lunes 2 de enero de 2012

Buen amanecer del 2012


Una vez concluida esta marea de fin de año, en que la gente se convierte temporalmente en filósofos, hechiceros, motivadores y arcángeles de la suerte, es oportuno escribir sobre algunos de los ecos que me quedan retumbando en la cabeza:

La suerte, tu sino, no va a cambiar positivamente porque alguien bienintencionado te lo desee con palabritas, abrazos o fórmulas trilladas.

No existen cábalas ni ritos aplicables o eficaces a todo el mundo. Lo correcto es que cada uno descubra y conozca bien sus propios gustos, sus íntimas apetencias e instituya gratamente cada año si se puede, sus propias aclamaciones. He notado que cada año me aparecen nuevos rituales que a nadie cuento, que sólo yo practico porque están secretamente acoplados con mis anhelos más privados. Relataré a continuación lo que innové este año.

Mi celebración de fin de año comenzó en realidad al amanecer. Quise que el sol asomara con una nueva tonalidad y con un derroche de energía original para mí. A las 2 de la mañana dudé en llamar a Jean. En esta oportunidad lo necesitaba como un buen secuaz. Lo saludé telefónicamente y lo embelesé con la propuesta. Accedió obsequiosamente a ser testigo y partícipe de mi caprichosa aventura. Afortunadamente apenas había brindado con un par de copas como para conducir, así que enrumbamos con dirección al Este, a dos horas de distancia de Lima, mientras que media ciudad se dirigiría al Oeste, atraída convencionalmente por el mar.

Ahí, rodeado de árboles de eucalipto, flores silvestres amarillas, de trochas empolvadas y de enormes rocas añejas y macizas, simplemente me dediqué en silencio a esperar a la alborada. Sentí asombrosamente a los pocos minutos que algo nuevo despuntaba en el ambiente. Se apagaba la oscuridad. Me envolví con el paisaje natural, mudo, tremendo y eterno. Comprendí seguidamente que se trataba de la vigencia de la llamada "memoria antigua" escondida en los astros. El sol flamante y eterno me daba la bienvenida a una nueva era por venir. Provengo pues del universo y aunque lo olvide a menudo, sigo siendo parte de él. A él tenía que acudir para cargarme de vitalidad y del infalible caudal de la vida.



He regresado emborrachado y radiante. He renacido. Compuestos invisibles parece que se hubieran introducido por mis poros. Ha sido un baño de luz para mis nervios ajados, para mi corazón descalibrado y para mis ojos cansados de ver lo mismo de siempre. Acabo de mirarme al espejo y tengo una nueva mirada.

Vaya comienzo de año. Bello amanecer. Ahora sí creo en la alquimia de los florecimientos, en la ley de la gravedad y en la velocidad de la luz.

Todo parece que en este año, tendré un cómplice que me sacará de la noche y con quien, ya de madrugada, caminaré prendido de su brazo hacia el sol.  

Brazos de Sol by Alejandro Filio on Grooveshark

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