miércoles 30 de noviembre de 2011

¿Serás o no el indicado ?



Pongo a su consideración un criterio para comprobar si una pareja que tengamos por ahí en este momento es la correcta o no. Ó la más o menos correcta. 


¿Cuál será nuestro futuro como pareja? Es algo que siempre nos preguntamos. Pues, no basta saber y manifestar que hay un sentimiento o que hay algún tipo de apego entre los dos. "Se dice" que si están presentes estos atributos que a continuación nombro, entonces, la relación -sea del tipo que fuere- es conveniente, saludable e impecable:


1.       Dignidad: Es un atributo del ser una persona. No valemos porque sirvamos a alguien o para algo, sino porque somos excelentemente dignos. Ésta es una condición humana que no es “utilizable”. Quiero decir, que no deberíamos estar involucrados en una relación donde recíprocamente sólo nos utilicemos, porque estaríamos reduciéndonos a la categoría de “cosa”. No somos un objeto que sea útil o no. Te amo no porque seas ventajoso para mí sino, porque eres persona con valor propio. Igualmente, tú me amas a mí porque soy persona. ¿Te queda claro?.

2.       Identidad: Además de tener un valor propio, somos un valor único e irrepetible. Respondemos individualmente a una realidad interior que somos nosotros mismos. Yo soy yo y nadie más que yo. No soy otro. Tengo consciencia de mí mismo. Y aunque esté contigo, aunque te ame, no puedo dejar de ser lo que soy. Y si tú me amas, entonces ámame con todo esa ecuación complejísima que conforma mi identidad.

3.       Libertad: Aunque a veces actúe diferente a lo que colijo, sé perfectamente que la auténtica Libertad está ligada al bien. Cualquier otra cosa es libertinaje. Yo no hago contigo lo que a mí me da la gana, sino, yo te hago, digo y doy todo lo que te hace bien. Soy libre para amarte o no. Y por supuesto, pido para mí, lo mismo.

4.       Intimidad: Es el hambre por compartir vidas que nacieron separadas pero que eligen estar unidas. Un amigo no puede ser amigo sin intimidad. Por supuesto que hay grados, pero a más intimidad, más Amor, más nexo y además, más compromiso. Si tú no compartes mi vida, si yo no comparto la tuya, entonces ¿para qué estamos juntos en esta vida? Te amo íntimamente y en intimidad...

Pues querido Jean:  lee, lee y después hablamos...

martes 29 de noviembre de 2011

Estoy invitado


De Oriente y de Occidente 
vendrán muchos a sentarse a la mesa, 
en el Reino de los Cielos. (Mt 8)



Este Dios que conozco y que está por venir nuevamente, es del Este y del Oeste. De donde sale el sol y de donde se oculta. Es para todos. Ya no hay distancias, ni razas. No importa si somos del lado del que tiene dinero o del pobre, ni la razas que tengamos. No le importan las cualidades o defectos que ostentemos.

Y la gran noticia es que hasta no le importa el mal que hicimos. Aquí donde está nuestra vida, Dios se va a reencontrar con nosotros. Y va a hacer con aquellas, una fiesta.

Aunque no lo pueda entender ni fácilmente creer, lo termino creyendo: Él va a hacer de mi vida el Reino de los Cielos.  

lunes 28 de noviembre de 2011

Si deseas, puedes serme infiel




¿Quién nos ha hecho creer que tenemos que ser fieles? La fidelidad, esa característica de las parejas que es tan enaltecida de la boca para afuera ¿es un valor absoluto y universal? ¿Es de por sí, mala?

Yo, que al pasar de los años he empezado a relativizarme y a deliberar  muchos de mis totems esculpidos por generaciones, también empiezo a cuestionarla: ¿Es tan perverso el hombre o la mujer que “saca los pies del plato? En lo particular ¿Es acaso tan siniestro el practicar algo o mucho de sexo fuera del matrimonio o de la pareja?

Contesto todas estas interrogantes:

No creo que sea una cuestión moral. No es mala en sí misma. No es necesariamente inicua en todas partes del mundo o para todo el mundo. No es una amenaza al orden universal. Pero sí al orden construido entre dos. La infidelidad desgaja el lazo instituido entre aquellos que se profesaron esa exclusividad. Es, en otras palabras, la ruptura de un pacto y nada más. Una convención que era válida sólo para ellos.

