Me tocó explicar acerca de las nuevas teorías del tan
cacareado Liderazgo moderno. Mientras llegaba a la conclusión de que ahora se
ha trasladado el énfasis del líder hacia la tarea, es decir, a que ya no
importa tanto concentrarse en sus rasgos sino más bien en las diferentes tareas
que surjan como necesidad en los seguidores; una pregunta se disparó entre mis
alumnos:
¿Qué tiene qué decir usted de los más populares líderes de
opinión que hoy por ejemplo tienen tantos seguidores en twitter?
Me gustó la pregunta porque a partir de ella iba a poder
dejar claro mi mensaje y mi posición en el tema.
A mí me concierne poco lo que a la mayoría le atrae de lo líderes,
es decir, su simpatía, su buen hablar, sus habilidades, sus actitudes, su
chispa, su rimbombante experiencia…
Puedo escuchar sus opiniones, valorarlas o eventualmente hasta dejarme influenciar por
ellas. Pero más me interesa lo que hay por hacer o lo que yo tengo por
conseguir en mi vida. Ahí pongo el énfasis. Así, toda vida es una influencia en
mi vida, por más anónima que sea. Me zurro -me cago, a decir verdad- en los
grandes líderes de opinión.
Creo que el que se cree líder ultra poderoso, capaz de
influir en el pensamiento, comportamiento y actitudes de los demás, están perdidos
en su narcisismo, lo único que quieren bien adentro de ellos es engordar su escuálido
ego y están desactualizados de lo que en realidad el mundo -en el cual me
incluyo- en esencia está demandando: ser un mundo de personas libres para vivir
sus vidas a su manera.
El líder prorratea las faenas. Incentiva la diversidad.
Propicia el intercambio. Convoca perspectivas. Dinamiza la actividad de los
demás. Concierta voces. Y llegado el momento, se retira.
Si algo de líder quiero ser, si algo me propongo
modestamente es precisamente esto: que los demás arriben a sus propias conclusiones
y lecciones, que piensen por sí mismos para que luego consigan llegar, individual
y voluntariamente a sus propias metas.
No quiero señalar con el dedo la ruta por dónde se ha de
subir a la cumbre ni dar altivamente opiniones o instrucciones de 140
caracteres, ni berrear con un micrófono en la mano el cómo pensar u opinar o
sentir, ni mucho menos abrir trochas para que otros pisen mis pasadas huellas.
En todo caso, concluí y así lo fijé en clase, soy un líder
de mí mismo. Con eso es bastante.














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