruano -entre muchos otros que sería largo citar- que regurgita sus propios complejos y opresiones, sus alucinaciones y manías cada vez que abre la boca o escribe. Se llama César Hildebrandt. No dudo que es un hombre cultivado e inteligente. Pero él no opina, él justiprecia y desprecia a quienes son diferentes a él y piensan diferente. Pues, por eso mismo, ha sido desterrado de todo medio de comunicación y ha terminado en el olvido. Bien hecho.


Para ello tengo ésto, mi blog; para berrear lo que me da la gana y para que me lea el que de la misma forma, le da la gana; pero jamás pretendo pontificar ni mucho menos erguirme como voz representativa de nadie. No quiero convencer a nadie. Yo hablo por mí mismo solamente sobre lo que mis ojos, mis genitales, mis ideas sinuosas, mis apreciaciones y desbordamientos, mi corazón y mi espíritu ordenan escribir a mis dedos obedientes. Casi podría decir que escribo sólo para mí.


No creo en la opinión pública. Creo en la resolución de cada persona. No hay nada en común. Se acabó el monopolio de la opinión.

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