No todo lo que duele es algo malo. Sé que lastima y da rabia el que nos sean infieles. Pero habría que distinguir por qué nos duele. ¿Por qué lo queríamos sólo para nosotros? ¿Por que ha roto un convenio que supusimos iría a cumplir? O lo que sería aún más desgarrador, ¿Por qué nos ha traicionado engañándonos, ocultándonos una verdad?


Aspiraría a una relación donde no me alarme ni me destruya los nervios el que “se vaya” ocasionalmente con otro. En lugar de pactos poco realistas de exclusividad absoluta, estipularía más bien que el confesarnos cualquier desliz o aventurilla. Yo soy comida china, algún día ha de provocarle pastas. Pero eso sí, que me lo diga con naturalidad y sin rodeos.

Esa fidelidad a que él “me ame y desee siempre y para siempre”, de "así amarte y respetarte todos los días de mi vida"; es ahora para mí, impracticable. Sí es un valor universal y absoluto, más bien, la Verdad, el exponer las cosas como son y como se hacen, aunque vaya a doler en el instante de la confesión. El ocultamiento malicioso es condenable en cualquier parte del universo.

No puedo obligarte a que seas mío, por más contratos, sacramentos y edictos que se publiquen. Pero sí puedo obligarte a que me digas la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Esa es la "fidelidad" que te pido.              

               



sábado 26 de noviembre de 2011

Primer domingo de Adviento

Una insignificante luz, en medio de la oscuridad, con cuidado y paciencia, oración y espíritu abierto se convertirá, semana a semana, en perfecta luminosidad de mi pobre vida y del universo entero...



Mi casi santa Voluntad

Voluntad (del latín voluntas) es la facultad de ordenar la propia conducta. Se trata de una propiedad de la personalidad que apela a una especie de fuerza para concretar una acción según un resultado esperado. La voluntad implica generalmente una recompensa futura, ya que se realiza un cierto esfuerzo para revertir una tendencia inmediata en pos de una ganancia posterior.

Por ejemplo: “Tienes que tener fuerza de voluntad para superar una enfermedad de este tipo”, “Por favor, pon buena voluntad y trata de no hacer más problemas”, “Tuve que despedirlo por su mala voluntad para el trabajo en equipo”.


Me han preguntado muchas veces cómo hago para dejarme controlar por mi voluntad (la que algunos llaman la “santa voluntad”) y para conducirme casi automáticamente con ella, obviando mis provocaciones e incitaciones, deseos, ímpetus y brutales apetencias.

Y me río, me río y me vuelvo a reír cada vez que me igualan a un santo medieval. No soy nada de eso. No actúo rigurosamente de acuerdo a mi poco santa voluntad. Es cierto, no lo niego, la tengo. Pero ella no siempre está adherida fácilmente al bien. Poquísimas veces le hago caso al sentido del deber. 

Rumio, maldigo, increpo la realidad. Mi mente se revuelca. Mis venas y arterias se hinchan de ira. Me estrello con las paredes de la situación. Considero lo que podría ser de otra forma, la salida fácil, el escape añorado, el camino sobre algodones. Es mi humanidad revolucionaria. Mi esencia indómita. 

Segrego adrenalina. Se libran batallas feroces dentro de mí. Hay un electroshock generalizado. 

Pero a medida que voy respirando y que el oxígeno atiborra mi circulación cerebral, me vuelve el mar calmo. Las razones hacen su trabajo eficaz y decisivamente sobre mí. Avizoro las posibles repercusiones de obedecer mis instintos y reflejos. Juzgo. Sopeso los posibles efectos de un proceder mecánico. 

Y crece la certidumbre. Delicadamente se impone el bien de forma penetrante y armoniosa, real y lozana. Y me seduce. Lo bueno, por ser bueno tiene una cara linda. Cautiva dócilmente. Conquista mis músculos, pensamientos y pies., hasta mi corazón. Me arrastra a donde en un comienzo se mostraba como la peor opción. 

¿Será eso mi voluntad? ¿Una respuesta a mi consciencia? ¿La expresión de mi modesto discernimiento? ¿Un acatamiento a las indicaciones sopladas por el Espíritu Santo? ¿Una pleitesía a la sabia y misteriosa confabulación del universo que me quiere por el momento: sano, salvo e inquilino suyo? 

Quizás todo esto es muy complicado. Pero creo que mi casi llamada “santa voluntad” es una partecita intacta y celadora de mi instinto de supervivencia, de mi auto-seguridad, de inmunidad básica, de mi plan de autoestima. Mi voluntad, me defiende a mí mismo. ¿Quién mejor que yo para cuidarme a mí mismo?

miércoles 23 de noviembre de 2011

A sólo 3 días. Será diferente.


Este domingo próximo empieza el Adviento. Y no sé qué emoción tan extraña me embarga al recordarlo. A ver, tendré que ir a su etimología, a su significado más escueto. Adviento es tiempo de espera.

¿Qué espero para este Adviento? Por lo pronto, mi blog no se ataviará con brillos ni adornitos. Me deslizaré decorosamente por los días sin infructuosas tristezas, acunando lo más esencial; acudiré a los destinos más inmediatos que no me exijan tanto impulso físico o preparación de equipajes. Y haré todo lo que hago en el resto del año, pero con una palpitación diferente.

Sí, sentiré ausencias. Sí, me faltarán arrojos. No habrá grandes expectativas. No buscaré joyas en medio del fango.


Al final, Dios mediante, me quedaré con un niño Dios, el más elemental, el único, el central, que atiborrará mis venas, mis pensamientos, mis ilusiones y mis recovecos estropeados del corazón.

Aquí estaré.

viernes 11 de noviembre de 2011

11-11-11 Mi fin del mundo


1 del 11 del 11. Hoy es una de esas fechas que da para pensar y conjeturar. Las profecías están a la orden del día. Por ejemplo el israelí Uri Geller, experto en numerología, afirma que "ve un gran cambio en la conciencia del planeta y esto coincide con la fecha". Además, atribuye al número once el poder paranormal de proporcionar un canal de comunicación con el subconsciente.


Hasta las mentes más lúcidas deliran, la mía también. Mis alucinaciones se echan a andar. No puedo ocultarlo, una parte sádica, morbosa, secreta y curiosa de mí, quisiera que todo acabe como algunos presagian, pero como nadie se lo imagina. Ser testigo de que el cielo se ponga negro al mediodía, que un viento rabioso arrastre por los aires los automóviles como hojas secas, que los perros aúllen mirando la nada y los beatos piadosos recen con los ojos cerrados, que el mar quintuplique su nivel, que las aves se estrellen descontroladas contra las paredes de los edificios altos manchándolos de sangre y lamento, que asomen lenguas de fuego por los desagües de la ciudad, que todas las sirenas de la ciudad se enciendan en señal de alarma y a lo lejos se escuche una sonata de Scarlatti, que a los niños y a sus madres, instantáneamente se los trague las grietas hambrientas de la tierra mojada, que empiece a nevar en las playas del caribe, que desaparezcan las sonrisas de todos los rostros humanos, que las madrigueras se queden vacías, que las mariposas pierdan sus colores en milésimas de segundos, que los trigales se calcinen, que los trofeos se desplomen de sus estantes, que los bancos ardan, que los planetas se besen aterradoramente, que las tumbas se abran, que las catedrales bullan como volcanes, que los ancianos se abracen desenfrenadamente en los asilos, que los semáforos enciendan sus tres colores a la vez, que los cañones se disparen solos…


Y a mí, que la fecha me encuentre en plena cópula depravada y recitando una oración de gratitud en los labios…

Y que Dios, siga siendo Dios…
  

miércoles 9 de noviembre de 2011

Apoyo la Iniciativa de Sacerdotes Austriacos

El líder disidente, Rev. Helmut Schüller



Entre los católicos de Austria ha surgido un movimiento que nos interesa a todos. Lo llaman “Iniciativa de Sacerdotes Austriacos” y piden que se corrija la gran distancia que hay entre la doctrina moral sexual católica y la práctica general católica. Mencionan el control de la natalidad, la comunión para los divorciados y vueltos a casarse, el celibato sacerdotal, y el tratamiento de los homosexuales. La revista católica inglesa “The Tablet” informa en su editorial sobre este movimiento y comenta:

Esta distancia entre teoría y práctica en la Iglesia es innegable, mírese por donde se mire. Los católicos, y no solo en Austria, están hambrientos por una Iglesia de pura integridad, sin hipocresía, sin doble entender y sin negarse patológicamente a la evidencia. Esa negativa puede haber resultado por un tiempo, pero la nueva generación quiere algo mejor y algo más honesto. No está bien dejarlos con la única opción de dejar la Iglesia por indiferencia o por desesperación, o resignarse a una caprichosa y molesta tradición.” (The Tablet, 3 septiembre 2011, p.2)
 
Es cierto, queremos algo más honesto. La brecha entre la teoría y la práctica se va haciendo más grande. Por un lado está Ella, la Iglesia con su moral sexual campante, pero por otro lado, estamos los que nos aferramos a sus criterios y señalamientos con uñas y dientes, pero que poco a poco, vamos comprimiéndonos de desmoralización y sensación de desánimo. ¿Dónde terminará todo esto? ¿En una Iglesia tradicional abandonada?

No, no quiero que la Iglesia desista de su esencia de Madre y Maestra. Siempre ocupará un rol divino de faro en medio de nosotros los católicos; Ella,  a través de su doctrina irá señalándonos el camino a la verdad y a la vida, al amor y espero que, sobre todo hacia la autenticidad y genuina libertad humana. Ella está compuesta por los profetas de la justicia. 

No son tan malos (como lo presentan sus discursos oficiales) los comportamientos homosexuales, ni los métodos anticonceptivos y profilácticos; no son tan censurables las iniciativas dirigidas a incluir sacramental y cabalmente a los divorciados y vueltos a casar. No hay que perturbarnos tanto con un sacerdote que cuestiona su celibato.  

No está detrás de todas esas inquietudes, prácticas y estilos de vida, una intrusión satánica o maléfica; sino, más bien, el llamado a la intervención urgente del Amor cristiano que es creativo, accesible, honesto, misericordioso, salvífico, afable, esperanzador, fuertemente humano y doblemente divino, actual, espléndido, concreto y útil.



Bien por esos “movimientos” porque abren ventanas aparentemente clausuradas. Oxigenan las moradas de fieles e intelectuales. Afinan la interpretación de dogmas y de miradas e invitan a consolidar nuestra comprometida humanidad. Y cuanto más humanos seamos y nos reconozcamos así, más presencia de Dios habrá en medio de nosotros.

A más indiferencia, frustración, ausencia y evasión, habrá -lo creo- más Gracia de Dios. Por eso, una vez más, amo mi Iglesia.


lunes 7 de noviembre de 2011

¿Es por ahí el camino?


De pronto hay luces que se han apagado. De pronto y raudamente tengo que domarme a la fuerza para caminar a tientas, guiado por estrambóticas indicaciones que chispean lánguidamente al borde de la calzada. Mi marcha en ella se ha vuelto apática. Noto desorientación. Hay algo de ceguera.

Estás, pero faltas.
Está siendo difícil.



Está el peligro del abismo. La sombra patente de la nada. Allí, al fondo, bien al fondo, puede ser que estés tú.





sábado 5 de noviembre de 2011

La Primera comunión de mi Tito


Mañana mi Tito amado hace su Primera Comunión. Se ha preparado durante varios meses todos los domingos por la mañana. Sus padres lo han acompañado durante todo el proceso. Ha sido una larga catequesis infantil para que ese conglomerado devaluado para muchos, llamado "religión católica" sea algo familiar, cotidiano y sobre todo, algo útil en su vida.



¿Habrá algo más útil que albergar hondamente la presencia de Jesús en el corazón? Aunque algunos -o muchos, en verdad- no lo entiendan, es quizás el mayor tesoro que un ser humano puede tener para el resto de su vida. La compañía, la presencia, la intimidad, la recepción incondicional de Dios encarnado y transformado en un pedacito de pan es lo más bello, valioso y sustancioso que podemos tener.

Tito a partir de mañana sabrá que cada vez que no tenga a dónde ir, podrá acudir a un templo donde le espera Jesús para nutrirlo y calmarle el hambre de vida, que en el momento en que nadie se quede a su lado, no estará solo; que hay un Amor, el de Jesús, que va allá del amor humano, el mismo que es tantas veces deficiente e insuficiente. Cada vez que quiera, viva lo que viva, siempre habrá una fiesta llamada Eucaristía a la que estará invitado.

He escuchado a decenas de adultos que se acuerdan del día de su primera comunión con detalles precisos, como el día más feliz de sus vidas. Lo recuerdan como si hubiera sido ayer. Esa ilusión inocente, esas ganas de sentirse parte de Dios y de ser buenos y puros,  quedan grabadas para siempre. Son memorias que auxilian sus vidas de adultos y complicadas. Se añoran y a la vez, refrescan el presente.

Mañana Tito vivirá un día feliz y haré todo lo que esté a mi alcance para que éste quede labrado y luminoso como un faro en su memoria y camino, en su mirada de niño que irá convirtiéndose poco a poco en la de un hombre. Y allá, al final, siempre estará el Jesús tangible que mañana recibirá.

   

viernes 4 de noviembre de 2011

Recuperé mi habitación.¿Y mi vida ?


Tuvimos a mi hermana de visita por 3 semanas en casa. Como siempre, una visita tan cercana es una oportunidad para vigorizar lazos de cariño inalterables por el tiempo, para recordar anécdotas dulces y no tan dulces, para ponerse al día sobre acontecimientos familiares que no se pudieron conversar por teléfono y para hablar del futuro desde la sangre, el corazón y los intereses comunes.

Ya se marchó de regreso al país donde reside. Pero confieso algo: extrañaba mi habitación. Muy amablemente le había cedido mi espacio por el tiempo que ella estuvo con nosotros. Cada día que entraba yo para abrir mi closet y sacar alguna prenda de vestir, para recoger algún artículo personal, honestamente, me preguntaba ¿cuánto falta para que se vaya…?

Ella es desordenada. Tenía las maletas abiertas, los zapatos debajo de la cama, papeles y bolsas de compras por todo lado. Apenas podía caminar entre tanto revoltijo de cosas. Yo no soy un ejemplo de orden y esmero, pero mi habitación siempre puede verse en una disposición aceptable, cada cosa en su sitio, limpia y cómoda.

No he podido dejar de pensar en ella, en su desorden natural que es sin duda un reflejo certero de su personalidad y forma de ver la vida. Es extremadamente arrebatada, lo que le hace preferir tener todo a la vista para acceder a ello inmediatamente sin necesidad de buscar en cajones o armarios. Guardar un orden mínimo en nuestro entorno demanda tener un mínimo de orden interno. Orden en las emociones y en los pensamientos. Una persona que no tiene cada cosa en su sitio es una persona que desfigura sus prioridades.

Aquí hay contenido psicoanalítico donde no me meto. Hay mucho por hurgar y conjeturar con seriedad y ciencia. Solamente le pido a Dios circunspección y humilde claridad para ordenar y disponer lo que necesito de verdad y lo que me hace bien en el día en que vivo. No tengo que tener todo a la mano ni a la vista. Quiero que aquello que está guardado en mi corazón, en una gaveta, una caja de plástico o en un armario permanezcan ahí, seguros pero sin arrollarme ni cargarme el diario caminar. Así como se debe viajar ligero de equipaje, igual creo que se debe vivir aireadamente de artificios y bultos torpes.


Ahora mi habitación vuelve a ser mía y espero que sea señal de que mi vida también vuelve a serlo. 

jueves 3 de noviembre de 2011

Cerdito constructor de afectos


Me han estado preguntando reiteradamente ¿Qué es lo que hago para mantener la calma en plena tormenta? ¿De dónde saco fuerzas?

Quizás peco de soberbia, pero aún así, pienso contestarles: Dichas preguntas, me hacen recordar la fábula de los tres cerditos. Cuando vino el lobo feroz y cruel, pudo soplar fácilmente las viviendas construidas con materiales enclenques, al apuro, de manera atolondrada; mientras que no pudo echar abajo aquella edificación hecha a base de ladrillos, cemento, dedicación y trabajo arduo.


Afortunadamente en mi época de formación y maduración, mi mente "pensó" en el futuro. Preví cimentarme sobre bases sólidas, sobre terreno firme que resistiera triunfantemente los malos ratos y vientos violentos. Fundé mi vida en afectos resistentes, en amores afianzados, en firmezas celestiales, en seguridades que no se guardan en bancos ni en cajas fuertes.

He recibido soplidos malévolos y voraces de lobos de todos los tipos. Muertes y enfermedades. Pérdidas y falsedades. Golpes bajos y directos a la mandíbula. Me torcieron el gesto, me borraron la sonrisa, me zarandearon el alma; pero con un poco de tiempo y paciencia, he podido recuperarme.

Sembré y sembré, casi de forma instintiva; hoy cosecho de mil maneras. Mire adonde mire, encuentro gente amable y amada, manos generosas, corazones disponibles. Y me siento alegre, porque he confirmado en la desgracia que hice lo correcto. No me faltan refugios para franquear las tempestades. Siempre hay alguien a quién recurrir y ahí, junto a él, protegerme.

Mi tesoro son mis amores. O mis amores son mis tesoros. El Amor vale más que el oro, para aquellos que aún no lo saben. Todo lo que he dado, lo he recibido multiplicado. Aquello que parecía una pérdida de tiempo como conversar una tarde entera de corazón a corazón con un amigo, aquello que parecía un derroche de capital, aquello que podría considerarse superficial o sin importancia, es lo que hoy más aprecio, uso y disfruto. Todo eso es lo que hoy me permite seguir vivito y coleando después de tanta prueba, lo que me ha proveído de fuerzas más allá de mis propias fuerzas. Invertí y hoy mi cuenta de afectos es infinita.


Seguirán llegando lobos hambrientos, auxiliaré en mi morada a otros que los persiguen para ser devorados. Mi casa como mi corazón están a salvo.



El lobo se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún sitio por el que entrar. Con una escalera larguísima trepó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua. El lobo comilón descendió por el interior de la chimenea, pero cayó sobre el agua hirviendo y se escaldó.

Escapó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque. Se cuenta que nunca jamás quiso comer cerdito. 
               

miércoles 2 de noviembre de 2011

Nuevos significados


Gracias por los emails que he venido recibiendo en estos días. Estoy sorprendido por la sintonía, identificación y muestras insólitas de afecto. Este mundo virtual es algo que los de mi generación aún no desentrañamos en su funcionamiento e impacto: personas anónimas de todo el mundo se cruzan a través de la moderna comunicación, en vida, pensamientos, experiencias y emociones. Todo a través de una pantalla.



Muchos habrían creído -y hasta preocupado- que hubiera decidido dejar de escribir o que se hubiera producido un cambio tajante en mis gustos y actividades que me habría removido mi rutina diaria de borronear acerca de mis ocurrencias en este espacio.

No es así. Todo lo contrario. Tengo millones de cosas por exponer. Hoy mi vida se ha disparado brutalmente a rincones inexplorados y hasta entonces deshabitados; algunas aristas de mi personalidad se han suavizado, otras se han afilado. Algunos poros se han quedado abiertos. Las recientes lecciones que he recibido luchan espantadas por convertirse en palabras.

Hay palabras que han tomado nueva connotación. Sus significados se han expandido y se han hecho carne. Se han llenado de contenido, ya no son lo que eran antes, un escueto y truncado sonido:

• Resistencia: Se sale al encuentro a aquello que vemos en películas de hazañas o que leímos en libros de novelas. Las acometidas se pelean y se enfrentan por más que el enemigo venga sobre-armado. Se sacan garras y lanzas escondidas. Las lágrimas y el temblor de las manos desaparecen para dar paso a un ardor en la mirada. La vida se vuelve más vida. Se reincorpora y se avanza en medio de los muertos caídos en combate y se saborea la palabra victoria.

 

• Realidad;. Sólo hay una y en ella se habita. No es la que se ve, ni la que se toca, ni la que se siente, ni la que se piensa, ni la que otros cuentan de mil maneras. La realidad es la que está más allá de nosotros, la que seguirá siendo a pesar de nosotros. Sólo cabe humildemente convivir con ella y asumir sus secuelas. Si por instantes, ella se deja gobernar dócilmente, pues, a hacerlo sin demora; pero cuando ella establezca su cauce, habrá que fluir con ella y vivir bajo sus reglas felizmente

 

• Alegría: No es la risa fácil ni las luces multicolores estallando en un cielo de noche. Más bien es la reacción inmediata y veloz a la toma de consciencia de que se está vivo en medio de tanta muerte, de que se ama en medio de tanto odio, de que se camina en medio de tanta parálisis, de que se construye en medio de tanta destrucción, de que se halla en medio de tanta pérdida. La Alegría es un reconocimiento y correspondencia al hecho mismo de vivir.

 

• Comienzo: Se celebra el inicio de un año, de un matrimonio, de una vida al nacer, de un nuevo trabajo, el estreno de un auto o un amante, sin caer en la cuenta que también con ese evento distinto, algo termina eternamente, que se está creciendo y preparando para otro cambio más. El futuro no es más que el presente siempre comenzando y terminando una y mil veces más.

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